Your address will show here +12 34 56 78
Fisiolosofia, Fisioterapia, Mentalidad, Miedo, Podcast, Salud

Te dejo a continuación algunas ideas que he sacado en claro de la lectura del libro «Todo está jodido», de Mark Manson.
Personalmente ha sido una lectura muy ilustrativa, y espero ser capaz de transmitir, al menos en parte, las ideas que ha despertado en mi.
Espero que lo disfrutes.

Hace unas semanas me acabé el último libro de Mark Manson: Todo está j*dido.

Este autor me ha marcado en los últimos tiempos por su forma de ver la vida, y su franqueza a la hora de expresar sus ideas acerca de la existencia y el valor de la vida humana.


Su libro «El sutil arte de que todo te importe una mierda» fue uno de mis primeros contactos con la filosofía estoica y la autoayuda (Aunque este libro no tenga ni lo uno ni lo otro).


Sin embargo, considero que su forma de afrontar la vida está muy acorde a lo que yo creo y pienso a menudo, y es por eso que hoy querría habar un poco más en profundidad sobre estas ideas y sobre las enseñanzas que he sacado de la lectura de su libro.


En las más de 200 páginas de «Todo está jodido», Mark Manson reflexiona sobre numerosas ideas, entre las que destacan el desapego por la esperanza, y el «amor fati«.


Estas dos ideas están muy relacionadas entre sí, ya que ambas incluyen eliminar de nuestra vida el deseo de tener una vida mejor, y cambiar éste por el objetivo de ser mejores, sin esperar nada a cambio.


El desapego a la esperanza se desarrolla considerando a la esperanza como una «trampa» que nos tendemos a nosotros mismos, haciéndonos caer, en muchas ocasiones, en actitudes irracionales e imprudentes.


Para Mark Manson, la esperanza nos hace soñar con un futuro mejor, nos ayuda a desarrollar nuestros sueños. Pero, a su vez, nos obliga a luchar para conseguir algo diferente a lo que ya tenemos, nos aleja de nuestro presente y nos impide valorar lo que ya tenemos.


Debido a esto, y en relación a la segunda idea del libro, nos alejamos de lo que estamos ya viviendo, para alojarnos en lo que podría ser.


Al alejarnos del presente, desechamos lo único certero que tenemos: El ahora. Y lo hacemos esperanzados de que lo que vendrá será mejor.

No obstante, y sobre esto se desarrolla bastante en el libro, ese futuro que vendrá no cumplirá seguro con nuestras expectativas.

Llegado a este punto, tenemos que hablar un poco de la teoría del punto azul.

La teoría del punto azul:

Esta teoría surge de un experimento que se llevó a cabo para ver cómo nuestra percepción de la realidad puede variar dependiendo del contexto y las experiencias previas.

En el experimento, varios participantes debían identificar si unos puntos eran azules o púrpuras.
Al principio, los participantes no tuvieron demasiados problemas en distinguirlos.

Sin embargo, conforme los puntos azules iban apareciendo menos, los participantes empezaban a confundir más los puntos púrpura como azules, guiados por la expectativa de que los puntos azules «debían aparecer», como estaban haciendo previamente.


El experimentó se repitió con rostros amenazantes o amables, produciendo resultados similares: Conforme los rostros amenazantes desaparecían, las personas tendían a asociar rostros amables con amenazantes debido a sus expectativas de que los rostros amenazantes siguieran apareciendo en frecuencias similares.


Teniendo estos resultados presentes, podemos ver cómo nuestro cerebro recalibra constantemente nuestras percepciones basándose en nuestras experiencias anteriores.

De esta manera, ¿cómo podemos estar seguros de que vemos las cosas tal como son?


Estos resultados experimentales son extrapolables a la percepción que el ser humano hace de los problemas que le abordan. Cuando estos problemas empiezan a escasear, el ser humano «se los inventa», y los hace aparecer allá donde no los hay realmente: Cuanto más problemas resolvemos, más situaciones seguras percibimos como problemáticas.

De esta manera, la insatisfacción es constante, nunca tenemos suficiente seguridad ni nos sentimos suficientemente cómodos.

Es por ello que debemos desterrar la esperanza en un futuro mejor, y centrarnos en ser mejores personas por encima de todo. El mejor futuro no llegará, ya que cuando estemos en él, nos habremos adaptado y encontrado algún otro problema que debamos solucionar.


El autor, con todo esto, nos invita a abandonar la esperanza. No como una oda al nihilismo, sino como una aceptación de que la vida es lo que es, y no debemos esperar mucho más de ella.
Al fin y al cabo, solo hay una verdad (incómoda): Nos imaginamos nuestra propia importancia. Nos inventamos un propósito, pero no somos nada.


Tú, yo, y todos los que conocemos vamos a morir, y casi nada de lo que hagamos tendrá eco en la eternidad.

¿Qué sentido tiene la vida?

El significado que aportamos a nuestras vidas no es más que un producto de nuestra imaginación, y realmente no tiene un sentido lógico, más allá de que creemos necesitar ese sentido para seguir viviendo.


Aquí se abre un debate interesante y complejo, pero considero que «el sentido de la vida» que muchas religiones y creencias han buscado a lo largo de la historia no es más que una «excusa» que inventamos para seguir vivos, y levantarnos por la mañana.


Para algunos, serán sus hijos, para otros será Dios, para otros gritarle a los futbolistas tras una pantalla. Cada uno elige su religión, y todas son igual de válidas (aunque no todas serán igual de respetables).


Las creencias y religiones no son más que construcciones humanas que hemos producido para darle sentido y significado a nuestras vidas. Sobre el papel, no tienen nada de malo.


El problema radica en cuando esas religiones niegan a una parte la capacidad de encontrar su propio significado, o vulneran la validez de la vida de algún modo.


Estas creencias y esperanzas han sido causa de todos los conflictos a lo largo de la historia, y es que no somos capaces de aceptar que otras personas puedan ver el mundo de forma diferente a nosotros y, lo que es peor, intentamos imponer esa visión a los demás mediante la fuerza (El origen de las guerras y conflictos políticos y económicos).


Pero todas estas creencias esconden algo que no queremos aceptar:

La vida es… la vida. Y no tiene otro sentido.

Derek Sivers habló de esto en esta charla , donde nos invita a reflexionar sobre la importancia que damos a esos siginificados vitales, a esa necesidad de darnos una importancia que probablemente no tengamos.


Una vez aceptas la verdad incómoda, y te dedicas a vivir sin esperar nada, solo por el mero placer de vivir, el sentimiento que te acompaña no es el vacío, sino la calma.

La existencia, el universo físico es básicamente lúdico. No hay necesidad de algo más en absoluto. No va a ningún lado. Es decir, no tiene un destino al que llegar.

Esto se entiende mejor por analogía con la música. Porque la música, como forma de arte, es esencialmente lúdica.

La música, digamos, es diferente del viajar. Cuando viajas estás tratando de llegar a algún lado. Con la música, sin embargo, uno no se esfuerza por llegar al final de la canción. El objetivo es la canción.

Si consideramos la vida según la analogía del viaje, como una peregrinación que tiene un propósito serio en el final, y la cuestión era llegar hasta esa cosa en el extremo; hasta el éxito, o lo que sea, o tal vez el cielo después de la muerte; nos habremos perdido toda la diversión en el camino.

La vida es una canción, y se supone que debes cantar o bailar mientras suena la música.

Alan Watts


Hay que hacer un pequeño apunte aquí, y es que el no buscarle sentido a la vida, o no esperar nada, no implica renunciar a vivir, sino todo lo contrario.

Implica situar la vida en el centro, valorar el estar vivo por encima de todo. Y tener claro que la vida es la causa de todo, y que nada tendría sentido sin ella.

El dolor es la constante universal

«El dolor siempre está ahí, lo que cambia es tu percepción del dolor. Esto se debe a que el dolor es la experiencia de la vida misma. Las emociones positivas son una desaparición temporal del dolor, y las negativas un aumento de la percepción del dolor.»


Bajo esta premisa, Mark Manson nos invita a aceptar el dolor como eterna constante y renunciar con ello a buscar la felicidad, ya que aceptas que ésta no existe por sí misma, sino que es el estado de ausencia de dolor.

Por otro lado, debes aceptar que el dolor debe estar ahí para darle sentido al no- dolor, y así aprender a valorar los momentos que no nos haces sufrir.


Piénsalo un poco. ¿Te imaginas una vida sin muerte? ¿Cómo valorarías lo que ya tienes, si no pudieras perderlo? Es necesario tener presente esa potencial pérdida, para valorar realmente lo que tenemos.


La vida, al final, se convierte en una sucesión de momentos más o menos dolorosos, y de algún modo aceptar esto hará que el dolor se vuelva manejable.

Crecer implica aceptar que hay que sufrir por las razones adecuadas, y estar dispuesto a zambullirse en el dolor y recorrer sus profundidades.


La búsqueda constante de felicidad es una actitud inmadura, que nos lleva a intentar llenar un hueco que nunca se llena (teoría del punto azul). Es la esencia de la corrupción y la autodestrucción.


El dolor es la fuente de todo valor. Cuando nos negamos a sentir dolor, nos negamos la habilidad de sentir ningún propósito en la vida.

La vida es.

Llegados a este punto, resulta complejo aclarar qué sentido tiene una vida sin esperanza, donde no se espera un mundo mejor ni se lucha por ello.


No obstante, esto no es del todo cierto. Negar la importancia de la esperanza para el progreso, no implica renunciar a ella.

Negar la esperanza es, por el contrario, aceptar que la vida es lo más valioso, y por sí sola es lo suficientemente importante para ser el sentido de todo, incluso de la propia vida.


Así, Amor fati implicaría que aceptamos que LA VIDA ES, y con ello basta para que todo lo demás valga la pena. Porque, sin la vida, no habría bien ni habría mal, no habría sentido ni habría esperanza. No habría nada.


Por ello, amar la vida con todo lo que ello implica, de bueno y de malo, es para mi lo que da sentido a todo, y es por ello que llevo tatuados en mi las frases Memento Mori (Recuerda que vas a morir) y Amor Fati (Ama tu destino).


Y es que, sin la muerte, la vida no tendría tanta importancia. Y sin la vida, nada importaría.


La verdad que este libro da para mucho más, y te recomiendo que lo leas y saques tus propias conclusiones.


Espero que se haya entendido mi visión, y que te haya gustado este contenido. No dudes en hacérmelo saber si es así. Te mando un fuerte abrazo y, como siempre digo, #MueveteMucho

0