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Dolor, Fisiolosofia, Fisioterapia, Lesión, Mentalidad, Miedo, Podcast, Salud

Hoy os traigo la relación que puede tener el concepto filosófico de «noche oscura del alma» (Creado por San Juan de la Cruz en su poema homónimo), con el dolor crónico.
Quédate si quieres saber la relación que existe entre estos dos términos…

Entra dócilmente en esa noche quieta
No te resistas, no luches, ten fe
Acepta lo inevitable, y aprovecha que aún vives
No te detengas a esperar lo que no pasará
Y no renuncies al ahora por lo que no va a llegar


San Juan de la Cruz escribió el poema “La noche oscura del alma”, donde hacía referencia a la sensación de vacío y soledad que una persona experimenta antes de un encuentro místico (en su caso, se refería al encuentro con Dios, pero podría entenderse en otros contextos).


Su poema narra el viaje del alma desde su casa corporal hasta su unión con Dios. El viaje ocurre durante la noche, que representa el periodo en el cual la persona se encuentra desorientada y perdida entre la oscuridad, en busca de una luz del creador, que no parece llegar.


La idea principal del poema se puede ver como la experiencia dolorosa que la gente soporta cuando procura crecer en madurez espiritual y unión con Dios, y el miedo que se siente antes de esa unión, cuando todo es negro, y nada parece aflorar de las tinieblas.


Pero… ¿qué relación puede haber entre este estado espiritual, y la recuperación física en personas con dolor (especialmente dolor crónico)?


Como ya sabéis los que me seguís hace tiempo, soy un enamorado de la filosofía (De ahí el nombre de mi programa de podcast, Fisiolosofia), y creo que ésta esconde muchas más respuestas de las que nos han enseñado a ver en el colegio.


Hoy, en mi afán por acercar estas dos ramas, os quería hablar sobre qué entiendo yo por esa noche oscura, y la relación que puede haber con los pacientes con dolor.


La noche oscura del alma es un concepto que acudió a mi hace poco, después de leerme el libro “Reinventarse”, de MA Puig. Al leerlo, recordé la conversación que mantuve con Marina hace poco en este podcast, en la que hablamos sobre la importancia de mantener nuestra identidad, y lo esencial que es, psicológicamente, definirnos de una manera determinada.


La noche oscura del alma, en un sentido más profano, sería el momento en el que nuestra identidad actual empieza a desvanecerse, para ir convirtiéndose poco a poco en una nueva, en muchos casos mejor de la
que teníamos.


En las personas que llevan arrastrando procesos de dolor de larga duración, el dolor se ha convertido en parte de su identidad, hasta el punto que muchas personas se reconocen a sí mismas por su dolor, y no se imaginan su vida sin ese problema.


Es por eso que, aunque cueste admitirlo, muchos no se atreven a abandonar esa identidad donde aún sufriendo, se sienten seguros, porque es la que conocen.


Es en esos casos, donde el miedo a perder lo que somos nos acecha, cuando debemos tener presentes esta “noche oscura”.

Es normal que, en esos momentos donde todo lo que creemos ser se tambalea, la incertidumbre y el miedo se apodera de nosotros, y nos aferramos a nuestro antiguo yo, porque nos aterra lo que puede esperar al otro lado.


Y es que explorar es algo aterrador, no te asegura el éxito, y puede llevarte a una posición peor de la que tienes ahora mismo.


Cuando sufrimos incertidumbre, los sistemas de alarma se disparan, empujándonos a buscar lugares donde nos sintamos seguros y en calma, esto es, a buscar anclas de seguridad.


Es importante que los pacientes, y nosotros mismos, tengamos claras esas anclas a las que acudir en casos de duda o miedo.


A la hora de determinar esas anclas de seguridad, debemos asegurar que no sean patrones de conducta que nos devuelvan a nuestro “antiguo” yo.


En el caso de los pacientes, esto implica desterrar patrones que puedan estar relacionados con su dolor (mala alimentación, falta de sueño, pensamientos catastrofistas, actitudes sedentarias).


Debemos determinar algunas actitudes que nos hagan sentirnos seguros, y éstas deben ser lo más sanas posibles (salir a pasear, tomar una bebida caliente, meditar).


Con todo esto, quiero decir: Desterrar malos hábitos negativos es un paso muy importante, y no podemos tomarlo a la ligera, o nos entrará vértigo y querremos aferrarnos a ese yo que ya conocemos, aunque no sea bueno para nosotros.


Es por ello por lo que he creído necesario hablar de este tema aquí.


Las personas con patología que empiezan a salir de sus procesos de dolor, necesitan tener claro que la incertidumbre acompaña a ese proceso, y que será inevitable entrar en “La noche oscura del alma” una vez empiecen a ver la luz que asoma detrás de su dolor.


Para ellos, también será esencial encontrar “anclas de seguridad” a las que aferrarse en momentos de inseguridad, teniendo claro qué anclas serán estas, e intentando que éstas estén alejadas de los patrones de conducta que producen el dolor.


He querido relacionar esta noche oscura a mi contexto, la fisioterapia, pero es algo que todos, en algún momento, hemos enfrentado, o a lo que nos vamos a enfrentar.


Piensa en aquellos momentos de tu vida que implicaron un gran cambio. Puede ser el día que montaste en bicicleta por primera vez, el día que te graduaste y saliste al mundo laboral, o tu primera vez con una pareja en la cama.


Recuerda las sensaciones que invadieron tu mente en estos momentos, y recuerdo cómo saliste de aquello: Lanzándote al vacío, dejando al miedo fluir y entrar en ti, siendo uno con él.


Y cómo saliste de aquello siendo una persona renovada, y diferente a la que se adentró en la noche.


Es inevitable, y necesario, entrar en esa noche oscura. Abrazar el miedo y la incertidumbre. Es la única manera de descubrir qué hay más allá de nuestros límites, de nuestro yo actual.


No te dire: NO TEMAS. Porque el temor es inevitable.

Solo te recordaré: La magia está al otro lado del miedo.

«A veces el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la Muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta tormenta, en definitiva eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí solo hay una arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo. Imagínate una tormenta como ésta.»

«Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No! Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta de arena.»

Kafka en la orilla, Haruki Murakami
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