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Fisioterapia

Hoy vengo a hablar de la diferencia entre lo útil y lo valioso, y cómo esta diferenciación a veces se hace imposible en muchos ámbitos de la vida, incluida la fisioterapia.
Y es que a veces nos cuesta poner en valor el precio que cobramos por nuestro trabajo, y es un problema que debemos aprender a gestionar.

En nuestra profesión, que se desarrolla mayormente en el ámbito privado, debemos enfrentarnos a la mercantilización de la salud, lo cual choca muchas veces con la vocación de sanitarios.

Sobre esto hablé en el programa número 15 de #Fisiolosofía , Hemos perdido el foco, en el que ahondé en la necesidad de alejar la fisioterapia del mero beneficio económico (sin dejarlo de lado, pues el sistema nos exige unos mínimos de productividad y capitalización).


Hoy quería ahondar en esta idea de productividad, utilidad y valor, para ver si puedo aclarar mejor la diferencia entre estos conceptos, y de alguna manera hacer que tú que me oyes o lees, empieces a entender la diferencia entre algo que puede ser útil para tu día a día, y algo que es valioso y merece la pena.

La utilidad de lo inútil

Nuccio Ordine escribió un magnífico ensayo titulado «La utilidad de lo inútil», donde nos invita a abandonar la visión mercantilista de nuestra sociedad, y empezar a dar valor a aquellas cosas que nos puedan parecer «inútiles».

“En el universo del utilitarismo, en efecto, un martillo vale más que una sinfonía, un cuchillo más que una poesía, una llave inglesa más que un cuadro: porque es fácil hacerse cargo de la eficacia de un utensilio mientras que resulta cada vez más difícil entender para qué pueden servir la música, la literatura o el arte.

Nuccio Ordine

En dicho ensayo, ahonda en el concepto que hoy os traigo, desglosando la necesidad de reubicar, mental y socialmente, las humanidades dentro del sistema económico.

Para ello, según el autor, es necesario empezar a dar valor a aquellas artes que no parecen útiles, porque su practicidad no es inmediata o tangible.

Para Nuccio, la utilidad de las cosas se mide por lo que éstas pueden hacer en el mundo material en que desarrollamos nuestra actividad (y que es la base del sistema económico actual).


Por eso, todo aquello que es intangible no resulta útil en esta sociedad, y queda relegado a un segundo plano (tanto económico como social).


En este plano quedan las artes, la música, la pintura, también la filosofía. Pero también quedarían relegadas del utilitarismo artes tan básicas como la buena salud.

Hoy quiero hablar de ello, e invitaros a reflexionar sobre cómo valoramos realmente el estar sanos, y si la medicina ha perdido esa percepción de lo valioso frente a lo útil.

¿Más vale prevenir que curar?

En el libro Cisne negro, Nassim Taleb desarrolla una idea que podría relacionarse con este dicho popular: Cómo el prevenir un evento negativo no es valorado de la misma manera que la actuación ante un evento negativo, como un desastre natural (la pandemia de Covid sería un ejemplo claro), o un ataque terrorista.

Y es que nadie pone en valor que llevamos cientos de años sin una pandemia global, lo único que sirve a nuestra mente son las medidas cuando esa pandemia ya es una realidad.


Esta ha sido, en general, la forma de afrontar los problemas en medicina


No solemos enfocarnos tanto en prevenir el mal, en procurar una buena base saludable para evitar enfermar en el futuro.

En ese sentido, aún hoy la salud se entiende como «ausencia de enfermedad», en lugar de valorarla como el conjunto de cualidades que nos permiten desarrollar nuestra vida sin complicaciones, de manera plena (sobre esta salud completa también tengo un episodio en el podcast, por si le quieres echar un oído, es el programa Qué es salud.

¿Cuánto vale la salud?

Aquí, para concluir, debo reivindicar el precio que ponemos a las consultas de fisioterapia, así como al tremendo valor que estas suponen para los pacientes.


Cuando acudes a fisioterapia con dolor, lo haces porque esperas que tu vida mejore, que el dolor se elimine.
Pero deberías tener presente que la manera de que ese dolor no vuelva no es únicamente ir al fisio una vez al mes, sino dejarte guiar por él para que pueda evaluar tu situación, y recomendarte las mejores pautas (siempre que se pueda, basadas en el movimiento) para evitar que ese dolor vuelva.


Empecemos a ver el valor que tienen las cosas, y no miremos solo el precio. Hay cosas muy valiosas, que no tienen un precio: La confianza, el trato personalizado, el tiempo invertido, las horas de estudio que hay detrás de cada razonamiento.


Todo esto son añadidos a un tratamiento que, por lo demás, no termina cuando el paciente sale de la sala de terapia, sino que continua fuera: Por parte del paciente, dedicando más tiempo a su propia salud, y por parte del profesional, que dedicará el tiempo que pueda a ahondar en el caso y hacerlo, si puede, mejor la próxima vez.

La buena salud es muy barata

Y con esto concluyo, recordándoos que, obviamente, en todas las profesiones hay malos profesionales, y hay detrás muchos intereses económicos.
Pero la confianza es la base de todo tratamiento, y si tu fisio te la transmite, ten fe en tu instinto.


Por otro lado, si no tienes dinero para pagar un fisio, ten claro que éste no es imprescindible en tu salud, con honestidad te lo digo.
Estaré encantado de ayudarte, y siempre tendrás mi consulta abierta para atenderte, pero ten claro que, si te mueves lo suficiente, si cuidas tu descanso y tu alimentación, y mantienes la calma ante el dolor, muchos de tus problemas se van a solucionar con el tiempo.


Ante todo, ten paciencia, pide ayuda si la necesitas y, como siempre os digo: #MueveteMucho .


Gracias por leerme, como siempre. Te mando un abrazo y te deseo una buena salud.

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Fisioterapia

Estamos obligados a aprender, y aceptar, que no siempre las cosas salen bien, que vamos a fracasar.
No es nada fácil, y hoy quería hablar sobre ello, ya que es algo que tengo muy presente en clínica.

¿Por qué, haciendo lo mismo, dos pacientes no responden de la misma manera? ¿Por qué somos capaces, con el tratamiento más sencillo, de mejorar y aliviar a nuestro paciente, mientras otras veces nos resulta imposible, aún usando las técnicas más novedosas y complejas?


Muchas preguntas surgen cuando un paciente falla, o cuando algo no funciona. Da igual en qué ámbito, el fracaso es algo con lo que es difícil lidiar.


Hoy intentaré hablar de esto, del fracaso, desde mi visión personal. Y también intentaré hacer una pequeña reflexión sobre cómo me planteo el fracaso y esa aceptación.
Porque sí: El fracaso no hay que superarlo, a veces solo queda aceptar que la hemos cagado, que no ha funcionado, y que debemos aprender de lo que hemos hecho.

Las derrotas nos enseñan aún más que el mejor entrenamiento, ¡y a ti jamás te han derrotado!
¿Acaso no sabes qué significa el afán de superación?
Desconoces muchas cosas porque jamás ha sufrido por ellas

Sant Seiya, Los caballeros del Zodiaco.

Sé tu mismo, deja las expectativas de lado.

No sé exactamente qué es lo que más me frustra de fallar con un paciente, o de sentir que no he podido darle lo que necesitaba (o quería).


Si me pongo a analizarlo, creo firmemente en casi todo lo que hago, y le pongo empeño a dar el 100%, pero aún así hay veces que nada parece funcionar, y me fastidia sobremanera.


Creo que mi miedo al fracaso se relaciona con mi miedo a decepcionar, con esa voz que me dice «No sé si seré capaz de no decepcionar» :

Es una voz que está en el fondo de mi psique, que a veces lo inunda todo, y se hace insoportable.
Es una sensación constante de ser juzgado por lo que haga o diga, por tener que contentar a otros con mis acciones.
De sentirme mal por ponerme delante de las opiniones de los demás, de sus expectativas.


Y esto es un error, porque no vamos a conseguir nada si no somos la mejor versión de nosotros. Porque si no sacamos a relucir nuestra luz, no vamos a ser capaces de iluminar el camino de aquellos a quien queremos ayudar.

Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados.

Nuestro miedo más profundo es que somos poderosos sin límite.

Es nuestra luz, no la oscuridad lo que más nos asusta.

Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y fabuloso?

En realidad, ¿quién eres tú para no serlo?

Eres hijo del universo.

El hecho de jugar a ser pequeño no sirve al mundo.

No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas cerca de ti no se sientan inseguras.

Nacemos para hacer manifiesto la gloria del universo que está dentro de nosotros.

No solamente algunos de nosotros: Está dentro de todos y cada uno.

Y mientras dejamos lucir nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a otras personas para hacer lo mismo.

Y al liberarnos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente libera a los demás.

Nelson Mandela

Miniguía de la aceptación del fracaso

Cuando fracaso, hay ciertas prácticas que me sirven para evitar pensamientos negativos, que puedan alejarme de mi mejor versión.

Porque, como decía antes, si nos dejamos hundir por nuestros errores, en vez de aprender de ellos, nos empequeñecemos, y hacemos más lúgubre el universo: No hay nada honroso en hacerse pequeño, en limitarse.
Así que lucha por aprender de cada fallo, y salir lo más fuerte posible de ese bache.
Espero que esta guía te sirva de inspiración. Es lo que a mi me funciona, pero no es una biblia ni un método a seguir. Busca lo que mejor se amolde a ti, y luego vive de acuerdo a tus propias normas.


Sin más, aquí os la dejo:

  1. Acepta que es parte del proceso. Vas a perder muchos pacientes, igual que otros tantos van a volver y recuperarse. Sé realista, y entiende que vas a fallar muchas veces, porque no lo sabes todo. Y eso está bien. Tómalo como una lección, y hazte fuerte ante la adversidad.
  2. Prepárate. Ten presente que el fracaso va a llegar. Estate preparado para este día, analiza tus posibles respuestas, e intenta que estas sean acordes a una persona íntegra y segura de sí misma.
    El fracaso, como el éxito, es solo parte del camino.
  3. No te cuestiones a ti mismo, cuestiona tu actuación concreta con ese paciente. Puede que ese día no estuvieras acertado, puede que ese paciente no encajara contigo.
    Hay muchas razones por las que un tratamiento no funciona, pero no creas que es una cuestión exclusivamente personal, y ten en cuenta el contexto que rodea a cada sesión.
  4. Aprende de tus errores. Lo más importante de caer es aprender a levantarnos. Las caídas son necesarias para aprender, y el único tonto es aquel que se hunde en su caída y no es capaz de aceptarla y superarla.
    Hazte fuerte a base de fallar.
  5. Busca apoyo. Si crees que no puedes superarlo solo, busca ayuda de otros profesionales que puedan estar en tu misma situación. Te darás cuenta de que no estás solo, y que el fracaso también es parte de tu trabajo.
    (Y si crees que este sentimiento puede ser un impedimento en otras áreas de tu vida, plantéate la posibilidad de contactar con un profesional que pueda ayudarte a gestionar esas emociones negativas).


Espero que estos pequeños consejos os sirvan, y si no, al menos me habrán servido a mi para aclararme las ideas, ya que soy el primero que necesita desahogarse a veces, y uso este espacio para ello. Entiendo que, además, me hace conectar con otros compañeros y sentirme menos solo en esta carrera tan bonita y difícil que es la fisioterapia.


Confío en que os haya gustado, y nos vemos en el próximo post. Como siempre, te mando un abrazo y te recuerdo: #MueveteMucho

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Fisioterapia

El ser humano siempre ha buscado comprender cómo funciona el mundo, y darle un sentido a todo lo que sucede en él.

El lenguaje es la forma que tenemos de construir nuestro mundo, y nuestra realidad. Con él, damos forma a lo que vemos y sentimos, y conocemos el mundo a través de su estructura.

Con su uso, encapsulamos las interpretaciones que hacemos de la realidad, confundiendo esa interpretación con la realidad misma.

Buscamos ordenar el mundo, la realidad que vemos, a través del lenguaje, limitando nuestra percepción a lo que es expresable con palabras.

Esto limita nuestra percepción, pues hay cosas que no se pueden describir con palabras, y si nos limitamos al lenguaje, estas sensaciones quedarán fuera de nuestra realidad, no las consideraremos como algo real.


Es por eso que me gusta tanto leer, y ampliar así mi vocabulario y mi forma de definir e interpretar el mundo.

Algo similar sucede cuando aprendes una lengua nueva: No solo aprendes a comunicarte con otras personas que la hablan, sino que amplías tu campo de conocimiento y acción, dando lugar a un entendimiento más amplio de la realidad.

El lenguaje determina la realidad

El lenguaje determina nuestra percepción del mundo, y un ejemplo claro de esto es la muerte.

La muerte es un evento absoluto, el fin de la vida.

Pero la palabra «Muerte» puede tener un significado diferente en función del contexto donde se pronuncie.

Hay culturas para las que la muerte no es más que el principio del camino, y es donde todo empieza. Para otros, la muerte es el final de la vida, la meta final.


Cuando hablamos del dolor, sucede algo similar. Porque hay muchos tipos de dolor, y cada ser lo vive de una manera diferente.


Limitar el dolor a la propia palabra, deja fuera muchos ámbitos que envuelven al dolor, y limitan la experiencia dolorosa del ser.

Pongamos un ejemplo: ¿Acaso los animales no tienen dolor? El no poder expresarlo con palabras, tampoco es sinónimo de que no puedas sentirlo, de que no sea real.


El problema viene cuando los seres humanos, en nuestro afán de racionalizarlo todo, buscamos una definición para cada cosa que nos ronda la mente, incluído el sentimiento doloroso.

Y es un problema porque este «dolor» (como palabra) será diferente para cada persona, y su definición no se puede limitar a la que da el lenguaje.

Al final, definir es limitar. Y debemos ser justos en este sentido, e individualizar la experiencia dolorosa de cada uno.


Por eso las etiquetas diagnósticas son tan peligrosas: Limitan la experiencia dolorosa al síntoma, a la patología, dejando de lado todo el contexto que envuelve al paciente, que deja de ser paciente para convertirse en su problema (Rafael, María o Laura pasan a ser tendinopatia, dolor crónico y fibromialgia).


Así, queriendo utilizar el lenguaje para describir a nuestro paciente, lo acabamos limitando e identificando con su patología, y esto puede tener consecuencias muy negativas para la persona.

La filosofía como herramienta para entender el dolor

Llegados a este punto, me gustaría que tuviéramos en cuenta el papel de la filosofía, como ciencia que estudia la causa y el origen de todas las cosas desde la razón, en el estudio del dolor.


Para mi la filosofía y la fisioterapia, como ciencia de la salud, están muy relacionadas: Estudiamos el dolor, el bienestar, y no lo limitamos a una sola esfera (física, mental o social), sino que buscamos la globalidad y la totalidad- siendo conscientes de la imposibilidad de hacerlo, poniendo coto a nuestros propios límites mentales (dentro de estos límites también se incluyen los límites del lenguaje).


Nunca podremos conocer el dolor de una persona, no podremos alcanzar ese nivel de verdad, porque el dolor es una experiencia que está dentro de su ser, y que es difícil describir con palabras.

Podemos intentarlo, encerrar esa experiencia en las palabras, pero aún así la auténtica verdad queda dentro de la conciencia y la realidad individual de la persona que sufre dolor.

Esta cuestión fue desarrollada por Nietzsche en su crítica al lenguaje, al que consideraba una herramienta limitante, en tanto que nos obligaba a pensar dentro de las paredes de las propias palabras nos ofrecían y, por tanto, nos impedían conocer la realidad pura, sin artificios ni adornos.


Nietzsche nos invitaba a pensar fuera de los límites del lenguaje, algo imposible si tenemos en cuenta que lo que queda fuera del lenguaje realmente no es interpretable, puesto que no se puede conocer lo que no se puede definir (O al menos, así lo considera Wittgestein, otro filósofo alemán que desarrolló numerosas teorías sobre los límites del lenguaje).

Por su parte, Wittgenstein hace referencia a la necesidad de entender el lenguaje dentro de su contexto. De este modo, «dolor» puede ser algo diferente en función de quién y cómo sea pronunciado.


He aquí la importancia de intentar comprender a la persona con dolor, y no al dolor por sí solo. Es imposible aislar el uno del otro, y será necesario integrar a ambos dentro de nuestra mente para poder llegar a comprender mejor el dolor de la persona, o más bien, a la persona con dolor.

El dolor siempre será un gran desconocido

En línea con lo expresado por los filósofos alemanes, pretender conocer el dolor, saber cómo se desarrolla y qué facetas tiene, es pretencioso, y nos conducirá a error continuo, por lo expresado anteriormente.


Esta imposibilidad de conocer, de saber al 100%, desarrollada por Nietzsche, y que es característica del Nihilismo, podría llevarnos al desánimo y a la rendición.
¿Por qué buscar respuesta a aquello que no lo tiene?.


No obstante, Nietzsche no niega la verdad, sino que cuestiona la capacidad humana de alcanzarla.

Así, nos invita a no dejar de buscarla e intentar alcanzarla , aunque en sí misma no se pueda poseer (sea por la limitación del lenguaje, o por la inexistencia de esa verdad).

En esa búsqueda continua encontraremos la motivación para avanzar, para seguir buscando respuesta, en un ciclo virtuoso que nos llevará más allá, y hará nuestra realidad mucho más amplia.


Continúa aprendiendo y leyendo sobre el dolor, entiende cómo funciona en otros contextos y otras lenguas, cómo hay culturas donde dolor puede no implicar sufrimiento, sino crecimiento. Y con todo ello, intenta conocer mejor cómo se comporta y cómo puede vivirlo la persona que se presenta ante ti con su propia experiencia dolorosa.


Por otro lado, no limitemos el dolor al lenguaje, no le dibujemos barreras y lo encerremos con términos, pues hay cosas que no se pueden decir con palabras.


Al final, nuestro lenguaje delimita los límites de la realidad. Vamos a sentir, percibir, interpretar la realidad de manera diferente en función de cuál sea nuestro lenguaje.


Como veis, el dilema sobre el lenguaje ha estado muy presente en estos dos autores, y es algo que aún hoy genera reticencias y que se intenta estudiar desde la filosofía.


Como digo, es una cuestión intrincada, a la que no pretendo dar solución, sino más bien intentar comprender su complejidad y trasladarla al mundo.

Es más. creo que dar solución a este dilema no es posible, pues sigue quedando dentro de los límites del propio lenguaje.

Las cosas son sin la necesidad de señalarlas. Apartarse del lenguaje, sabiendo que las cosas son aunque no las nombremos, nos va hacer presente que el lenguaje nos limita y nos determina la forma en que vemos el mundo.


Espero no haber complicado mucho mi reflexión sobre este tema, ya complejo de por sí.

Espero que te haya gustado tanto como a mi escribirlo. Te espero en el siguiente post, y te recuerdo: #MueveteMucho

Referencias del artículo:

Lenguaje y comunicación en Wittgenstein

De Wittgestein a Nietzsche

Definir es limitar

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Dolor, Fisiolosofia, Fisioterapia, Movimiento, Podcast, Salud

¿Es la ausencia de dolor, la no-enfermedad, o «lo normal»sinónimo de salud?
Debemos aceptar que la salud no es algo concreto, sino un proceso de aprendizaje y cambio continuo que durará toda nuestra vida.

Muchas veces me he preguntado, ¿estaré sano?
Yo no me siento mal, no me siento enfermo ni noto ningún problema interno. No tengo dolor, no me siento triste ni decaído, tengo energía, y vivo relativamente tranquilo.

Quizá sea eso tener salud. O quizá lo sea vivir en una isla alejado del mundo, bebiendo zumos de coco y tomando el sol.
O quizá sea disponer de tu propio tiempo, controlar tu cuerpo, ser dueño de tu vida.


Bueno, creo que hay muchas posibles definiciones de salud, y por eso hoy vengo a exponer la mía, que puede o no estar de acuerdo con la tuya.

La salud es una etiqueta, igual que la enfermedad.

Según el diccionario, Salud es el estado en que un ser u organismo vivo no tiene ninguna lesión ni padece ninguna enfermedad y ejerce con normalidad todas sus funciones.


Sin embargo, a mi esta definición se me queda algo corta, y es que se limita a definir con palabras un término que, en mi opinión, es más bien subjetivo y difícil de conceptualizar.

Para mi, salud tiene más que ver con sentirse sano, bien con uno mismo, que con tener todas tus funciones «en orden».


Y es que estoy cansado de ver pacientes con dolor a los que se les ha dicho que «están perfectamente», porque los resultados de sus pruebas son «normales», donde todo está «en orden», y por ello no han recibido la atención que merecían, a pesar de sentir que no estaban bien y que algo fallaba.


Y aquí entro en un terreno peliagudo, porque el estar enfermo también es una etiqueta, y bastante peligrosa, pues lleva adheridas muchas creencias negativas – incapacidad, debilidad, déficits.

E, igual que debemos re-enfocar la salud hacia la función y el bienestar, deberíamos hacer lo propio con la enfermedad, considerándola un estado transitorio y, en ocasiones, necesario como parte de una mejor salud (la hormesis y la antifragilidad nos enseñan que un cuerpo se hace más fuerte, esto es más sano, cuando ha pasado por las dificultades y ha sido capaz de mejorarse a sí mismo a través de ellas.)

De este modo, salud y enfermedad son estados fluidos del ser, no son estados fijos que podamos medir objetivamente (aunque desde las ciencias de la salud nos empeñemos en ello, poniendo etiquetas a todo lo que sucede a nuestros pacientes).


Entender la salud y la enfermedad como parte de un todo lo complica un poco, ¿verdad?

Quizá haya que desechar la idea de Salud o enfermedad, y limitarnos a hablar de estados de bienestar o malestar, donde podamos determinar qué nos hace sentir a gusto con nosotros mismos, y qué nos aleja de nuestra autoaceptación.

¿Qué aspecto quieres tener dentro de diez años?


Así, debes plantearte qué es lo que te hace sentir bien, no solo en el momento, sino a lo largo de tu vida. Vete con tu mente a dentro de 10 años, y piensa qué podrías hacer hoy para verte bien, o qué puedes cambiar para no verte en situaciones que hoy no se te hacen fáciles.

Y construye desde ahí, teniendo en mente todo el camino que habrás de recorrer, y que no será fácil, ni corto. Pero hará la aventura de vivir mucho más duradera y digna de disfrutar.

Y te lo digo en serio, si quieres vivir plenamente, no puedes renunciar a la salud, es un compromiso no ya a largo plazo, sino para toda la vida.

Plantéate la salud como un continuo en tu vida, como tu nueva forma de ser, y actúa en consecuencia.

Llegados a este punto, quizá deberíamos pararnos un momento, y analizar si todo lo que estamos haciendo contribuye a sentirte mejor (física, mental, espiritualmente). Y, si no es así, deberías apartarlo de tu vida: Comida basura, tabaco, alcohol, relaciones tóxicas. ¿En qué modo esto contribuirá a tu mejor yo futuro?


Y ojo, no te pido que vivas una vida aburrida, ordenada y sin sobresaltos. Que abandones a tus amigos porque van de cervezas los viernes, en vez de entrenar. O que no te tomes esa hamburguesa porque «engorda». No me malinterpretes, no te pido eso, porque eso sería contraproducente con la salud (toda obsesión se convierte en un problema de salud, mental y/o física).


Lo que si te pido es que pongas tu salud en el centro, y analices qué actos te acercan a sentirte bien, y cuales no (no solo a corto, sino a medio y largo plazo – recuerda tu imagen en 10 años).

Quizá tomarte unas cuantas cervezas sea una buena idea, pero no lo será si te bebes tres barriles (y notarás los efectos nocivos de esto no en 10 años, sino en 10 horas).

Tampoco comer una hamburguesa de vez en cuando va a matarte, pero sí lo hará si lo conviertes en tu menú del día (de nuevo, piensa en ti dentro de 10 años, y mira cómo estarás si te dedicas a comer basura todos los días).


Por otro lado, tampoco te obsesiones con el cuerpo o el entrenamiento. Es una parte vital, pero tómatelo con calma, y disfruta del proceso.

Lo mejor es que busques un deporte que te guste, y lo complementes con ejercicio de fuerza 2/3 veces a la semana. No debe ser algo complejo, solo levantar unos cuantos kilos y a seguir con tu día. Quién sabe, ¡igual hasta descubres que te gusta!

Quizá poner la salud en el centro sea la mejor manera de vivir nuestra vida con plenitud. Porque la vida, sin salud, es menos vida.

Aprovecha ahora, que aún no estás enfermo, y analiza si realmente estás sano (recuerda que la ausencia de la etiqueta «enfermo» no implica directamente estar sano).


Por ello, disfruta de la buena compañía sin complejos, come rico y sano, y, como siempre digo, #MueveteMucho

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Dolor, Fisiolosofia, Fisioterapia, Movimiento, Podcast, Salud

Muchas veces, los tratamientos en fisioterapia se basan en abordajes complejos, con gran cantidad de maquinaria y poca atención centrada en el paciente. Hoy vengo a reflexionar sobre la importancia (y la dificultad) de ser «más naturales», y dejar de centrarnos en resultados económicos o estéticos.

Hace unas semanas mantuve una conversación con un proveedor de fertilizantes que me hablaba de su novedoso sistema para nutrir el suelo, y mejorar así la calidad de los cultivos.


En su sistema, unas bacterias colocadas sobre el suelo eliminaban el exceso de nitrógeno y otras sustancias adheridas a las raíces de las plantas, mejorando la absorción de los nutrientes presentes en los abonos.


Con este método, se evitaría el exceso de abono, produciendo no solo un ahorro económico, sino una mejora de la calidad del suelo donde las plantas se desarrollan.


Esto es debido a que, entre otros componentes, los abonos contienen nitrógeno. Este nitrógeno, cuando no es absorbido por la planta (lo cual sucede si las raíces de la misma no son eficientes), se filtra hacia el suelo y contamina.


Gracias a este novedoso sistema, las plantas se volverían más eficientes, tendrían una mejor absorción del nitrógeno, y se disminuiría la contaminación. Además, mejoraría la salud de las plantas y el cultivo sería mucho más natural, sin necesidad de usar fertilizantes ni productos químicos que mejorasen la absorción de nutrientes.


Parece un plan perfecto, ¿entonces por qué no se aplica desde ya?


Bueno, más allá de la falta de investigación sobre el tema, el principal problema es que no hay un gran interés económico (todavía) detrás de esto, por lo que los beneficios no son tantos a nivel empresarial.


Traigo a colación este tema porque me recordó un poco a lo que sucede en algunas clínicas de fisioterapia, y a cómo algunos profesionales de nuestro campo piensan más a corto plazo que a largo.


En pocos lugares se busca la mejora de la calidad de vida del paciente (esto sería, una mejor absorción de nutrientes), y en muchos el principal objetivo es disminuir el dolor (esto es, abonar aún más la planta) sin tener en cuenta las causas de ese dolor o las circunstancias del paciente.


De este modo, la fisioterapia a veces se vuelve una máquina de producción que mira más por el interés económico que por la salud y el bienestar.


Mi visión de la salud es similar a la que este hombre tenía con los cultivos: Es mejor hacer las cosas un poco más lentas, con unos márgenes de beneficios más leves, si esto sirve para mejorar la vida de las personas a largo plazo.


Si algún día tengo mi propia clínica, espero no abandonar los principios que me guían hoy, y aceptar que el respeto por la naturaleza debe ser una base de mis tratamientos.


Y cuando hablo de respetar la naturaleza, hablo de hacer tratamientos enfocados en la persona, no en el dolor o en la patología.


Creo que hemos perdido el foco, y que muchas veces complicamos en exceso los tratamientos.


Creo que porque nos cuesta aceptar que, muchas veces, nuestros tratamientos no son tan eficaces, sino que es nuestra propia humanidad la que cura. La sinceridad, la confianza, y el amor que pones en los tratamientos son muchas veces más eficaces que todas las técnicas que apliques.


Simplificar la fisioterapia no implica que ésta sea fácil, o que cualquiera pueda hacerlo. Pero sí creo mejorar la vida de los pacientes puede conseguirse de manera que se respete la naturaleza humana.


Obviamente el conocimiento es importante, y tener muchas herramientas puede ser útil. No descartes estudiar acerca de diferentes abordajes, ya que nunca sabes cuándo pueden servirte.


Pero, lo que sí considero que debemos hacer, es cambiar nuestra visión sobre el «paciente – clavo».

Si tu única herramienta es un martillo, todos tus pacientes serán clavos.

Ten en cuenta que cada paciente es diferente, y que su experiencia sobre el dolor es cambiante.

No puedes pretender tener un método, o una forma predeterminada de tratarle. Porque la respuesta a cada tratamiento es tan cambiante, que ninguna de las variables que controles podrá asegurarte el éxito.


Quiero recalcar la necesidad de seguir estudiando y formarse. El razonamiento y el diagnóstico son claves a la hora de abordar al paciente, y no podemos esperar ayudar a alguien si no sabemos qué le pasa.

Dar palos de ciego no es una opción válida, nunca.


Pero también quiero insistir en la necesidad de ser más humanos, de ser buenas personas, para hacer que nuestros pacientes mejoren sin necesidad de inventar métodos o técnicas específicas.

Luchar contra el sistema… suena más fácil de lo que es

Dicho todo lo anterior, quería también reflexionar acerca de la dificultad de aplicar este tipo de ideas en el contexto en que nos movemos.


Soy el primero que, muchas veces, siente que no aprovecha bien el tiempo dedicado al paciente, y veo cómo pierdo las sesiones sin realmente producir un cambio profundo en mis pacientes.


Es difícil hacerlo cuando tienes 12-13 pacientes en un días, todos seguidos y sin apenas tiempo para parar a hablar con ellos.


Entiendo que la situación de cada uno es diferentes, que las expectativas del paciente muchas veces nos juegan una mala pasada.


Pero debemos luchar con las armas que tengamos, en cada momento que nos lo permitan, para inculcar a nuestros pacientes la necesidad de ser los dueños de su propia salud, y de recuperar lo que nunca debió dejar de ser suyo: Su bienestar.


No te frustres si no lo consigues con todos, pues eso es algo que directamente es imposible. Pero felicítate si lo haces con 1 o 2 a la semana, porque habrás cambiado más vidas que si te limitaras a seguir la corriente, a ser un «pone- corrientes» más, y a no luchar por lo que crees.


Continúa formando alianzas con tus pacientes, siendo relevante para ellos.

Estamos condenados a un sistema que nos oprime, intentemos resistir aunque sea a pequeña escala.

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Ejercicio, Fisioterapia, Lesión, Movimiento, Salud

A veces es más importante saber gestionar la carga que metemos al cuerpo, frenarnos un poco, y tomar carrerilla para salir más fuertes, que cualquier otro tratamiento.
A veces, dar un paso atrás puede ayudarnos a dar dos hacia adelante…

¿Has sentido alguna vez que llegabas al límite de tus fuerzas, que tu cuerpo no podía tirar más, y aún así has forzado?


Hay ocasiones en las que este límite se hace evidente, sobre todo cuando entrenamos a menudo. Nos motivamos con esa serie super pesada, subimos kilos a la barra… y nos rompemos.


Y ahí, en ese momento, nos hacemos conscientes de que quizá no deberíamos haber forzado, que esos 10 kilos más no eran necesarios.

Pero cuesta mucho darse cuenta de esto, y es tarea del fisioterapeuta pararnos a hablar sobre ello, e intentar hacer consciente la necesidad de frenar un poco (que no pararnos).

Frena un poco, antes de que te paren

Síndrome de sobreentrenamiento, qué es - Ejercicio y deporte
Debemos conocer los peligros del sobreentrenamiento

El sobreentrenamiento es una respuesta maladaptativa del organismo al estrés continuado que supone el ejercicio físico, y es algo que debemos tener muy presentes como profesionales de la salud.


En este blog intento siempre transmitir la importancia del entrenamiento, de mantenerse activos y saludables, pero hoy quería frenar un poco la emoción, y hablar de esta condición que, queramos o no, puede aparecer en muchos pacientes.


Y es que no son pocos los pacientes que acuden a mi porque se han lesionado, y no lo logran entender, pues son personas activas, que van al gimnasio y comen sano.


No obstante, una vez te pones a indagar, puedes descubrir muchos factores que pueden influir en su estado físico: Aumento de estresores externos (trabajo, familia, confinamiento), falta de sueño, digestiones alteradas…


Estos son solo algunos ejemplos, pero hay muchas formas de entender por qué una persona ha podido lesionarse, o puede notarse fatigada.


Y con estas personas el mejor tratamiento no pasa (solo) por la camilla, sino por la escucha activa, la valoración adecuada (descartemos banderas rojas, por favor) y la gestión de cargas.

Usar la gestión de la carga como tratamiento

Sí, la gestión de cargas también es competencia del fisioterapeuta.


Cuando hablamos de esta gestión como fisios, no debemos centrarnos tanto en rendimiento, como en seguridad.


Así, gestionar una carga puede ser, simplemente, hacer el mismo gesto que es doloroso para la persona con un ROM modificado, con una carga menos pesada, o con más control (Cadena cinética cerrada > Abierta).


Mediante estas modificaciones, la persona no dejará de sentirse activa y útil, a la vez que reducirá su grado de amenaza y, probablemente, su dolor.


Mantener activas a las personas, haciéndoles conscientes de la necesidad de frenar un poco, no es una tarea sencilla, pero puede ser el mejor tratamiento que podemos ofrecer a nuestros pacientes si lo hacemos de manera adecuada.

Aprender a entrenar… ¿entrenando?

Para concluir el post, querría hablar de la necesidad, o más bien obligación, que tenemos como profesionales de la salud de formarnos en ejercicio y entrenamiento.


Formarnos en esta, como otras muchas áreas (nutrición, psicología), no implica convertirnos en entrenadores, pero sí en profesionales competentes en la gestión del entrenamiento.


Es por esto que debemos alejarnos del clásico 3×10 y empezar a ahondar en las profundidades del entrenamiento, de la individualización y la sobrecarga progresiva.


Ya te digo, no es necesario convertirse en entrenador para tratar a personas con dolor desde el ejercicio, pero sí es indispensable ser un buen gestor del ejercicio y la actividad física en personas con dolor (o cualquier otra población clínica), para ofrecer un servicio 100% comprometido con la salud.


Por otro lado, una gran forma de empezar a conocer cómo se entrena, qué se siente al «pasarse» o al quedarse corto, es empezar a entrenar uno mismo, si aún no lo haces (aquí habría que ver por qué no lo estás haciendo, y la importancia de hacer lo que dices y transmites – Un fisio que no (se) entrena, en mi opinión, se queda corto como profesional)


Os dejo por hoy, espero que os haya gustado mi reflexión, y nos vemos en el siguiente post. Espero poder estar más a menudo por aquí, pero a veces hay que cambiar las prioridades, y parar un poco ciertas cosas para volver más fuertes luego.


Te mando un fuerte abrazo, y recuerda: #MueveteMucho

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Fisioterapia

¿Qué hay de verdad detrás de los efectos del foam roller, y qué hay de mito en sus, en apariencia, infinitos beneficios?
En este post intentaré explicar qué efectos tiene este aparato, y cómo su acción puede ir más allá de modificaciones en el músculo o la fascia.

Me gustaría empezar con una pregunta: ¿Cuál crees que es el efecto que el Foam tiene en tu organismo?


A esta pregunta, puedes responder de muchas formas: Descontractura, liberación miofascial, masaje, estiramiento…


Y es que el uso del Foam Roller (FR) se ha asociado muchas veces con la «liberación miofascial», terminología usada sobre todo en el ámbito de la osteopatía para hacer referencia a la manipulación de la estructura de la fascia mediante el masaje y la terapia manual.


No obstante, tenemos que tener claro una cosa: Cuando masajeamos, sea con las manos o con el FR, no estamos modificando fascias, ni rompiendo adherencias, ni nada por el estilo.
Si esto fuera así, probablemente también modificaríamos la fascia cuando nos sentamos en una silla, cuando andamos por la calle, o cuando hacemos sentadillas.


La fascia es una estructura que envuelve los órganos del cuerpo, y puede deformarse con el movimiento, aunque no lo hace de forma ordenada ni se «reestructura» o «libera» con masaje, sino que se mueve en conjunto al resto de estructuras.

No obstante, no es el objetivo de este post hablar de la mentira de la «liberación miofascial» (lo dejaremos para otro momento), sino hablar del por qué utilizar el Foam puede ser de utilidad, y de qué forma real actúa en el organismo.


A este respecto, hay una opción que, aún poco conocida, es la más plausible para explicar el efecto del FR: La inhibición descendente del dolor.

Sistema inhibitorio descendente

Sinceramente, no soy un experto en fisiopatología del dolor, y esta explicación difiere mucho de ser técnica. (Dejaré en las notas del artículo un enlace donde se explica de manera más precisa, por si quieres profundizar en el tema).


Por mi parte, voy a intentar simplificarlo como si lo estuviera explicando a un paciente, que es al final el que va a recibir la información y debe comprenderla bien.

David Butler explicando el Sistema Inhibitorio descendente

Como explica David Butler en el vídeo que os dejo aquí arriba, el cerebro tiene dentro de su estructura un pequeño «botiquín» donde se guardan sustancias que inhiben el dolor, como si de un ibuprofeno cerebral se tratara.

Este botiquín sería un sistema complejo de neuronas, encargadas de «cortar» la transmisión de estímulos dolorosos hacia la médula.

Este sistema puede ser activado o desactivado, favoreciendo la transmisión del impulso doloroso a través de la médula espinal y su posterior procesamiento en el cerebro, dependiendo de diversos factores:


Contexto del paciente: Es imprescindible entender que el dolor se inhibirá en situaciones donde este dolor no sea considerado «útil». Por ejemplo, no te dolerá tanto una patada en un partido de fútbol si tienes que marcar un gol y es el minuto 90, que si esa misma patada te la da un extraño por la calle sin previo aviso.
Aunque el daño sea igual, el contexto generará una respuesta acorde al mismo. El cerebro analiza la situación y determina si es necesario, o no, activar el sistema inhibitorio descendente.


Creencias sobre el dolor: Sobre creencias ya hablé en un post anterior, pero debemos entender que habrá pacientes en los que la experiencia dolorosa signifique un gran obstáculo en su vida, y otros que la percibirán como algo normal y sin mayor importancia.


-Experiencias previas de dolor: Este punto es clave. Cuando una persona ha sido expuesta a un estímulo potencialmente dañino, puede acabar acostumbrando a su sistema a inhibir la respuesta dolorosa asociada a ese estímulo (por ejemplo, si acostumbramos a un niño a caerse jugando, probablemente en futuras caídas no percibirá esa situación como peligrosa, y acabará por no desarrollar una respuesta dolorosa ante ese estímulo dañino).

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Las creencias pueden influir en nuestra experiencia dolorosa


Como veis, hay muchos factores que pueden influir en el dolor, y la utilidad del FOAM puede entenderse en todos estos ámbitos:


Contexto terapéutico, dando al FOAM un valor de «terapia» será más llevadero el dolor que produce.


Creencia de que ese dolor «nos cura» («Es un dolor de los buenos»)


Experiencias previas de mejoría con el FOAM. Utilizarlo y sentirnos más libres hará que asociemos su uso con una mejor actividad.

¿Pero, tiene un efecto REAL, medible?

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¿Podemos determinar qué efectos produce el FOAM en el organismo?

Bueno, como hemos explicado anteriormente, existe un sistema interno que regula la transmisión del dolor, y la relación del foam con este sistema parece la explicación más plausible.


Aún se desconocen los efectos específicos, pero podemos descartar que con el Foam se «rompan» o «descontracturen» puntos dolorosos, denominados a veces como «puntos gatillo».

Esta idea no parece plausible, y es que la lógica (y la ciencia) nos ha demostrado que es imposible modificar la estructura de la fascia que envuelve a los músculos mediante el uso de fuerza corporal.


Esto echa por tierra la denominada «liberación miofascial» que pudiera producir el masaje con estos productos, y nos hace entender que su acción pueda deberse a un inhibición del dolor a nivel medular.


En este sentido, la presión ejercida por el FOAM sobre los puntos más dolorosos enviaría información al cerebro, que sería interpretada como una señal no peligrosa (contexto terapéutico), y que favorecería la liberación de opiaceos endógenos para «relajar» esa zona que estuviera siendo masajeada (el efecto de la terapia manual podría ser similar a este).


En este estudio, se proponen varias opciones para explicar el efecto del FR, aunque la más plausible, como digo, es la de la intervención del sistema inhibitorio descendente.


La activación de este sistema se produce cuando masajeamos una zona «tensa» o «molesta», y el cerebro interpreta esa presión como segura, activando la inhibición de ese dolor y mejorando la sensación en puntos donde hay tensión (de nuevo el contexto y las creencias juegan aquí un papel fundamental)


Esta regulación se hace en puntos específicos donde se realiza la presión, pero también en sitios alejados del punto masajeado, produciendo un efecto no localizado (esto explicaría la participación de la inhibición descendente, que es más global y menos precisa).


Es por ello que, a corto plazo, el FR es una gran herramienta para aliviar el dolor, y utilizar ese alivio para entrenar en rangos más amplios de movimiento nos puede servir de ayuda para mejorar las capacidades de nuestro paciente.

Foam rolling y calentamiento

Como vengo desarrollando en el artículo, la importancia del FR en la inhibición del dolor podría ayudarnos a, una vez aplicado, empezar a entrenar en unos rangos de amplitud articular más grandes, con los beneficios que eso supondría para nuestra ganancia de fuerza (ya hablé sobre la importancia de ganar movilidad en este artículo).


Pero además, la aplicación de FR implica movimientos con el propio peso corporal, y mantener posiciones de manera isométrica.

Estas contracciones isométricas podrían suponer una buena preactivación de todo nuestro cuerpo, que nos preparase de manera adecuada para el ejercicio.


Estas dos ideas parecen estar en concordancia con la evidencia, que nos dice que el FR podría ser un buen método de calentamiento , y su uso podría estar recomendado en deportistas de todo tipo.


En cuanto a rendimiento, es difícil determinar si los efectos del FR van más allá de esa inhibición del dolor, y si sería efectivo para mejorar la «performance» del deportista.


No obstante, este efecto inhibitorio puede ser muy útil, y no podemos descartarlo.

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El contexto donde usemos el FOAM (clínica, gimnasio) también influirá en sus efectos en el organismo

La aplicación de FR (o de masaje) podría reducir el dolor muscular post ejercicio (las famosas agujetas), sin alterar realmente su fisiología, actuando mediante esta inhibición del dolor, haciendo que el deportista se sienta más «liberado» a la hora de entrenar o competir, y pueda realizar ejercicios con una mayor seguridad.

No obstante, los efectos en competición son controvertidos, y hacen falta más estudios al respecto.

Usarlo o no, esa es la cuestión…

Llegados a este punto, basta concluir que los efectos de este tipo de masaje, como hemos visto, no difieren de los del masaje tradicional.


Para valorar su uso, será interesante entender las capacidades y demandas del paciente, entendiendo que este tipo de masaje no es agradable y puede generar rechazo en el paciente.


Yo personalmente lo utilizo mucho, y a los pacientes les gusta tener la sensación de «masajearse a sí mismos».

Es por ello que les recomiendo que se compren uno, y lo prueben en zonas diversas.


Con todo, tengo en cuenta que sus efectos carecen de evidencia clara, y que probablemente sean a nivel del Sistema Nervioso más que a nivel de tejidos blandos (músculo, fascia).

No se me caen los anillos por admitir que, probablemente, el masaje tenga una acción similar, y que sus efectos sean más a nivel de «seguridad» y neurofisiológico, que a nivel musculoesquelético.

Resultado de imagen de dolor
El dolor nace y se modula en el cerebro.


Por ahora, esto es todo. Espero que os haya gustado, y que me dejéis vuestra opinión en comentarios.

Creo que es un tema que da para mucho debate, y seguramente podamos llegar a conclusiones diferentes con las mismas fuentes.


Sin más, te deseo feliz día, te mando un fuerte abrazo, y te recuerdo: #MueveteMucho


Referencias:

Modulación descendente de la información nociceptiva http://revista.sedolor.es/pdf/2002_06_05.pdf

A Meta-Analysis of the Effects of Foam Rolling on Performance and Recovery https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6465761/

Pain pressure threshold of a muscle tender spot increases following local and non-local rolling massage https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4587678/

Three-Dimensional Mathematical Model for Deformation of Human Fasciae in Manual Therapy https://jaoa.org/article.aspx?articleid=2093620

The Surprising Truth About Foam Rolling: Does It Really Work?

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Dolor, Fisiolosofia, Fisioterapia, Mentalidad, Miedo, Podcast, Salud

¿Qué relación puede haber entre el concepto Amor fati, creado por Nietzsche, el de Wu wei, base en el taoísmo, y la historia natural de la enfermedad?
Hoy vamos a hablar de estos tres conceptos que, aunque suene raro, tienen más que en común de lo que puedes pensar.

Friedrich Nietzsche, creador del concepto, describía Amor Fati de la siguiente manera:

Quiero aprender cada día a considerar como bello lo que de necesario tienen las cosas; así seré de los que las embellecen. Amor fati: sea este en adelante mi amor.
No quiero hacer la guerra a la fealdad. No quiero acusar, ni siquiera a los acusadores. ¡Que mi única negación sea apartar la mirada! ¡Y en todo y en lo más grande, yo solo quiero llegar a ser algún día un afirmador!

F. Nietzsche


Hablar de este tema, y resumirlo en los 10-15 minutos que durará este podcast, no es sencillo, pero intentaré hacerlo lo mejor posible.


No obstante, te aconsejo leer algunos libros que han supuesto un auténtico cambio en mi forma de pensar, y a través de los cuales he desarrollado mi filosofía de vida actual:


Sapiens, de hombres a dioses. Yuval Noah Harari, El sutil arte Mark Manson, Reinventarse, Mario Alonso Puig, 12 reglas para la vida, Jordan Petterson y Más allá de tu mente, Allan Watts.


En sus libros, de un modo más o menos directo, se desarrolla la idea de la aceptación del destino, del desapego a la esperanza, y del desarrollo de uno mismo por encima de lo que en su vida acontezca.


De un modo u otro, todos estos autores hablan en sus obras de la necesidad de aceptar que la vida, en sí misma, no tiene un sentido, y que de algún modo u otro vamos a morir, y poco de lo que hagamos tendrá importancia en unos años.


Esto para algunos es difícil de aceptar, y se niegan a admitirlo. No obstante, hoy quiero hablaros de por qué creo que es una postura lícita, e incluso acertada si quieres vivir en calma.

Mi tatuaje: AMOR FATI.


De este modo, aceptar que la vida no tiene sentido, que no hay un objetivo que alcanzar que determine su final, te hace ser más consciente del hecho de estar vivo, y te anima a vivir de un modo más intenso: Si no hay nada más allá, ¿por qué ibas a desperdiciar el tiempo que se te ha dado?


De algún modo, colocar el punto final en la muerte, teniéndola presente y sabiendo que es el final de todo, te ayuda a enfocar tu vida, y tus problemas, con una nueva perspectiva.


Porque, ¿qué es llegar tarde a tu cita o perder el bus, comparado con estar muerto?


Sí, sé que suena drástico, pero de verdad me gustaría que me dieses una oportunidad para explicarme, e intentar explicarte (que no convencerte) de por qué he dejado de buscar un sentido a la vida, y he empezado a valorar la vida misma como significado único.


Para mi Amor fati es aceptar esto último: Que la vida es, por si sola, la que da significado a todo lo demás. De ella surge todo, lo bueno, lo malo. De ella nace el dolor y la pena, y también el placer y la alegría. Y lo hace, no porque haya un plan preparado para ello, sino simplemente porque estar vivo te permite que todo eso sea posible.


Amor fati implica renunciar a la esperanza de un futuro mejor, y aceptar el presente tal como es y cómo viene, sin valorar que pudiera ser mejor o peor de lo que ya es.


Y aceptar esto, no implica renunciar a los sueños y anhelos de algo mejor, pero sí implica renunciar al deseo y al apego (Estos son conceptos que el budismo desarrolla especialmente).


Desprendernos del deseo, cambiándolo por aceptación del presente (Amor fati), nos hará más conscientes de lo que ya tenemos, y nos hará valorarlo con perspectiva.


Y es que muchas veces nos complicamos buscando la felicidad, buscando algo que nos estimule y nos haga sentirnos llenos, sin darnos cuenta que, una vez llega, nos acostumbramos y dejamos de valorar todo lo conseguido.


Por otro lado, muchas veces nos preocupamos de problemas que se acaban solucionando por sí mismos, y nos olvidamos de fluir con el momento, enredándonos en pensamientos y estrategias que nos alejan de ese resultado que anhelamos.


Es paradójico, pero muchas veces no hacer nada es la mejor solución. Simplemente aceptar la situación, y dejar que fluya hacia su solución natural.


Dejar a la naturaleza actuar, aceptando (y amando) lo que suceda – esto es, amor fati – es uno de las enseñanzas principales del taoísmo, filosofía de origen china muy famosa por su principal símbolo: El ying y el yang.


Esta filosofía no la conozco tanto como el estoicismo (en el que tampoco soy experto), pero a raíz de escuchar las lecciones de Alan Watts he empezado a interesarme más por la filosofía del tao – al final leeré un texto que me ha inspirado a escribir este.


El objetivo del Tao es alcanzar la inmortalidad. Esto no se debe entender literalmente, sino como una forma de inmortalidad espiritual, que se alcanza al vivir en armonía con la naturaleza.


La naturaleza, en el taoísmo, es un sistema anárquico, donde no hay un jefe que controle todo, sino que es una fuerza libre que actúa a sus anchas.


Un principio fundamental del Tao es el principio de Wu Wei – esto significa “No hacer nada”, pero en el sentido de “no intervenir en el curso de los eventos”, no actuar contra la naturaleza.

5 acciones de la filosofía Wu Wei - Farmaoptics
El círculo que fluye como símbolo de Wu wei.


En este punto, quería relacionar estos dos conceptos, Amor fati y Wu wei (“No hacer nada”), con la historia natural de la enfermedad, y los tratamientos en fisioterapia.


La historia natural de la enfermedad es la evolución de un proceso patológico sin intervención médica.


En nuestra profesión, no son pocas las ocasiones que encontramos a compañeros que complican sobremanera los tratamientos, quizá confiando en que sus técnicas serán las que curen al paciente, y no aceptando el hecho de que, muchas veces, el paciente se recuperaría igualmente sin nuestra intervención, ya que la naturaleza actúa en él.


Considero muy necesario aceptar que los pacientes tienen una vida y unas circunstancias diversas, y que éstas tendrán más influencia en su recuperación que cualquier técnica que podamos hacer.


Nuestro deber es aceptar esto, y trabajar para encontrar el punto donde podemos impulsar esa recuperación, conectando realmente con nuestro paciente y despertando su naturaleza.


Ojo, que al hablar de estos dos conceptos no quiero decir que debamos renunciar a ser mejores en nuestra vida, y en nuestras profesiones. No quiero invitar a nadie a dejar de estudiar, sean métodos o teorías, y a aplicar todo lo aprendido. No dejes de formarte solo porque algunas veces “se curará solo”, porque con esa actitud no llegarás lejos.


La naturaleza es sabia, pero también lenta. Muchas veces podemos ayudarla a acelerar la curación con el mero hecho de que el paciente acuda a nosotros. Podemos tomar medicinas y recibir tratamientos, siempre teniendo en cuenta qué efecto concreto tendrán en nosotros, y no dependiendo de ellos más allá de lo necesario.


Y también la labor de acompañar al paciente en esa recuperación más “natural” es necesaria, ya que nuestra ayuda por sí sola puede resultar en un estímulo positivo a su recuperación.


En otras ocasiones, no pocas, hacer entender al paciente esto, la historia natural de la enfermedad, no es fácil. Y una vez lo comprenden, van a agradecer evitarse tratamientos que podrían ser inútiles en su caso.

Por ello, no descartes el poder del estudio, y hazte preguntas de manera constante. Pero intenta, con todo lo que sabes, simplificar tus tratamientos.


Y cuidado, hacerlo simple no es sencillo, y hay que ser muy bueno en lo que haces para simplificarlo. A veces nos creemos que lo más complejo es mejor, y ya habéis visto que no siempre tiene por qué ser así.


Por otro lado, aceptar lo que llega, y no intentar cambiarlo, no implica que no luches por ser una mejor persona, y un mejor fisioterapeuta.


Lejos de eso, te permite aceptar tus limitaciones, y empezar a trabajar en tus debilidades para alcanzar tu mayor potencial.


Pero cuando sabes que fallar es una opción tan válida como acertar, el miedo se desvanece y las oportunidades se multiplican.


Por ello, vive de acuerdo con la naturaleza, desarróllate sin miedo, pero no temas al futuro ni a lo que no sabes, porque todo forma parte de algo que va más allá de tu control.


Espero que mi razonamiento no haya sido demasiado complicado de seguir, y que esta disertación os resulte interesante y de utilidad.


Para terminar, os dejo con un texto de Allan Watts que me ha inspirado a escribir este texto.

El principio de «No hacer nada», explicado por Alan Watts

La naturaleza es un organismo autorregulado, democráctico. Es una totalidad, donde todo va junto. Y esa totalidad es el TAO.

Cuando el taoísmo habla de seguir la naturaleza, seguir el camino, a lo que se refiere es más a esto: Haz las cosas de acuerdo con la naturaleza de las cosas mismas. No quiere decir que no cortes la madera, sino que lo hagas de la manera que te sea más fácil. Aprender a utilizar la naturaleza respetándola, sin destruirla.

Este es el principal fundamento del taoísmo: Wu wei. No forzar nada.

No fuerces el candado, o doblarás la llave. Actúa siempre de acuerdo con la forma que tienen las cosas, tal y como ellas existen. No impongas una interferencia que no esté realmente de acuerdo con esa situación. Es mejor no hacer nada, que interferir desconociendo la relación que existe entre todas las cosas que vas a modificar.

Es muy importante sentir que todas las cosas están conectadas entre sí. Que la vida no es una competición, sino un extraño sistema de conexión, donde todo se retroalimenta y crece con la interacción. Aceptar la idea del “enemigo amistoso”, “la necesaria adversidad” que es parte de ti, y que es necesaria para mantenerte fuerte y hacerte crecer.

Todo conflicto es, al final, una forma de cooperación que nos hace crecer mutuamente.

Entender esto es la base, no forzar nada. Acepta esto, y podrás vivir una vida que está de acuerdo a la naturaleza.

Alan Watts, el principio de «no hacer nada»


Espero que os haya gustado, y nos vemos en el próximo post. Un abrazo y, como siempre, recuerda: #MueveteMucho

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Dolor, Fisioterapia, Lesión, Salud

¿Puede alguien que no es buena persona ser un buen fisioterapeuta? ¿Hasta qué punto influye nuestra empatía y nuestras maneras en el tratamiento?

Hace tiempo que vengo preguntándome: ¿Qué es el éxito en fisioterapia? ¿Cómo podríamos medir la capacidad que un terapeuta tiene de «triunfar» en sus tratamientos? ¿Puede un fisioterapeuta triunfar si no es una buena persona?


En muchas ocasiones he conocido a gente que fue a un fisio que le arregló todos sus problemas de manera casi milagrosa. Un crujido y ¡pum!, curado.


En estos casos siempre intento ser crítico, aunque sin cuestionar demasiado los abordajes (considero que, si al paciente le funcionó, no debo interferir ni confrontar directamente esa creencia).


No obstante, siempre me entra la duda… ¿por qué con unos pacientes ciertas técnicas funcionan tan bien, y en otros parecen no tener efectos?


Y esta duda que yo tengo, la han planteado en muchos estudios diferentes, donde se habla de los efectos del masaje como placebo.


¿Quiere esto decir que el masaje, u otras técnicas que han sido comparadas con placebo, con resultados similares, no sirven de nada?

Ni mucho menos.


No podemos descartar el poder de ese efecto placebo. Pero debemos ir más allá.


Esto quiere decir que sí, la terapia manual, la punción, los estiramientos, pueden tener efectos medibles en la percepción del dolor, pero debemos valorar otros elementos que influyen en la mejoría de muchos de nuestros pacientes.


Antes de continuar, quisiera aclarar que este artículo hace referencia a casos leves, donde el dolor se presenta de forma aguda o no está asociado a patologías graves. Debemos descartar las llamadas banderas rojas (cáncer, fracturas, enfermedades infecciosas, y otras) antes de hablar de aplicar o no terapia.


Dicho esto, comencemos.

Iatrogenia, un mal endémico

Iatrogénico es un daño a la salud de una persona, causado o provocado por un acto médico involuntario. Se deriva de la palabra iatrogénesis que tiene por significado literal ‘provocado por el médico o sanador’ (en griego iatros significa ‘médico’ y génesis: ‘crear’).


La intervención excesiva en procesos patológicos es un mal endémico que se da en el campo de la salud, y afecta a todos los profesionales, desde médicos y enfermeros, a fisioterapeutas.


En este sentido, hay varias intervenciones que destacan sobre las demás, como pueden ser:

– Realizar pruebas de imagen ante casi cualquier lesión (¿radiografía en un esguince?)

– Prescribir antiinflamatorios al mínimo signo de dolor

Inmovilizar. Ya hablé de los peligros y de lo absurdo de las inmovilizaciones en este post.

– Se busca eliminar el dolor mediante intervenciones centradas en el tejido, y alejadas de la educación y el ejercicio.

– Se suele fragilizar a los pacientes con mensajes como: Este tejido está fatal, no te dobles porque tienes el disco salido, no tengas malas posturas o te dolerá la espalda.


Por otro lado, muchos mensajes e intervenciones en fisioterapia tienen también efectos negativos en la recuperación del paciente, y si no somos capaces de reconocerlos, estaremos dejando a un lado la salud general del paciente para colocar nuestro ego por delante.

El ego es el problema

Cuando hago referencia «al ego» en fisioterapia, lo hago pensando en compañeros que, ante cualquier lesión, intentan aplicar la última técnica o el último estudio que han leído, y dejan de lado a la persona que tienen delante, convirtiéndola en un «sujeto» sobre el que realizar una determinada intervención.

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A veces se nos olvida que el paciente no es un coche. Lo colocamos en la camilla y le aplicamos técnicas sin mucho conocimiento de cuál es su efecto ni si serán útiles para él.


Y se nos olvida que, detrás del dolor de la persona, hay muchos condicionantes que van más allá del tejido, y que muchas veces el paciente va a mejorar hagas lo que hagas (recuerdo que esto no se aplica a todos los casos, pero sí a los más comunes).


De este modo, muchas técnicas rimbombantes no van a tener efectos superiores a técnicas y abordajes más sencillos, más «clásicos».


Y es que, a veces, el paciente prefiere que le des un masaje mientras hablas con él, que le realices 5 punciones dolorosas que puedan alterar la fisiología de su tendón.


Y es importante saber que estas técnicas pueden ser útiles, pero no lo serán si no las aplicamos con un razonamiento previo, y conociendo a nuestro paciente, sus preferencias y preocupaciones.

A veces, es mejor «no hacer nada»

Puede sonar paradógico, pero a veces la mejor intervención es no hacer «nada». Esto es, no aplicar tantas técnicas, y hablar más con nuestros pacientes.


De este modo, podremos descubrir cuáles son sus hábitos, sus preocupaciones, sus rutinas y sus expectativas del tratamiento. También podremos saber cómo influye el dolor en su día a día, y el grado de discapacidad que le produce.


Este conocimiento no es, literalmente, «no hacer nada», ya que implica un esfuerzo y una dedicación (de tiempo, principalmente) para conocer mejor a tu paciente, y saber qué es lo que mejor puede venirle a la hora de tratarle.


Así, habrá pacientes que, con solo escucharles y hablarles de su problema, se tranquilizarán y mejorarán sus síntomas. Otros te harán ver la necesidad de aplicar una técnica específica («Pues con las agujas me fue muy bien» o «No me gusta que me crujan»).

Con toda esa información, podrás crear una mejor alianza terapeútica y tener algo más de seguridad en que tu tratamiento será efectivo.

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Muchas veces conocer a una persona será más importante que aplicarle miles de técnicas

La importancia de ser buena persona

Y aquí es donde, por fin, damos respuesta a la pregunta inicial:
¿Podemos ser buenos fisioterapeutas si no somos buenas personas?


Bueno, creo que el éxito de muchos tratamientos se puede explicar por el curso natural de la enfermedad, y un paciente mejora en muchos casos aunque no intervengamos (como vengo exponiendo).

En ese sentido, si tu éxito se mide en pacientes «curados», puedes tener claro que no importa el tipo de persona que seas, pues simplemente aplicando técnicas y «reparando» tejidos podrás tener éxito.


En mi opinión, totalmente personal, creo indispensable ser una buena persona para conseguir aliviar el dolor, y mejorar la vida de las personas.

No creo que sirva de mucho quitar el dolor si, después de ir a tu clínica, el paciente sigue haciendo lo mismo que le trajo a ti la primera vez.


Cambiar la mentalidad, los hábitos, y la vida de las personas, con el objetivo de tener una mejor salud, me parece un éxito mucho mayor que el simple alivio del dolor.

Es por esto que creo muy necesario seguir formándome en el manejo de las personas, y no solo en el abordaje de las patologías.

Y es por ello también que me gusta tanto escribir artículos como este, y seguir investigando sobre la psicología que hay detrás de todas las lesiones.


Espero que se entienda bien mi punto, y que podamos ir cambiando nuestro abordaje terapéutico, sin dejar de lado los tejidos y los abordajes más «médicos» cuando sea necesario (al fin y al cabo, muchas lesiones necesitan curación «real«, ya que implican daños en los tejidos).


Podría tirarme horas hablando sobre esto, pero de momento lo dejaré aquí. Espero que te haya gustado, y que me compartas tu opinión sobre este tema.


Te mando un abrazo fuerte, y te recuerdo: #MueveteMucho


Referencias:


Efecto placebo de la terapia manual: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3172952/


Buen pronóstico sin intervención médica: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/7747232/


Importancia de conocer las expectativas del paciente para el éxito del tratamiento: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3132352/#:~:text=Some%20of%20the%20general%20expectations,show%20care%2Fconcern%2Fcompassion%20and


Alianza terapeútica: https://www.physiopedia.com/Therapeutic_Alliance

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Ejercicio, Fisioterapia, Movimiento, Salud

En los últimos meses he escuchado en varias fuentes el término de «activación mitocondrial». Tras varias lecturas acerca del tema, quería hablaros sobre la importancia real que puede tener en la salud, y como podemos «activar» nuestras mitocondrias.

El término «activación mitocondrial» hace referencia a la activación de la función de las mitocondrias en la célula.

Las mitocondrias son orgánulos encargados de la transformación de nutrientes en energía en forma de ATP.
Ésta, aunque es la principal, no es la única función de las mitocondrias, ya que también participan en la síntesis de hormonas esteroideas (testosterona y estradiol), regulación del calcio celular, desintoxicación de amoniaco en el hígado y apoptosis (muerte celular programada).


Este último punto es esencial, ya que las células que no mueren de forma programada pueden derivar en células de cáncer, con una alteración mitocondrial y metabólica, que pueden dar lugar a complicaciones graves.


Una mitocondria que funcione de forma defectuosa va a ser menos eficaz en la generación de energía y genera mayor cantidad de radicales libres, además de no realizar correctamente el resto de sus funciones.

En este sentido, una mitocondria «defectuosa» se comporta como una central energética poco eficiente, que gasta mucha energía y además «contamina» el ambiente.


En personas obesas la La obesidad y la disfunción mitocondrial también van de la mano. No está claro cuál es el factor primario, pero ambas se retroalimentan . La resistencia a la insulina perjudica la producción de energía, dificultando la oxidación de la grasa corporal y empeorando a su vez la resistencia a la insulina. Un círculo vicioso muy peligroso.


Además, la disfunción mitocondrial se asocia a trastornos como la fatiga crónica, la diabetes, la enfermedad cardiovascular y el antes mencionado cáncer, entre otras.

Todos estos estados tienen en común la falta de actividad física y una mala alimentación. Estos dos son factores esenciales para mantener la salud mitocondrial.

Cuida tus mitocondrias: #MueveteMucho

Las mitocondrias son unos orgánulos particulares, ya que son los únicos que poseen ADN propio.
Debido a esto, no pueden generarse a través de otros orgánulos, sino que es necesario utilizar las mitocondrias existentes para generar la denominada biogénesis mitocondrial.

¿Y cuál es el principal estímulo para favorecer esa biogénesis mitocondrial? Pues es sencillo: La contracción muscular.


El proceso de formación de mitocondrias es complejo, pero se puede resumir teniendo algo claro: El ejercicio físico lo estimula.


Esto se debe a que, cuando nos ejercitamos, las mitocondrias empiezan a trabajar para generar energía en forma de ATP, extrayéndola de los nutrientes (descomponiendo Carbohidratos, grasas y proteínas).

Si la demanda de ATP aumenta, el cuerpo se fuerza a producir más «generadores de ATP», estas son las mitocondrias.


Además, si el ejercicio físico es intenso, esta producción será más efectiva (es por ello que el ejercicio de fuerza produce mayor cantidad de mitocondrias que el clásico ejercicio aeróbico).


Por otro lado, las sustancias que se generan y liberan durante la contracción muscular, como Calcio, proteína kinasa C y las fosfatasas, van a estimular la formación de nuevas mitocondrias.


De este modo, a los beneficios ya conocidos del ejercicio, podemos añadir el de la activación mitocondrial, y la estimulación de la biogénesis de estos orgánulos.


Por ello, si quieres mantener sanas tus mitocondrias, ten claro que el movimiento es la forma más eficaz de conseguirlo.

Sueño y alimentación, factores importantes para la salud mitocondrial


Cuida el ritmo circadiano:

Las mitocondrias disponen de un reloj biológico que sigue los ritmos circadianos, las horas de comida, el sueño, los picos horarios de mayor actividad y lucidez, y los valles de descanso y calma.

La luz es el principal director que dirige toda la orquesta del reloj biológico; y la melatonina, la hormona que regula el ritmo mitocondrial, es clave para conseguir la estabilidad mental y una adecuada competencia cognitiva. Seguir los ritmos horarios del sol ayuda a fabricar buenas dosis de melatonina.


Alimenta a tus mitocondrias:

Una alimentación equilibrada y con suficientes nutrientes nos va a ayudar a mantener una salud mitocondrial óptima.

Entre estos nutrientes, podemos destacar algunos que pueden ser importantes para el desarrollo mitocondrial en especial: Coenzima Q10, ácido fólico, magnesio y vitaminas B, creatina y carnitina.


Estos nutrientes están presentes, como digo, en los alimentos de una dieta equilibrada. No obstante, si crees que careces de alguno de ellos, consulta con un profesional de la nutrición para que te ayude, ya que yo carezco de los conocimientos necesarios para hacerlo.


Con todo lo dicho anteriormente, te animo a poner a tus mitocondrias a trabajar ejercitándote a alta intensidad y con bastante frecuencia.


Una forma sencilla de estimular la biogénesis mitocondrial es empezar el día dando un pequeño paseo, mientras disfrutas de la salida del sol (que a su vez estimula la generación de vitamina D), y entrenar fuerza 2-3 veces por semana, de manera complementaria.


Mantenerte en movimiento y estimular la contracción muscular pondrá a tus mitocondrias a funcionar, y ayudará a la renovación y generación de una función mitocondrial óptima.


Eso es todo por hoy. Gracias como siempre por llegar hasta aquí,. Te mando un abrazo y, como siempre, te recuerdo: #MueveteMucho.

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