Fisioterapia

Ama el proceso

En el post de hoy, quiero traer un tema sobre el que llevo tiempo leyendo, y no es otro que el proceso. Quería hablar un poco sobre por qué nos gusta, o debería gustarnos, muchas veces más el proceso de conseguir algo, que el mero hecho de conseguirlo.

Realmente este concepto me lleva rondando mucho tiempo, pero se hizo especialmente presente durante la semana en la que realicé el Camino de Santiago.
                                                                                                   Camino a Santiago…

Esta experiencia, que personalmente recomiendo a todo el mundo, me hizo sentir que, lo más importante en la vida, en el camino en si, en una carrera, o en un proceso de recuperación, es el proceso hasta llegar a la meta.
Y es que, cuando llegas a Santiago, es cuando en cierto modo descubres todo lo que has aprendido y todo lo que has cambiado durante esos días. Y es ahí cuando disfrutas de haber hecho el camino, no por haber llegado a Santiago, sino por haberte adentrado en esa aventura y haber salido de ella como una persona diferente a la que entró.

Y este proceso hace referencia a cualquier cosa en la vida, desde estudiar una carrera, a recuperarte de una lesión, a superar un proceso doloroso complejo. Es un camino que andaremos sin saber muy bien cómo, y por el que tendremos que pasar sí o sí, por lo que siempre será mejor disfrutar mientras lo andamos, como ocurre con nuestra vida.

Por ello, debemos entender que hay que aprender a amar ese proceso, durante el cual todo va a cambiar en nosotros, y nos vamos a ir construyendo poco a poco.

Así, si bien es importante tener un objetivo claro, a partir del cual construir y empezar a andar, no debemos obsesionarnos con el destino, y aprender a disfrutar todo el camino que habremos de andar para llegar a nuestro objetivo final.

En cierto sentido, nuestro sistema bioquímico ya fomenta que amemos este proceso, aunque quizá debamos estimularlo de manera consciente para que sea aún más claro.
Así, nuestro organismo recompensa los actos que nos llevan a la supervivencia, como comer o reproducirse. No obstante, esas sensaciones placenteras duran poco, de modo que enseguida volvemos a salir a buscar esa comida o el sexo que tanto placer nos han dado. De este modo, vivimos constantemente en busca de placeres que pronto se agotan, y los cuales tendremos que volver a buscar. Vivimos en esa búsqueda constante de felicidad y placer, en ese proceso constante. 
No obstante, no tendría sentido esta búsqueda si, per se, no llevase aparejadas sensaciones placenteras. Y es que los humanos prefieren la excitación de la carrera, a descansar en los laureles del éxito porque también el hecho de buscar y luchar por nuestros objetivos nos produce placer, a nivel físico.

De este modo, estamos preparados para no acomodarnos una vez hemos llegado a la meta, ya que el éxito es efímero.

Y es que, si el ser humano fuera conformista, y fuera capaz de quedarse a vivir en las mieles de su éxito, no iría nunca más allá del objetivo cumplido, y no podría avanzar en busca de una meta más alta.

Esto es, en cierto modo, una condena autoimpuesta, ya que somos incapaces de estar contentos con lo que tenemos, y buscamos incesantemente un nuevo objetivo que alcanzar.

Es por ello que debemos ser capaces de entender que el proceso per se debe ser nuestra meta más alta, y ser capaces de fluir con el mismo, de modo que llegar a la meta no sea una obsesión, sino una simple parte de ese proceso.

Es importante también saber que el objetivo final, aunque efímero, también merece la pena. No quiero fomentar aquí el pesimismo, sino todo lo contrario. Invitaros a sentir y disfrutar cada momento, desde el momento en que dais el primer paso, hasta que llegáis a vuestro destino.
Eso sí, y siempre, teniendo en cuenta que lo que llegará será bueno, pero hay vida más allá, y que hay que estar en constante aprendizaje y avance, pues si no la vida se estanca.
Esto es importante, ya que podemos llegar a pensar que, si las cosas buenas no duran para siempre, quizá no merece la pena luchar por ellas.
Como digo, estamos preparados para disfrutar del camino, y además creo que es sano estimular ese disfrute, dejando de lado el objetivo final por momentos, y centrándonos en el recorrido que estamos realizando.

Por otro lado, debemos tener clara una cosa, y es que el camino no será sencillo. Todas esas sensaciones placenteras que vienen con el proceso no siempre estarán presentes, y es que todo avance implica caídas y retrocesos. Implica que nos vamos a dañar, y que probablemente habrá momentos en los que nos planteemos rendirnos.

Pasa con todo en la vida, y muchas veces en los procesos de recuperación.
Es algo que siempre intento explicar a mis pacientes, a veces con más o menos éxito, y que veo repetido en muchos de mis compañeros. El camino a la recuperación no es una línea recta, sino una montaña que hay que escalar, donde hay subidas y bajadas, pero donde, en el global, estamos subiendo y escalando hacia el pico.

Y es que hay que saber que caerse es inevitable, pero levantarse es obligatorio. Porque muchas veces no queda otra.
Y sí, es difícil decir eso cuando se nos presenta una situación adversa, y tenemos que luchar para levantarnos y salir más fuertes de ese proceso (como ya comenté en mi post sobre la hormesis).
Al final, lo importante de todo proceso es que, si te caes, aprendas por qué pasó, y evites cometer de nuevo esos errores. Y si, por un casual, lo vuelves a cometer, ya conoces esa sensación, y no la evitas.
No tener ese miedo es una gran ventaja, porque te llevará a explorar de nuevo esa zona en la que no te sentías agusto, y te verás más suelto en situaciones que antes no dominabas.
Y así, sin darte cuenta, habrás aprendido algo nuevo y serás mejor de lo que fuiste cuando empezaste, y tus miedos no te dejaron actuar. Y el camino se te hará más fácil, pero no porque sea más sencillo, sino porque tú eres más fuerte.
Y así, poco a poco, estarás alcanzando tu meta sin apenas darte cuenta, siendo uno con el proceso.
Como conclusión, solo quería recalcar que, aunque no nos lo parezca, todos los procesos avanzan y escalan, aunque por momentos (como decía antes), nos encontremos hundidos y no veamos salida.

Lo que hay que tener claro es que, si estás trabajando para salir de ahí, sea de una lesión o de cualquier otra situación similar, seas capaz de distinguir si lo que estás haciendo realmente te va a ayudar a salir a largo plazo, de esa situación.

Y si, una vez analizado esto, tienes claro que es el camino a seguir, adelante, síguelo porque tarde o temprano notarás cómo vas mejorando.

Sin más, te agradezco que hayas llegado hasta aquí, y nos vemos en el próximo post. Un abrazo y recuerda: ¡muévete mucho!