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¿Es la ausencia de dolor, la no-enfermedad, o «lo normal»sinónimo de salud?
Debemos aceptar que la salud no es algo concreto, sino un proceso de aprendizaje y cambio continuo que durará toda nuestra vida.

Muchas veces me he preguntado, ¿estaré sano?
Yo no me siento mal, no me siento enfermo ni noto ningún problema interno. No tengo dolor, no me siento triste ni decaído, tengo energía, y vivo relativamente tranquilo.

Quizá sea eso tener salud. O quizá lo sea vivir en una isla alejado del mundo, bebiendo zumos de coco y tomando el sol.
O quizá sea disponer de tu propio tiempo, controlar tu cuerpo, ser dueño de tu vida.


Bueno, creo que hay muchas posibles definiciones de salud, y por eso hoy vengo a exponer la mía, que puede o no estar de acuerdo con la tuya.

La salud es una etiqueta, igual que la enfermedad.

Según el diccionario, Salud es el estado en que un ser u organismo vivo no tiene ninguna lesión ni padece ninguna enfermedad y ejerce con normalidad todas sus funciones.


Sin embargo, a mi esta definición se me queda algo corta, y es que se limita a definir con palabras un término que, en mi opinión, es más bien subjetivo y difícil de conceptualizar.

Para mi, salud tiene más que ver con sentirse sano, bien con uno mismo, que con tener todas tus funciones «en orden».


Y es que estoy cansado de ver pacientes con dolor a los que se les ha dicho que «están perfectamente», porque los resultados de sus pruebas son «normales», donde todo está «en orden», y por ello no han recibido la atención que merecían, a pesar de sentir que no estaban bien y que algo fallaba.


Y aquí entro en un terreno peliagudo, porque el estar enfermo también es una etiqueta, y bastante peligrosa, pues lleva adheridas muchas creencias negativas – incapacidad, debilidad, déficits.

E, igual que debemos re-enfocar la salud hacia la función y el bienestar, deberíamos hacer lo propio con la enfermedad, considerándola un estado transitorio y, en ocasiones, necesario como parte de una mejor salud (la hormesis y la antifragilidad nos enseñan que un cuerpo se hace más fuerte, esto es más sano, cuando ha pasado por las dificultades y ha sido capaz de mejorarse a sí mismo a través de ellas.)

De este modo, salud y enfermedad son estados fluidos del ser, no son estados fijos que podamos medir objetivamente (aunque desde las ciencias de la salud nos empeñemos en ello, poniendo etiquetas a todo lo que sucede a nuestros pacientes).


Entender la salud y la enfermedad como parte de un todo lo complica un poco, ¿verdad?

Quizá haya que desechar la idea de Salud o enfermedad, y limitarnos a hablar de estados de bienestar o malestar, donde podamos determinar qué nos hace sentir a gusto con nosotros mismos, y qué nos aleja de nuestra autoaceptación.

¿Qué aspecto quieres tener dentro de diez años?


Así, debes plantearte qué es lo que te hace sentir bien, no solo en el momento, sino a lo largo de tu vida. Vete con tu mente a dentro de 10 años, y piensa qué podrías hacer hoy para verte bien, o qué puedes cambiar para no verte en situaciones que hoy no se te hacen fáciles.

Y construye desde ahí, teniendo en mente todo el camino que habrás de recorrer, y que no será fácil, ni corto. Pero hará la aventura de vivir mucho más duradera y digna de disfrutar.

Y te lo digo en serio, si quieres vivir plenamente, no puedes renunciar a la salud, es un compromiso no ya a largo plazo, sino para toda la vida.

Plantéate la salud como un continuo en tu vida, como tu nueva forma de ser, y actúa en consecuencia.

Llegados a este punto, quizá deberíamos pararnos un momento, y analizar si todo lo que estamos haciendo contribuye a sentirte mejor (física, mental, espiritualmente). Y, si no es así, deberías apartarlo de tu vida: Comida basura, tabaco, alcohol, relaciones tóxicas. ¿En qué modo esto contribuirá a tu mejor yo futuro?


Y ojo, no te pido que vivas una vida aburrida, ordenada y sin sobresaltos. Que abandones a tus amigos porque van de cervezas los viernes, en vez de entrenar. O que no te tomes esa hamburguesa porque «engorda». No me malinterpretes, no te pido eso, porque eso sería contraproducente con la salud (toda obsesión se convierte en un problema de salud, mental y/o física).


Lo que si te pido es que pongas tu salud en el centro, y analices qué actos te acercan a sentirte bien, y cuales no (no solo a corto, sino a medio y largo plazo – recuerda tu imagen en 10 años).

Quizá tomarte unas cuantas cervezas sea una buena idea, pero no lo será si te bebes tres barriles (y notarás los efectos nocivos de esto no en 10 años, sino en 10 horas).

Tampoco comer una hamburguesa de vez en cuando va a matarte, pero sí lo hará si lo conviertes en tu menú del día (de nuevo, piensa en ti dentro de 10 años, y mira cómo estarás si te dedicas a comer basura todos los días).


Por otro lado, tampoco te obsesiones con el cuerpo o el entrenamiento. Es una parte vital, pero tómatelo con calma, y disfruta del proceso.

Lo mejor es que busques un deporte que te guste, y lo complementes con ejercicio de fuerza 2/3 veces a la semana. No debe ser algo complejo, solo levantar unos cuantos kilos y a seguir con tu día. Quién sabe, ¡igual hasta descubres que te gusta!

Quizá poner la salud en el centro sea la mejor manera de vivir nuestra vida con plenitud. Porque la vida, sin salud, es menos vida.

Aprovecha ahora, que aún no estás enfermo, y analiza si realmente estás sano (recuerda que la ausencia de la etiqueta «enfermo» no implica directamente estar sano).


Por ello, disfruta de la buena compañía sin complejos, come rico y sano, y, como siempre digo, #MueveteMucho

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Dolor, Fisiolosofia, Fisioterapia, Movimiento, Podcast, Salud

Muchas veces, los tratamientos en fisioterapia se basan en abordajes complejos, con gran cantidad de maquinaria y poca atención centrada en el paciente. Hoy vengo a reflexionar sobre la importancia (y la dificultad) de ser «más naturales», y dejar de centrarnos en resultados económicos o estéticos.

Hace unas semanas mantuve una conversación con un proveedor de fertilizantes que me hablaba de su novedoso sistema para nutrir el suelo, y mejorar así la calidad de los cultivos.


En su sistema, unas bacterias colocadas sobre el suelo eliminaban el exceso de nitrógeno y otras sustancias adheridas a las raíces de las plantas, mejorando la absorción de los nutrientes presentes en los abonos.


Con este método, se evitaría el exceso de abono, produciendo no solo un ahorro económico, sino una mejora de la calidad del suelo donde las plantas se desarrollan.


Esto es debido a que, entre otros componentes, los abonos contienen nitrógeno. Este nitrógeno, cuando no es absorbido por la planta (lo cual sucede si las raíces de la misma no son eficientes), se filtra hacia el suelo y contamina.


Gracias a este novedoso sistema, las plantas se volverían más eficientes, tendrían una mejor absorción del nitrógeno, y se disminuiría la contaminación. Además, mejoraría la salud de las plantas y el cultivo sería mucho más natural, sin necesidad de usar fertilizantes ni productos químicos que mejorasen la absorción de nutrientes.


Parece un plan perfecto, ¿entonces por qué no se aplica desde ya?


Bueno, más allá de la falta de investigación sobre el tema, el principal problema es que no hay un gran interés económico (todavía) detrás de esto, por lo que los beneficios no son tantos a nivel empresarial.


Traigo a colación este tema porque me recordó un poco a lo que sucede en algunas clínicas de fisioterapia, y a cómo algunos profesionales de nuestro campo piensan más a corto plazo que a largo.


En pocos lugares se busca la mejora de la calidad de vida del paciente (esto sería, una mejor absorción de nutrientes), y en muchos el principal objetivo es disminuir el dolor (esto es, abonar aún más la planta) sin tener en cuenta las causas de ese dolor o las circunstancias del paciente.


De este modo, la fisioterapia a veces se vuelve una máquina de producción que mira más por el interés económico que por la salud y el bienestar.


Mi visión de la salud es similar a la que este hombre tenía con los cultivos: Es mejor hacer las cosas un poco más lentas, con unos márgenes de beneficios más leves, si esto sirve para mejorar la vida de las personas a largo plazo.


Si algún día tengo mi propia clínica, espero no abandonar los principios que me guían hoy, y aceptar que el respeto por la naturaleza debe ser una base de mis tratamientos.


Y cuando hablo de respetar la naturaleza, hablo de hacer tratamientos enfocados en la persona, no en el dolor o en la patología.


Creo que hemos perdido el foco, y que muchas veces complicamos en exceso los tratamientos.


Creo que porque nos cuesta aceptar que, muchas veces, nuestros tratamientos no son tan eficaces, sino que es nuestra propia humanidad la que cura. La sinceridad, la confianza, y el amor que pones en los tratamientos son muchas veces más eficaces que todas las técnicas que apliques.


Simplificar la fisioterapia no implica que ésta sea fácil, o que cualquiera pueda hacerlo. Pero sí creo mejorar la vida de los pacientes puede conseguirse de manera que se respete la naturaleza humana.


Obviamente el conocimiento es importante, y tener muchas herramientas puede ser útil. No descartes estudiar acerca de diferentes abordajes, ya que nunca sabes cuándo pueden servirte.


Pero, lo que sí considero que debemos hacer, es cambiar nuestra visión sobre el «paciente – clavo».

Si tu única herramienta es un martillo, todos tus pacientes serán clavos.

Ten en cuenta que cada paciente es diferente, y que su experiencia sobre el dolor es cambiante.

No puedes pretender tener un método, o una forma predeterminada de tratarle. Porque la respuesta a cada tratamiento es tan cambiante, que ninguna de las variables que controles podrá asegurarte el éxito.


Quiero recalcar la necesidad de seguir estudiando y formarse. El razonamiento y el diagnóstico son claves a la hora de abordar al paciente, y no podemos esperar ayudar a alguien si no sabemos qué le pasa.

Dar palos de ciego no es una opción válida, nunca.


Pero también quiero insistir en la necesidad de ser más humanos, de ser buenas personas, para hacer que nuestros pacientes mejoren sin necesidad de inventar métodos o técnicas específicas.

Luchar contra el sistema… suena más fácil de lo que es

Dicho todo lo anterior, quería también reflexionar acerca de la dificultad de aplicar este tipo de ideas en el contexto en que nos movemos.


Soy el primero que, muchas veces, siente que no aprovecha bien el tiempo dedicado al paciente, y veo cómo pierdo las sesiones sin realmente producir un cambio profundo en mis pacientes.


Es difícil hacerlo cuando tienes 12-13 pacientes en un días, todos seguidos y sin apenas tiempo para parar a hablar con ellos.


Entiendo que la situación de cada uno es diferentes, que las expectativas del paciente muchas veces nos juegan una mala pasada.


Pero debemos luchar con las armas que tengamos, en cada momento que nos lo permitan, para inculcar a nuestros pacientes la necesidad de ser los dueños de su propia salud, y de recuperar lo que nunca debió dejar de ser suyo: Su bienestar.


No te frustres si no lo consigues con todos, pues eso es algo que directamente es imposible. Pero felicítate si lo haces con 1 o 2 a la semana, porque habrás cambiado más vidas que si te limitaras a seguir la corriente, a ser un «pone- corrientes» más, y a no luchar por lo que crees.


Continúa formando alianzas con tus pacientes, siendo relevante para ellos.

Estamos condenados a un sistema que nos oprime, intentemos resistir aunque sea a pequeña escala.

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Dolor, Fisiolosofia, Fisioterapia, Mentalidad, Miedo, Podcast, Salud

¿Qué relación puede haber entre el concepto Amor fati, creado por Nietzsche, el de Wu wei, base en el taoísmo, y la historia natural de la enfermedad?
Hoy vamos a hablar de estos tres conceptos que, aunque suene raro, tienen más que en común de lo que puedes pensar.

Friedrich Nietzsche, creador del concepto, describía Amor Fati de la siguiente manera:

Quiero aprender cada día a considerar como bello lo que de necesario tienen las cosas; así seré de los que las embellecen. Amor fati: sea este en adelante mi amor.
No quiero hacer la guerra a la fealdad. No quiero acusar, ni siquiera a los acusadores. ¡Que mi única negación sea apartar la mirada! ¡Y en todo y en lo más grande, yo solo quiero llegar a ser algún día un afirmador!

F. Nietzsche


Hablar de este tema, y resumirlo en los 10-15 minutos que durará este podcast, no es sencillo, pero intentaré hacerlo lo mejor posible.


No obstante, te aconsejo leer algunos libros que han supuesto un auténtico cambio en mi forma de pensar, y a través de los cuales he desarrollado mi filosofía de vida actual:


Sapiens, de hombres a dioses. Yuval Noah Harari, El sutil arte Mark Manson, Reinventarse, Mario Alonso Puig, 12 reglas para la vida, Jordan Petterson y Más allá de tu mente, Allan Watts.


En sus libros, de un modo más o menos directo, se desarrolla la idea de la aceptación del destino, del desapego a la esperanza, y del desarrollo de uno mismo por encima de lo que en su vida acontezca.


De un modo u otro, todos estos autores hablan en sus obras de la necesidad de aceptar que la vida, en sí misma, no tiene un sentido, y que de algún modo u otro vamos a morir, y poco de lo que hagamos tendrá importancia en unos años.


Esto para algunos es difícil de aceptar, y se niegan a admitirlo. No obstante, hoy quiero hablaros de por qué creo que es una postura lícita, e incluso acertada si quieres vivir en calma.

Mi tatuaje: AMOR FATI.


De este modo, aceptar que la vida no tiene sentido, que no hay un objetivo que alcanzar que determine su final, te hace ser más consciente del hecho de estar vivo, y te anima a vivir de un modo más intenso: Si no hay nada más allá, ¿por qué ibas a desperdiciar el tiempo que se te ha dado?


De algún modo, colocar el punto final en la muerte, teniéndola presente y sabiendo que es el final de todo, te ayuda a enfocar tu vida, y tus problemas, con una nueva perspectiva.


Porque, ¿qué es llegar tarde a tu cita o perder el bus, comparado con estar muerto?


Sí, sé que suena drástico, pero de verdad me gustaría que me dieses una oportunidad para explicarme, e intentar explicarte (que no convencerte) de por qué he dejado de buscar un sentido a la vida, y he empezado a valorar la vida misma como significado único.


Para mi Amor fati es aceptar esto último: Que la vida es, por si sola, la que da significado a todo lo demás. De ella surge todo, lo bueno, lo malo. De ella nace el dolor y la pena, y también el placer y la alegría. Y lo hace, no porque haya un plan preparado para ello, sino simplemente porque estar vivo te permite que todo eso sea posible.


Amor fati implica renunciar a la esperanza de un futuro mejor, y aceptar el presente tal como es y cómo viene, sin valorar que pudiera ser mejor o peor de lo que ya es.


Y aceptar esto, no implica renunciar a los sueños y anhelos de algo mejor, pero sí implica renunciar al deseo y al apego (Estos son conceptos que el budismo desarrolla especialmente).


Desprendernos del deseo, cambiándolo por aceptación del presente (Amor fati), nos hará más conscientes de lo que ya tenemos, y nos hará valorarlo con perspectiva.


Y es que muchas veces nos complicamos buscando la felicidad, buscando algo que nos estimule y nos haga sentirnos llenos, sin darnos cuenta que, una vez llega, nos acostumbramos y dejamos de valorar todo lo conseguido.


Por otro lado, muchas veces nos preocupamos de problemas que se acaban solucionando por sí mismos, y nos olvidamos de fluir con el momento, enredándonos en pensamientos y estrategias que nos alejan de ese resultado que anhelamos.


Es paradójico, pero muchas veces no hacer nada es la mejor solución. Simplemente aceptar la situación, y dejar que fluya hacia su solución natural.


Dejar a la naturaleza actuar, aceptando (y amando) lo que suceda – esto es, amor fati – es uno de las enseñanzas principales del taoísmo, filosofía de origen china muy famosa por su principal símbolo: El ying y el yang.


Esta filosofía no la conozco tanto como el estoicismo (en el que tampoco soy experto), pero a raíz de escuchar las lecciones de Alan Watts he empezado a interesarme más por la filosofía del tao – al final leeré un texto que me ha inspirado a escribir este.


El objetivo del Tao es alcanzar la inmortalidad. Esto no se debe entender literalmente, sino como una forma de inmortalidad espiritual, que se alcanza al vivir en armonía con la naturaleza.


La naturaleza, en el taoísmo, es un sistema anárquico, donde no hay un jefe que controle todo, sino que es una fuerza libre que actúa a sus anchas.


Un principio fundamental del Tao es el principio de Wu Wei – esto significa “No hacer nada”, pero en el sentido de “no intervenir en el curso de los eventos”, no actuar contra la naturaleza.

5 acciones de la filosofía Wu Wei - Farmaoptics
El círculo que fluye como símbolo de Wu wei.


En este punto, quería relacionar estos dos conceptos, Amor fati y Wu wei (“No hacer nada”), con la historia natural de la enfermedad, y los tratamientos en fisioterapia.


La historia natural de la enfermedad es la evolución de un proceso patológico sin intervención médica.


En nuestra profesión, no son pocas las ocasiones que encontramos a compañeros que complican sobremanera los tratamientos, quizá confiando en que sus técnicas serán las que curen al paciente, y no aceptando el hecho de que, muchas veces, el paciente se recuperaría igualmente sin nuestra intervención, ya que la naturaleza actúa en él.


Considero muy necesario aceptar que los pacientes tienen una vida y unas circunstancias diversas, y que éstas tendrán más influencia en su recuperación que cualquier técnica que podamos hacer.


Nuestro deber es aceptar esto, y trabajar para encontrar el punto donde podemos impulsar esa recuperación, conectando realmente con nuestro paciente y despertando su naturaleza.


Ojo, que al hablar de estos dos conceptos no quiero decir que debamos renunciar a ser mejores en nuestra vida, y en nuestras profesiones. No quiero invitar a nadie a dejar de estudiar, sean métodos o teorías, y a aplicar todo lo aprendido. No dejes de formarte solo porque algunas veces “se curará solo”, porque con esa actitud no llegarás lejos.


La naturaleza es sabia, pero también lenta. Muchas veces podemos ayudarla a acelerar la curación con el mero hecho de que el paciente acuda a nosotros. Podemos tomar medicinas y recibir tratamientos, siempre teniendo en cuenta qué efecto concreto tendrán en nosotros, y no dependiendo de ellos más allá de lo necesario.


Y también la labor de acompañar al paciente en esa recuperación más “natural” es necesaria, ya que nuestra ayuda por sí sola puede resultar en un estímulo positivo a su recuperación.


En otras ocasiones, no pocas, hacer entender al paciente esto, la historia natural de la enfermedad, no es fácil. Y una vez lo comprenden, van a agradecer evitarse tratamientos que podrían ser inútiles en su caso.

Por ello, no descartes el poder del estudio, y hazte preguntas de manera constante. Pero intenta, con todo lo que sabes, simplificar tus tratamientos.


Y cuidado, hacerlo simple no es sencillo, y hay que ser muy bueno en lo que haces para simplificarlo. A veces nos creemos que lo más complejo es mejor, y ya habéis visto que no siempre tiene por qué ser así.


Por otro lado, aceptar lo que llega, y no intentar cambiarlo, no implica que no luches por ser una mejor persona, y un mejor fisioterapeuta.


Lejos de eso, te permite aceptar tus limitaciones, y empezar a trabajar en tus debilidades para alcanzar tu mayor potencial.


Pero cuando sabes que fallar es una opción tan válida como acertar, el miedo se desvanece y las oportunidades se multiplican.


Por ello, vive de acuerdo con la naturaleza, desarróllate sin miedo, pero no temas al futuro ni a lo que no sabes, porque todo forma parte de algo que va más allá de tu control.


Espero que mi razonamiento no haya sido demasiado complicado de seguir, y que esta disertación os resulte interesante y de utilidad.


Para terminar, os dejo con un texto de Allan Watts que me ha inspirado a escribir este texto.

El principio de «No hacer nada», explicado por Alan Watts

La naturaleza es un organismo autorregulado, democráctico. Es una totalidad, donde todo va junto. Y esa totalidad es el TAO.

Cuando el taoísmo habla de seguir la naturaleza, seguir el camino, a lo que se refiere es más a esto: Haz las cosas de acuerdo con la naturaleza de las cosas mismas. No quiere decir que no cortes la madera, sino que lo hagas de la manera que te sea más fácil. Aprender a utilizar la naturaleza respetándola, sin destruirla.

Este es el principal fundamento del taoísmo: Wu wei. No forzar nada.

No fuerces el candado, o doblarás la llave. Actúa siempre de acuerdo con la forma que tienen las cosas, tal y como ellas existen. No impongas una interferencia que no esté realmente de acuerdo con esa situación. Es mejor no hacer nada, que interferir desconociendo la relación que existe entre todas las cosas que vas a modificar.

Es muy importante sentir que todas las cosas están conectadas entre sí. Que la vida no es una competición, sino un extraño sistema de conexión, donde todo se retroalimenta y crece con la interacción. Aceptar la idea del “enemigo amistoso”, “la necesaria adversidad” que es parte de ti, y que es necesaria para mantenerte fuerte y hacerte crecer.

Todo conflicto es, al final, una forma de cooperación que nos hace crecer mutuamente.

Entender esto es la base, no forzar nada. Acepta esto, y podrás vivir una vida que está de acuerdo a la naturaleza.

Alan Watts, el principio de «no hacer nada»


Espero que os haya gustado, y nos vemos en el próximo post. Un abrazo y, como siempre, recuerda: #MueveteMucho

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Dolor, Fisioterapia, Lesión, Salud

¿Puede alguien que no es buena persona ser un buen fisioterapeuta? ¿Hasta qué punto influye nuestra empatía y nuestras maneras en el tratamiento?

Hace tiempo que vengo preguntándome: ¿Qué es el éxito en fisioterapia? ¿Cómo podríamos medir la capacidad que un terapeuta tiene de «triunfar» en sus tratamientos? ¿Puede un fisioterapeuta triunfar si no es una buena persona?


En muchas ocasiones he conocido a gente que fue a un fisio que le arregló todos sus problemas de manera casi milagrosa. Un crujido y ¡pum!, curado.


En estos casos siempre intento ser crítico, aunque sin cuestionar demasiado los abordajes (considero que, si al paciente le funcionó, no debo interferir ni confrontar directamente esa creencia).


No obstante, siempre me entra la duda… ¿por qué con unos pacientes ciertas técnicas funcionan tan bien, y en otros parecen no tener efectos?


Y esta duda que yo tengo, la han planteado en muchos estudios diferentes, donde se habla de los efectos del masaje como placebo.


¿Quiere esto decir que el masaje, u otras técnicas que han sido comparadas con placebo, con resultados similares, no sirven de nada?

Ni mucho menos.


No podemos descartar el poder de ese efecto placebo. Pero debemos ir más allá.


Esto quiere decir que sí, la terapia manual, la punción, los estiramientos, pueden tener efectos medibles en la percepción del dolor, pero debemos valorar otros elementos que influyen en la mejoría de muchos de nuestros pacientes.


Antes de continuar, quisiera aclarar que este artículo hace referencia a casos leves, donde el dolor se presenta de forma aguda o no está asociado a patologías graves. Debemos descartar las llamadas banderas rojas (cáncer, fracturas, enfermedades infecciosas, y otras) antes de hablar de aplicar o no terapia.


Dicho esto, comencemos.

Iatrogenia, un mal endémico

Iatrogénico es un daño a la salud de una persona, causado o provocado por un acto médico involuntario. Se deriva de la palabra iatrogénesis que tiene por significado literal ‘provocado por el médico o sanador’ (en griego iatros significa ‘médico’ y génesis: ‘crear’).


La intervención excesiva en procesos patológicos es un mal endémico que se da en el campo de la salud, y afecta a todos los profesionales, desde médicos y enfermeros, a fisioterapeutas.


En este sentido, hay varias intervenciones que destacan sobre las demás, como pueden ser:

– Realizar pruebas de imagen ante casi cualquier lesión (¿radiografía en un esguince?)

– Prescribir antiinflamatorios al mínimo signo de dolor

Inmovilizar. Ya hablé de los peligros y de lo absurdo de las inmovilizaciones en este post.

– Se busca eliminar el dolor mediante intervenciones centradas en el tejido, y alejadas de la educación y el ejercicio.

– Se suele fragilizar a los pacientes con mensajes como: Este tejido está fatal, no te dobles porque tienes el disco salido, no tengas malas posturas o te dolerá la espalda.


Por otro lado, muchos mensajes e intervenciones en fisioterapia tienen también efectos negativos en la recuperación del paciente, y si no somos capaces de reconocerlos, estaremos dejando a un lado la salud general del paciente para colocar nuestro ego por delante.

El ego es el problema

Cuando hago referencia «al ego» en fisioterapia, lo hago pensando en compañeros que, ante cualquier lesión, intentan aplicar la última técnica o el último estudio que han leído, y dejan de lado a la persona que tienen delante, convirtiéndola en un «sujeto» sobre el que realizar una determinada intervención.

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A veces se nos olvida que el paciente no es un coche. Lo colocamos en la camilla y le aplicamos técnicas sin mucho conocimiento de cuál es su efecto ni si serán útiles para él.


Y se nos olvida que, detrás del dolor de la persona, hay muchos condicionantes que van más allá del tejido, y que muchas veces el paciente va a mejorar hagas lo que hagas (recuerdo que esto no se aplica a todos los casos, pero sí a los más comunes).


De este modo, muchas técnicas rimbombantes no van a tener efectos superiores a técnicas y abordajes más sencillos, más «clásicos».


Y es que, a veces, el paciente prefiere que le des un masaje mientras hablas con él, que le realices 5 punciones dolorosas que puedan alterar la fisiología de su tendón.


Y es importante saber que estas técnicas pueden ser útiles, pero no lo serán si no las aplicamos con un razonamiento previo, y conociendo a nuestro paciente, sus preferencias y preocupaciones.

A veces, es mejor «no hacer nada»

Puede sonar paradógico, pero a veces la mejor intervención es no hacer «nada». Esto es, no aplicar tantas técnicas, y hablar más con nuestros pacientes.


De este modo, podremos descubrir cuáles son sus hábitos, sus preocupaciones, sus rutinas y sus expectativas del tratamiento. También podremos saber cómo influye el dolor en su día a día, y el grado de discapacidad que le produce.


Este conocimiento no es, literalmente, «no hacer nada», ya que implica un esfuerzo y una dedicación (de tiempo, principalmente) para conocer mejor a tu paciente, y saber qué es lo que mejor puede venirle a la hora de tratarle.


Así, habrá pacientes que, con solo escucharles y hablarles de su problema, se tranquilizarán y mejorarán sus síntomas. Otros te harán ver la necesidad de aplicar una técnica específica («Pues con las agujas me fue muy bien» o «No me gusta que me crujan»).

Con toda esa información, podrás crear una mejor alianza terapeútica y tener algo más de seguridad en que tu tratamiento será efectivo.

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Muchas veces conocer a una persona será más importante que aplicarle miles de técnicas

La importancia de ser buena persona

Y aquí es donde, por fin, damos respuesta a la pregunta inicial:
¿Podemos ser buenos fisioterapeutas si no somos buenas personas?


Bueno, creo que el éxito de muchos tratamientos se puede explicar por el curso natural de la enfermedad, y un paciente mejora en muchos casos aunque no intervengamos (como vengo exponiendo).

En ese sentido, si tu éxito se mide en pacientes «curados», puedes tener claro que no importa el tipo de persona que seas, pues simplemente aplicando técnicas y «reparando» tejidos podrás tener éxito.


En mi opinión, totalmente personal, creo indispensable ser una buena persona para conseguir aliviar el dolor, y mejorar la vida de las personas.

No creo que sirva de mucho quitar el dolor si, después de ir a tu clínica, el paciente sigue haciendo lo mismo que le trajo a ti la primera vez.


Cambiar la mentalidad, los hábitos, y la vida de las personas, con el objetivo de tener una mejor salud, me parece un éxito mucho mayor que el simple alivio del dolor.

Es por esto que creo muy necesario seguir formándome en el manejo de las personas, y no solo en el abordaje de las patologías.

Y es por ello también que me gusta tanto escribir artículos como este, y seguir investigando sobre la psicología que hay detrás de todas las lesiones.


Espero que se entienda bien mi punto, y que podamos ir cambiando nuestro abordaje terapéutico, sin dejar de lado los tejidos y los abordajes más «médicos» cuando sea necesario (al fin y al cabo, muchas lesiones necesitan curación «real«, ya que implican daños en los tejidos).


Podría tirarme horas hablando sobre esto, pero de momento lo dejaré aquí. Espero que te haya gustado, y que me compartas tu opinión sobre este tema.


Te mando un abrazo fuerte, y te recuerdo: #MueveteMucho


Referencias:


Efecto placebo de la terapia manual: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3172952/


Buen pronóstico sin intervención médica: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/7747232/


Importancia de conocer las expectativas del paciente para el éxito del tratamiento: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3132352/#:~:text=Some%20of%20the%20general%20expectations,show%20care%2Fconcern%2Fcompassion%20and


Alianza terapeútica: https://www.physiopedia.com/Therapeutic_Alliance

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Dolor, Ejercicio, Fisiolosofia, Podcast, Salud

En el último episodio de #Fisiolosofia , tuve el placer de entrevistar a Miguel Lopez (https://nutreconciencia.com/).


Miguel es diestista – nutricionista, y desarrolla su trabajo tanto en clínica (de forma presencial y online), como en investigación.

Es una persona apasionada de la ciencia, y que divulga en redes (especialmente en Instagram, como @nutreconciencia ) contenido de alta calidad sobre temas relacionados con la nutrición, y con la salud en general.


Durante nuestra charla, debatimos varios temas, aunque los principales fueron la necesidad de simplificar el trabajo en el campo de la salud, y la importancia de hacer esto de acuerdo con el trabajo investigador que compañeros como él realizan diariamente.


Esta labor investigadora no está muy extendida en España, y a veces se nos olvida que detrás de nuestros tratamientos está el estudio y la práctica, y no solo debe primar el que una técnica nos guste más o menos.


Por otro lado, sacamos a relucir ciertas bases que deberíamos tener presentes en todos nuestros abordajes, y que son tres pilares fundamentales en el mantenimiento de la salud en general: El sueño, la alimentación y el ejercicio.


Teniendo claros estos tres pilares, la salud se hace más sencilla, aunque esto no implica que sea fácil de aplicar.


Y es que siempre será más fácil recurrir a una dieta / técnica milagro, que plantearte cambiar un estilo de vida con el que llevas arrastrando problemas de salud desde hace años.


Esto, plantearte la necesidad de adquirir nuevos hábitos y formas de vivir, es algo que mucha gente no se plantea, y es labor de los sanitarios reforzar conductas que conduzcan a una mejor salud en general, y no solo evitar la enfermedad o el dolor de manera puntual.

Así, mejorar la calidad de vida ha de ser un principio fundamental de todo abordaje, cueste el tiempo que cueste. Y deberíamos dejar de plantear soluciones mágicas de ningún tipo (ayunos, suplementos, manipulaciones) y dejar muy claro que la clave de la salud reside en los tres pilares antes comentados.


En mi opinión, y esto es algo que queda fuera del contenido del episodio, la labor investigadora es esencial. Pero también lo es que esa labor llegue a la población «común», esto es, a todas aquellas personas que puedan estar preocupadas por su salud y no tengan tiempo ni energía para estudiar las últimas novedades científicas.


En ese sentido, el papel de Miguel en redes me parece espectacular. Se trata de una persona que tiene un gran alcance, y lo tiene siendo honesto y fiel a su mensaje: Mejorar la salud desde la ciencia.


Y, por otro lado, no deja de lado la importancia de la difusión del mensaje. Ya que es importante lo que dices, pero también cómo lo dices.

Y es claro que, en una red como instagram, la imagen prima muchas veces al contenido (es así, aunque no nos parezca lo correcto o lo más acertado).


Sin más, os dejo con la entrevista y espero que la disfrutéis tanto como yo lo hice haciéndola. La segunda parte la subiré en los próximos días.

Fue un rato estupendo, y pronto repetiremos.


Te mando un fuerte abrazo, y te recuerdo: #MueveteMucho


Web de Miguel: https://nutreconciencia.com/

Instagram: @nutreconciencia

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Dolor, Fisiolosofia, Fisioterapia, Lesión, Mentalidad, Miedo, Podcast, Salud

Hoy os traigo la relación que puede tener el concepto filosófico de «noche oscura del alma» (Creado por San Juan de la Cruz en su poema homónimo), con el dolor crónico.
Quédate si quieres saber la relación que existe entre estos dos términos…

Entra dócilmente en esa noche quieta
No te resistas, no luches, ten fe
Acepta lo inevitable, y aprovecha que aún vives
No te detengas a esperar lo que no pasará
Y no renuncies al ahora por lo que no va a llegar


San Juan de la Cruz escribió el poema “La noche oscura del alma”, donde hacía referencia a la sensación de vacío y soledad que una persona experimenta antes de un encuentro místico (en su caso, se refería al encuentro con Dios, pero podría entenderse en otros contextos).


Su poema narra el viaje del alma desde su casa corporal hasta su unión con Dios. El viaje ocurre durante la noche, que representa el periodo en el cual la persona se encuentra desorientada y perdida entre la oscuridad, en busca de una luz del creador, que no parece llegar.


La idea principal del poema se puede ver como la experiencia dolorosa que la gente soporta cuando procura crecer en madurez espiritual y unión con Dios, y el miedo que se siente antes de esa unión, cuando todo es negro, y nada parece aflorar de las tinieblas.


Pero… ¿qué relación puede haber entre este estado espiritual, y la recuperación física en personas con dolor (especialmente dolor crónico)?


Como ya sabéis los que me seguís hace tiempo, soy un enamorado de la filosofía (De ahí el nombre de mi programa de podcast, Fisiolosofia), y creo que ésta esconde muchas más respuestas de las que nos han enseñado a ver en el colegio.


Hoy, en mi afán por acercar estas dos ramas, os quería hablar sobre qué entiendo yo por esa noche oscura, y la relación que puede haber con los pacientes con dolor.


La noche oscura del alma es un concepto que acudió a mi hace poco, después de leerme el libro “Reinventarse”, de MA Puig. Al leerlo, recordé la conversación que mantuve con Marina hace poco en este podcast, en la que hablamos sobre la importancia de mantener nuestra identidad, y lo esencial que es, psicológicamente, definirnos de una manera determinada.


La noche oscura del alma, en un sentido más profano, sería el momento en el que nuestra identidad actual empieza a desvanecerse, para ir convirtiéndose poco a poco en una nueva, en muchos casos mejor de la
que teníamos.


En las personas que llevan arrastrando procesos de dolor de larga duración, el dolor se ha convertido en parte de su identidad, hasta el punto que muchas personas se reconocen a sí mismas por su dolor, y no se imaginan su vida sin ese problema.


Es por eso que, aunque cueste admitirlo, muchos no se atreven a abandonar esa identidad donde aún sufriendo, se sienten seguros, porque es la que conocen.


Es en esos casos, donde el miedo a perder lo que somos nos acecha, cuando debemos tener presentes esta “noche oscura”.

Es normal que, en esos momentos donde todo lo que creemos ser se tambalea, la incertidumbre y el miedo se apodera de nosotros, y nos aferramos a nuestro antiguo yo, porque nos aterra lo que puede esperar al otro lado.


Y es que explorar es algo aterrador, no te asegura el éxito, y puede llevarte a una posición peor de la que tienes ahora mismo.


Cuando sufrimos incertidumbre, los sistemas de alarma se disparan, empujándonos a buscar lugares donde nos sintamos seguros y en calma, esto es, a buscar anclas de seguridad.


Es importante que los pacientes, y nosotros mismos, tengamos claras esas anclas a las que acudir en casos de duda o miedo.


A la hora de determinar esas anclas de seguridad, debemos asegurar que no sean patrones de conducta que nos devuelvan a nuestro “antiguo” yo.


En el caso de los pacientes, esto implica desterrar patrones que puedan estar relacionados con su dolor (mala alimentación, falta de sueño, pensamientos catastrofistas, actitudes sedentarias).


Debemos determinar algunas actitudes que nos hagan sentirnos seguros, y éstas deben ser lo más sanas posibles (salir a pasear, tomar una bebida caliente, meditar).


Con todo esto, quiero decir: Desterrar malos hábitos negativos es un paso muy importante, y no podemos tomarlo a la ligera, o nos entrará vértigo y querremos aferrarnos a ese yo que ya conocemos, aunque no sea bueno para nosotros.


Es por ello por lo que he creído necesario hablar de este tema aquí.


Las personas con patología que empiezan a salir de sus procesos de dolor, necesitan tener claro que la incertidumbre acompaña a ese proceso, y que será inevitable entrar en “La noche oscura del alma” una vez empiecen a ver la luz que asoma detrás de su dolor.


Para ellos, también será esencial encontrar “anclas de seguridad” a las que aferrarse en momentos de inseguridad, teniendo claro qué anclas serán estas, e intentando que éstas estén alejadas de los patrones de conducta que producen el dolor.


He querido relacionar esta noche oscura a mi contexto, la fisioterapia, pero es algo que todos, en algún momento, hemos enfrentado, o a lo que nos vamos a enfrentar.


Piensa en aquellos momentos de tu vida que implicaron un gran cambio. Puede ser el día que montaste en bicicleta por primera vez, el día que te graduaste y saliste al mundo laboral, o tu primera vez con una pareja en la cama.


Recuerda las sensaciones que invadieron tu mente en estos momentos, y recuerdo cómo saliste de aquello: Lanzándote al vacío, dejando al miedo fluir y entrar en ti, siendo uno con él.


Y cómo saliste de aquello siendo una persona renovada, y diferente a la que se adentró en la noche.


Es inevitable, y necesario, entrar en esa noche oscura. Abrazar el miedo y la incertidumbre. Es la única manera de descubrir qué hay más allá de nuestros límites, de nuestro yo actual.


No te dire: NO TEMAS. Porque el temor es inevitable.

Solo te recordaré: La magia está al otro lado del miedo.

«A veces el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la Muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta tormenta, en definitiva eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí solo hay una arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo. Imagínate una tormenta como ésta.»

«Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No! Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta de arena.»

Kafka en la orilla, Haruki Murakami
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Dolor, Fisiolosofia, Fisioterapia, Mentalidad, Miedo, Movimiento, Podcast, Salud

En el post de hoy os traigo un pequeño resumen de la charla que mantuve con Marina Díaz (@marinadiazpsicóloga ).
En ella, abordamos diferentes temas, pero nos centramos en el manejo de pacientes con dolor crónico, y cómo la esfera psicológica es vital en este tipo de paciente.

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Dolor, Fisioterapia, Lesión, Mentalidad, Movimiento, Salud

A veces, como terapeutas o pacientes, no entendemos la importancia de las creencias hasta que alguien intenta derribarlas.
Es por ello que es muy importante revisarlas de vez en cuando, y ponerlas a prueba, de modo que podamos entender mejor cómo funciona nuestra mente, y de qué manera podemos evolucionar hacia una forma de pensar más adecuada a nuestro día a día.

En fisioterapia, como en todo en la vida, las creencias ocupan un eje central de los tratamientos, y son de hecho un objeto de estudio cada vez más interesante.
En este sentido, muchos autores están dedicando sus líneas de investigación a este punto, el de las creencias, y es algo que considero esencial en nuestra práctica clínica.

Una creencia es el estado de la mente en el que un individuo supone verdadero el conocimiento o la experiencia que tiene acerca de un suceso o cosa;​ cuando se objetiva, el contenido de la creencia presenta una proposición lógica, y puede expresarse mediante un enunciado lingüístico como afirmación.


Las creencias pueden ir desde la religión, a la política, pasando por la forma en que vemos el mundo o cómo nos sentimos con determinadas circunstancias.

Cuando hablamos de «creencia», hablamos de un «mapa» mental que da significado a lo que sucede en nuestro mundo, y se trata de un punto crucial de nuestra existencia.
Por ello, cuando sentimos que nuestras creencias están amenazadas, todo nuestro mundo, la imagen que tenemos de él, se ve amenazado con ello, y no podemos evitar defendernos ante esto.


En esta defensa, desarrollamos actitudes de miedo – evitación, y esto puede explicar en muchos casos los fallos a la hora de abordar a los pacientes por parte de los fisioterapeutas.


En estos casos, muchos pacientes se presentan ante nosotros con dolor, y con unas creencias previas acerca de su experiencia con ese dolor («Tengo la espalda contracturada», «Si me doblo se me saldrá el disco», «Tengo una pierna corta y por eso me duele la columna»).

Y seguro que algunas de éstas nos pueden parecer absurdas y poco plausibles, pero tenemos que evitar caer en el prejuicio, y valorar a la persona en todo su contexto.

Es más, muchas de éstas son creencias instauradas previamente por compañeros de profesión, que caen en el error de expresarles a los pacientes ideas sobre el movimiento que pueden no estar del todo actualizadas.


Debido a nuestros propios prejuicios, muchas veces no podemos evitar evaluar sus actitudes, tratando de dar una explicación sencilla a un problema complejo como lo es el dolor: «Es que es muy pesimista», «Es que se mueve poco», «Es que es un/a vago/a».


Todos hemos pecado alguna vez de hacer estos juicios de valor, yo el primero.
Y es que, como decía, los prejuicios son inevitables porque van intrínsecos a nuestro mapa mental y a nuestras creencias.


Los pacientes no son menos, y sus creencias respecto al dolor muchas veces van a estar en contraposición a las nuestras.
Nosotros, profesionales que hemos estudiado y aprendido cómo funciona el dolor, nos creemos a veces en posición de juzgar las creencias de los pacientes sobre su dolor, atreviéndonos en ocasiones a juzgar que esa persona no está haciendo lo suficiente por su recuperación.


Esta es la forma más sencilla de perder la confianza del paciente, y de reforzar esas actitudes que consideramos «negativas», ya que la persona se tomará este intento de cambio como un ataque, y se verá amenazada por nosotros.

Es por ello que chocar con las creencias no es una buena estrategia para lidiar con los pacientes, y debemos intentar aumentar y mejorar la confianza que este nos tiene, entendiendo sus circunstancias particulares, antes de intentar entrar a cambiar su forma de pensar.


En esta línea, quisiera también hacer referencia a profesionales que se juzgan entre sí, sin conocer los contextos que cada uno de ellos tiene, y dando por hecho realidades que, en la mayoría de casos, no se ajustan a la verdad.


Esto es muy común verlo en redes, donde el cruce de acusaciones está a la orden del día.


Como ya escribí en su momento, la infoxicación es una realidad que está ahí, y constantemente nos encontramos con gente a la que nuestra visión del mundo les choca, e incluso les ofende.
No quiero convertir este post en una disertación sobre el odio y la envidia en redes, pero creo que es importante valorar el contexto en el que nosotros, como clínicos, nos desarrollamos.

Para ello, si aún no lo has hecho, te invito a leer el artículo sobre la infoxicación, y a revisar si tus creencias son las que están haciendo que sientas esa frustración, al ver a otros donde a ti te gustaría estar.


Y esto lo digo porque, si vamos a entrar a valorar e incluso cambiar las creencias de nuestros pacientes, quizá deberíamos empezar por aclarar cuáles son las nuestras, y determinar si están acorde con lo que queremos transmitir a nuestros pacientes.


Creo sinceramente que un fisioterapeuta envidioso, con miedos y frustraciones incontroladas, no será nunca un buen clínico, porque será incapaz de reconocer esos patrones aberrantes en sus pacientes. Y, si llega a hacerlo, no sabrá cómo hacerles frente, pues en su interior estará dominado por los mismos sentimientos que llevan a su paciente a estados dolorosos.


Es por ello que creo que el desarrollo personal, mediante la lectura de filosofía, y la revisión constante de nuestras creencias, es un paso imprescindible antes de entrar a tratar a nadie con dolor o cualquier otra patología compleja.

Conocer a la persona es más importante que conocer la patología.

Fisiodelpino

Te invito, a ti que me lees, a revisar si en tu interior hay aún tienes creencias erróneas sobre el dolor, o sobre el comportamiento humano. Si aún te es natural juzgar lo que otros hacen o piensan, y si te sientes frustrado por cómo otras personas manejan su vida.

Si es así, te animo a intentar eliminar esas actitudes, ya que no te van a ayudar a ser mejor en tu trabajo, y probablemente causen graves conflictos a largo plazo.


Obviamente, revisar estas creencias no será sencillo, y no podrás eliminarlo definitivamente, ya que están instauradas en ti desde hace muchos años. Esto hará que tu sistema de defensa se active, y te sientas amenazado por ti mismo, ya que estarás removiendo y analizando a tu propia conciencia.


Pero el hecho de que seas capaz de identificarlas, y utilices estrategias para aliviarlas, será suficiente para no dejarte dominar por ellas.


Espero no haberte aburrido mucho con este tema, y que te haya sido de utilidad. Nos vemos en el siguiente post, y no lo olvides: ¡#MueveteMucho !

Referencia:

Este artículo lo escribo teniendo presente este otro del grupo de investigación de Peter O´Sullivan (https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S141335552030407X), donde hablan de la importancia de las creencias en el afrontamiento del dolor en fisioterapia.


Además, tengo en cuenta los conocimientos adquiridos de mis lecturas de Mark Manson y Jordan Peterson, que han inspirado en los últimos meses muchos de mis razonamientos.

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Dolor, Ejercicio, Fisiolosofia, Fisioterapia, Mentalidad, Movimiento, Podcast, Salud

A continuación te presento los puntos clave de la entrevista que realicé a Strongmidgardian.

¿Qué vas a encontrar en esta entrevista?
Durante los casi 50 minutos hablamos de muchos temas, pero varios fueron los puntos clave a tratar: la importancia de individualizar, de entrenar fuerza y de moverte, en general.
Te dejo a continuación con un pequeño resumen de la charla, pero te invito a escucharla en el Podcast.

Ismael (@strongmidgadian) es un fisioterapeuta y entrenador de 25 años, que igual que yo es apasionado de la divulgación en redes sociales sobre el dolor y el entrenamiento.


Creo que compartimos muchos puntos de vista, y esto se puede notar al escuchar la charla que mantuvimos, donde tratamos temas que a ambos nos apasionan.


En esta conversación, hablamos un poco más sobre las experiencias que ambos hemos tenido con el entrenamiento y la lesión, y cómo podemos utilizar el movimiento para hacer nuestra vida mejor en todo el espectro Bio – Psico – Social.

Muévete mucho

Como bien me dijo Ismael, tenemos que entender que el movimiento es parte indispensable de la vida. Si llevamos tantos años moviéndonos, de formas tan diversas, es imposible que ello vaya contra nuestra naturaleza.

Por ello, debemos implementar el movimiento, el ejercicio, para tener una vida plena y saludable.

En ese sentido, es importante tener en cuenta el contexto de cada persona, ya que no a todo el mundo le gusta el mismo tipo de ejercicio, y también es importante conocer la realidad de cada uno para aplicar las cargas adecuadas.


Aquí es donde la individualización juega un papel fundamental, siendo la base de todo tratamiento o entrenamiento que se quiera implementar.

Tenemos que tener muy claro que, si no individualizamos y adaptamos el entrenamiento o terapia a lo que la persona necesita y demanda, será muy difícil que la persona siga nuestras pautas, y por tanto, casi imposible que pueda mejorar.


Para ello, recomiendo siempre apoyarse en profesionales que tengan esto en cuenta, y huir de «Métodos» o «Terapias milagro», ya que hay tantos tratamientos como personas.

Todo es fuerza

Por otro lado, no podía faltar en nuestra charla la mención al entrenamiento de fuerza.


Hoy día son muchas las fuentes que nos hablas de la importancia de este entrenamiento, y de las ventajas que tiene para la salud.

No obstante, aún hay personas que consideran que el entrenamiento de fuerza «no es para ellos», pues lo asocian a gimnasios y a levantar grandes pesos.


En nuestra conversación intentamos desmitificar esto, y hablamos de que «Todo es fuerza», ya que realmente toda actividad que implique actividad muscular puede ser considerada fuerza.


Así, una alta carga no es necesariamente levantar 100 kilos en peso muerto, y en función de tus circunstancias será una u otra demanda la que nos de esa alta carga (aquí volvemos al concepto de individualización).


Por ello, cuando tengamos a una persona de 30 y a otra de 80 años, deberemos entender que las cargas altas no serán iguales para ambos, e intentaremos adaptar los ejercicios a las condiciones de cada uno.

Exposición gradual al movimiento

Por último, comentamos el concepto de exposición gradual, y cómo esa adherencia al tratamiento va a ser vital para conseguirla.


La exposición consiste, a groso modo, en ir aumentando las demandas (cargas) a las que vamos sometiendo al paciente, de modo que poco a poco se vaya adaptando a ellas y podamos ir sobre-cargando los ejercicios.


Es un punto importante, porque todo tratamiento que tenga en cuenta esa evolución y proceso será más proclive a conseguir adherencia en el paciente (a nadie le gusta pasarlo mal, y el ejercicio debe ser adecuado para no sufrir demasiado mientras se hace, y más si estás empezando).


Por ello, exponer de manera progresiva a esa carga es la mejor manera de no sobre – saturar al sistema, y hacer que nuestro paciente disfrute el proceso y vaya viendo avances significativos en poco tiempo.


Estas son más o menos las ideas principales que extraje del programa, aunque hay muchas más.

Puedes escucharlo y comentarme qué te ha parecido, estaré encantado de ver qué conclusiones sacas tu de él.


Te mando un abrazo y, como siempre digo, #MueveteMucho

Enlaces a iVoox y Spotify:

iVoox: https://www.ivoox.com/strongmidgardian-la-individualizacion-es-clave-todo-audios-mp3_rf_62260047_1.html

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Dolor, Ejercicio, Fisioterapia, Lesión, Miedo, Movimiento, Salud

El lenguaje es muy importante, y hay veces que su uso por parte del fisioterapeuta no ayuda a mejorar la relación con el paciente, e incluso puede dar lugar a efectos adversos sobre el tratamiento.
En este último caso, hablamos de mensajes nocebos.


Los mensajes nocebos son mensajes que, transmitidos por un profesional, producen efectos nocivos en los pacientes, ya sea por aumentar su miedo, o por ir contra las creencias respecto a un tratamiento determinado.


Esto debe explicarse con más detenimiento, y es que es importante entender que el poder de las palabras se hace mayor cuando las transmitimos desde una posición «de poder», como es la que nos otorga nuestro perfil sanitario.


De este modo, aquello que digamos a nuestro paciente será tomado, en la mayoría de casos, como una realidad, y es importante que ésta vaya acorde con los pensamientos del paciente, o podremos provocar en él problemas serios que interfieran en su tratamiento.


No hablo de reducir o simplificar el mensaje, pues como veréis a continuación la mayoría de mensajes son sencillos y fáciles de entender. Pero lo que es importante es no hacer afirmaciones que puedan ser parciales o contener algún tipo de mensaje «fragilizante«.


Así, dar por seguras ciertas cosas, como los tiempos de recuperación, el origen del dolor, o la conveniencia de ciertas posturas, pueden ser mensajes malentendidos por el paciente, por lo que debemos controlar su uso.


A su vez, es importante que el paciente tenga claras ciertas premisas, como lo son la incertidumbre asociada a todo proceso de recuperación, y su fuerza para superar la adversidad.
Este tipo de mensajes son mucho más positivos, y podríamos considerarlos «empoderantes«, ya que en gran medida van a reforzar las actitudes del paciente que le ayuden en su recuperación.


Algunos de los mensajes que me gusta aclarar a los pacientes, descartándolos antes de iniciar todo tratamiento, son los siguientes:

1. Cuándo vas a recuperarte

Nadie puede asegurarte cuánto tiempo tardarás en salir de una lesión, o en librarte del dolor.


Estos procesos son complejos, y hay muchos factores que pueden interferir. Es por ello que el papel de un fisioterapeuta no está en hacer pronósticos, sino en intentar acompañarte durante todo el proceso, haciéndote partícipe del mismo.


Como terapeuta, intento siempre hacer entender al paciente que todo proceso de recuperación no es lineal, y que es complicado determinar una fecha exacta de vuelta «a la normalidad».
Por otro lado, sí que me gusta tranquilizar a los pacientes, haciéndoles ver que nada dura para siempre, y que tarde o temprano se saldrá de esa situación.


Para ello, es importante ponernos metas a corto y largo plazo, y ajustarnos a ellas a la hora de realizar los tratamientos. De este modo, mientras vamos cumpliendo objetivos más pequeños, no dejamos de poner el foco en el objetivo mayor, sin obsesionarnos por llegar cuanto antes.

A este respecto, escribí una entrada hace un tiempo, en la que hablaba de cómo funcionan los procesos, y de la importancia de no obsesionarnos con el resultado final, y disfrutar en su lugar del camino hacia la cima.

2. Por qué te duele

Esta es una pregunta recurrente, y muy difícil de responder.


El dolor es una experiencia personal, y tiene muchos factores que pueden influenciar en su aparición.


Si bien en algunos casos la lesión y el dolor están íntimamente relacionados, en muchos otros casos no sucede así, y esto nos puede complicar a la hora de determinar el origen del dolor.


Es en estos casos cuando más cuidado debemos tener con los mensajes que enviamos a los pacientes, ya que el hecho de no entender el origen y el por qué de su dolor puede suponer un factor de riesgo para el propio dolor.

Suena paradójico, ¿verdad? Pero tiene su lógica.


Uno de los determinantes del dolor es el miedo, y éste se relaciona íntimamente con la incertidumbre, que es la sensación de falta de seguridad o confianza sobre algo (en el caso de los pacientes, sobre su propio dolor).


El manejo de esta incertidumbre pasa por reconocer que no sabemos exactamente qué produce el dolor del paciente, pero que ésto no es demasiado importante cuando hablamos de dolores de larga duración.


De este modo, en estos pacientes será imprescindible «desviar» el foco del tratamiento del propio dolor, y centrarnos en los factores que pueden estar ocasionando dicha condición


Y dentro de estos factores entran todo tipo de condicionantes, desde los sociales, los culturales y los psicológicos.


Por ello, cuando te hagan esta pregunta, ¿por qué me duele?, no corras a buscar respuesta, y entiende el contexto de tu paciente antes de apresurarte a contestarle.

3. Estoy seguro de que te vas a recuperar

En línea con lo comentado en el punto anterior, dar certezas de seguridad sobre algo que no sabemos con seguridad es peligroso.


La recuperación no es algo que dependa al 100% de nosotros, por lo que no podemos asegurar el desarrollo de la misma.


El hecho de decirle esto a los pacientes puede jugar en nuestra contra, ya que en algunos casos, más de los que pensamos, podremos no conseguir nuestros objetivos, y se nos podrá culpar de dar falsas esperanzas.


Por ello, y conforme a lo dicho en el primer punto, aclararle a los pacientes que la recuperación no está nunca asegurada, ni que será una línea recta, es un punto clave para aclarar antes de comenzar el tratamiento.


Y, en ese sentido, será muy importante para reforzar la confianza del paciente, ya que este nunca dudará de nosotros, incluso en los momentos en los que su recuperación se estanque.


No obstante, si le aseguramos la recuperación y en algún momento nos estancamos en la misma, la confianza se habrá deteriorado, y habremos perdido la alianza con nuestro paciente.

4. Si haces estos ejercicios, no tendrás dolor

Otra frase célebre de muchos terapeutas, que nos encanta utilizar para hacerle ver al paciente que el ejercicio es clave en toda recuperación.


Sin embargo, y por muy buena que sea la intención con estas palabras, afirmar que existen ejercicios que «evitan» el dolor, o que pueden «prevenir lesiones» es algo a evitar.

Esto se debe a que la lesión es un juego de probabilidad, y es imposible, por muy bien que entrenes, evitarla con ejercicios o cualquier otra intervención.


Obviamente cuanto más en forma estemos, menos probable será la lesión. Pero no podremos asegurar nunca que ésta no se vaya a producir (como decía antes, no podemos asegurar nada que no depende de nosotros).


Como parte de la educación y rehabilitación, le haremos entender al paciente este aspecto, eliminando la creencia de que existan ejercicios «preventivos» o «correctivos», y cambiándola por ejercicios que «reducen la probabilidad de lesión».

5. Con esa postura es normal que te duela

Y para terminar, la joya de todas las frases nocebo que pueden existir.


Y es que no, no existe una relación entre una mala postura, y el dolor. Más bien, una mala postura es consecuencia de tener dolor.


Las formas de prevenir el dolor no pasan por corregir la postura, sino por otras muchas, como son el aumento de la actividad física, el control de ciertos factores psicológicos o incluso el control de la alimentación (esta última, depende enteramente del nutricionista – DI NO A LOS INTRUSOS).


Por ello, no te preocupes tanto de cómo te sientas en la silla del trabajo, o en buscar un cojín que mantenga tu columna «alineada», y céntrate más en moverte a menudo, levantarte de la silla tras varias horas de trabajo, y no comer en exceso.

Recuerda: El lenguaje es poderoso

Como profesionales sanitarios debemos controlar lo que decimos, y es importante que los pacientes también conozcan la realidad detrás de ciertos mitos que circulan por ahí.


Por ello, animo a quien quiera a contactarme si tiene alguna duda respecto a su lesión o dolor, y a no tener miedo de los mensajes referidos en este post.


Recuerda que eres más fuerte de lo que te han hecho pensar, y repítetelo para que no se te olvide.

Gracias por leerme, espero que te haya gustado. Como siempre, te mando un abrazo, y #MueveteMucho .

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