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Ejercicio, Fisioterapia, Lesión, Movimiento, Salud

A veces es más importante saber gestionar la carga que metemos al cuerpo, frenarnos un poco, y tomar carrerilla para salir más fuertes, que cualquier otro tratamiento.
A veces, dar un paso atrás puede ayudarnos a dar dos hacia adelante…

¿Has sentido alguna vez que llegabas al límite de tus fuerzas, que tu cuerpo no podía tirar más, y aún así has forzado?


Hay ocasiones en las que este límite se hace evidente, sobre todo cuando entrenamos a menudo. Nos motivamos con esa serie super pesada, subimos kilos a la barra… y nos rompemos.


Y ahí, en ese momento, nos hacemos conscientes de que quizá no deberíamos haber forzado, que esos 10 kilos más no eran necesarios.

Pero cuesta mucho darse cuenta de esto, y es tarea del fisioterapeuta pararnos a hablar sobre ello, e intentar hacer consciente la necesidad de frenar un poco (que no pararnos).

Frena un poco, antes de que te paren

Síndrome de sobreentrenamiento, qué es - Ejercicio y deporte
Debemos conocer los peligros del sobreentrenamiento

El sobreentrenamiento es una respuesta maladaptativa del organismo al estrés continuado que supone el ejercicio físico, y es algo que debemos tener muy presentes como profesionales de la salud.


En este blog intento siempre transmitir la importancia del entrenamiento, de mantenerse activos y saludables, pero hoy quería frenar un poco la emoción, y hablar de esta condición que, queramos o no, puede aparecer en muchos pacientes.


Y es que no son pocos los pacientes que acuden a mi porque se han lesionado, y no lo logran entender, pues son personas activas, que van al gimnasio y comen sano.


No obstante, una vez te pones a indagar, puedes descubrir muchos factores que pueden influir en su estado físico: Aumento de estresores externos (trabajo, familia, confinamiento), falta de sueño, digestiones alteradas…


Estos son solo algunos ejemplos, pero hay muchas formas de entender por qué una persona ha podido lesionarse, o puede notarse fatigada.


Y con estas personas el mejor tratamiento no pasa (solo) por la camilla, sino por la escucha activa, la valoración adecuada (descartemos banderas rojas, por favor) y la gestión de cargas.

Usar la gestión de la carga como tratamiento

Sí, la gestión de cargas también es competencia del fisioterapeuta.


Cuando hablamos de esta gestión como fisios, no debemos centrarnos tanto en rendimiento, como en seguridad.


Así, gestionar una carga puede ser, simplemente, hacer el mismo gesto que es doloroso para la persona con un ROM modificado, con una carga menos pesada, o con más control (Cadena cinética cerrada > Abierta).


Mediante estas modificaciones, la persona no dejará de sentirse activa y útil, a la vez que reducirá su grado de amenaza y, probablemente, su dolor.


Mantener activas a las personas, haciéndoles conscientes de la necesidad de frenar un poco, no es una tarea sencilla, pero puede ser el mejor tratamiento que podemos ofrecer a nuestros pacientes si lo hacemos de manera adecuada.

Aprender a entrenar… ¿entrenando?

Para concluir el post, querría hablar de la necesidad, o más bien obligación, que tenemos como profesionales de la salud de formarnos en ejercicio y entrenamiento.


Formarnos en esta, como otras muchas áreas (nutrición, psicología), no implica convertirnos en entrenadores, pero sí en profesionales competentes en la gestión del entrenamiento.


Es por esto que debemos alejarnos del clásico 3×10 y empezar a ahondar en las profundidades del entrenamiento, de la individualización y la sobrecarga progresiva.


Ya te digo, no es necesario convertirse en entrenador para tratar a personas con dolor desde el ejercicio, pero sí es indispensable ser un buen gestor del ejercicio y la actividad física en personas con dolor (o cualquier otra población clínica), para ofrecer un servicio 100% comprometido con la salud.


Por otro lado, una gran forma de empezar a conocer cómo se entrena, qué se siente al «pasarse» o al quedarse corto, es empezar a entrenar uno mismo, si aún no lo haces (aquí habría que ver por qué no lo estás haciendo, y la importancia de hacer lo que dices y transmites – Un fisio que no (se) entrena, en mi opinión, se queda corto como profesional)


Os dejo por hoy, espero que os haya gustado mi reflexión, y nos vemos en el siguiente post. Espero poder estar más a menudo por aquí, pero a veces hay que cambiar las prioridades, y parar un poco ciertas cosas para volver más fuertes luego.


Te mando un fuerte abrazo, y recuerda: #MueveteMucho

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Dolor, Fisioterapia, Lesión, Salud

¿Puede alguien que no es buena persona ser un buen fisioterapeuta? ¿Hasta qué punto influye nuestra empatía y nuestras maneras en el tratamiento?

Hace tiempo que vengo preguntándome: ¿Qué es el éxito en fisioterapia? ¿Cómo podríamos medir la capacidad que un terapeuta tiene de «triunfar» en sus tratamientos? ¿Puede un fisioterapeuta triunfar si no es una buena persona?


En muchas ocasiones he conocido a gente que fue a un fisio que le arregló todos sus problemas de manera casi milagrosa. Un crujido y ¡pum!, curado.


En estos casos siempre intento ser crítico, aunque sin cuestionar demasiado los abordajes (considero que, si al paciente le funcionó, no debo interferir ni confrontar directamente esa creencia).


No obstante, siempre me entra la duda… ¿por qué con unos pacientes ciertas técnicas funcionan tan bien, y en otros parecen no tener efectos?


Y esta duda que yo tengo, la han planteado en muchos estudios diferentes, donde se habla de los efectos del masaje como placebo.


¿Quiere esto decir que el masaje, u otras técnicas que han sido comparadas con placebo, con resultados similares, no sirven de nada?

Ni mucho menos.


No podemos descartar el poder de ese efecto placebo. Pero debemos ir más allá.


Esto quiere decir que sí, la terapia manual, la punción, los estiramientos, pueden tener efectos medibles en la percepción del dolor, pero debemos valorar otros elementos que influyen en la mejoría de muchos de nuestros pacientes.


Antes de continuar, quisiera aclarar que este artículo hace referencia a casos leves, donde el dolor se presenta de forma aguda o no está asociado a patologías graves. Debemos descartar las llamadas banderas rojas (cáncer, fracturas, enfermedades infecciosas, y otras) antes de hablar de aplicar o no terapia.


Dicho esto, comencemos.

Iatrogenia, un mal endémico

Iatrogénico es un daño a la salud de una persona, causado o provocado por un acto médico involuntario. Se deriva de la palabra iatrogénesis que tiene por significado literal ‘provocado por el médico o sanador’ (en griego iatros significa ‘médico’ y génesis: ‘crear’).


La intervención excesiva en procesos patológicos es un mal endémico que se da en el campo de la salud, y afecta a todos los profesionales, desde médicos y enfermeros, a fisioterapeutas.


En este sentido, hay varias intervenciones que destacan sobre las demás, como pueden ser:

– Realizar pruebas de imagen ante casi cualquier lesión (¿radiografía en un esguince?)

– Prescribir antiinflamatorios al mínimo signo de dolor

Inmovilizar. Ya hablé de los peligros y de lo absurdo de las inmovilizaciones en este post.

– Se busca eliminar el dolor mediante intervenciones centradas en el tejido, y alejadas de la educación y el ejercicio.

– Se suele fragilizar a los pacientes con mensajes como: Este tejido está fatal, no te dobles porque tienes el disco salido, no tengas malas posturas o te dolerá la espalda.


Por otro lado, muchos mensajes e intervenciones en fisioterapia tienen también efectos negativos en la recuperación del paciente, y si no somos capaces de reconocerlos, estaremos dejando a un lado la salud general del paciente para colocar nuestro ego por delante.

El ego es el problema

Cuando hago referencia «al ego» en fisioterapia, lo hago pensando en compañeros que, ante cualquier lesión, intentan aplicar la última técnica o el último estudio que han leído, y dejan de lado a la persona que tienen delante, convirtiéndola en un «sujeto» sobre el que realizar una determinada intervención.

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A veces se nos olvida que el paciente no es un coche. Lo colocamos en la camilla y le aplicamos técnicas sin mucho conocimiento de cuál es su efecto ni si serán útiles para él.


Y se nos olvida que, detrás del dolor de la persona, hay muchos condicionantes que van más allá del tejido, y que muchas veces el paciente va a mejorar hagas lo que hagas (recuerdo que esto no se aplica a todos los casos, pero sí a los más comunes).


De este modo, muchas técnicas rimbombantes no van a tener efectos superiores a técnicas y abordajes más sencillos, más «clásicos».


Y es que, a veces, el paciente prefiere que le des un masaje mientras hablas con él, que le realices 5 punciones dolorosas que puedan alterar la fisiología de su tendón.


Y es importante saber que estas técnicas pueden ser útiles, pero no lo serán si no las aplicamos con un razonamiento previo, y conociendo a nuestro paciente, sus preferencias y preocupaciones.

A veces, es mejor «no hacer nada»

Puede sonar paradógico, pero a veces la mejor intervención es no hacer «nada». Esto es, no aplicar tantas técnicas, y hablar más con nuestros pacientes.


De este modo, podremos descubrir cuáles son sus hábitos, sus preocupaciones, sus rutinas y sus expectativas del tratamiento. También podremos saber cómo influye el dolor en su día a día, y el grado de discapacidad que le produce.


Este conocimiento no es, literalmente, «no hacer nada», ya que implica un esfuerzo y una dedicación (de tiempo, principalmente) para conocer mejor a tu paciente, y saber qué es lo que mejor puede venirle a la hora de tratarle.


Así, habrá pacientes que, con solo escucharles y hablarles de su problema, se tranquilizarán y mejorarán sus síntomas. Otros te harán ver la necesidad de aplicar una técnica específica («Pues con las agujas me fue muy bien» o «No me gusta que me crujan»).

Con toda esa información, podrás crear una mejor alianza terapeútica y tener algo más de seguridad en que tu tratamiento será efectivo.

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Muchas veces conocer a una persona será más importante que aplicarle miles de técnicas

La importancia de ser buena persona

Y aquí es donde, por fin, damos respuesta a la pregunta inicial:
¿Podemos ser buenos fisioterapeutas si no somos buenas personas?


Bueno, creo que el éxito de muchos tratamientos se puede explicar por el curso natural de la enfermedad, y un paciente mejora en muchos casos aunque no intervengamos (como vengo exponiendo).

En ese sentido, si tu éxito se mide en pacientes «curados», puedes tener claro que no importa el tipo de persona que seas, pues simplemente aplicando técnicas y «reparando» tejidos podrás tener éxito.


En mi opinión, totalmente personal, creo indispensable ser una buena persona para conseguir aliviar el dolor, y mejorar la vida de las personas.

No creo que sirva de mucho quitar el dolor si, después de ir a tu clínica, el paciente sigue haciendo lo mismo que le trajo a ti la primera vez.


Cambiar la mentalidad, los hábitos, y la vida de las personas, con el objetivo de tener una mejor salud, me parece un éxito mucho mayor que el simple alivio del dolor.

Es por esto que creo muy necesario seguir formándome en el manejo de las personas, y no solo en el abordaje de las patologías.

Y es por ello también que me gusta tanto escribir artículos como este, y seguir investigando sobre la psicología que hay detrás de todas las lesiones.


Espero que se entienda bien mi punto, y que podamos ir cambiando nuestro abordaje terapéutico, sin dejar de lado los tejidos y los abordajes más «médicos» cuando sea necesario (al fin y al cabo, muchas lesiones necesitan curación «real«, ya que implican daños en los tejidos).


Podría tirarme horas hablando sobre esto, pero de momento lo dejaré aquí. Espero que te haya gustado, y que me compartas tu opinión sobre este tema.


Te mando un abrazo fuerte, y te recuerdo: #MueveteMucho


Referencias:


Efecto placebo de la terapia manual: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3172952/


Buen pronóstico sin intervención médica: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/7747232/


Importancia de conocer las expectativas del paciente para el éxito del tratamiento: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3132352/#:~:text=Some%20of%20the%20general%20expectations,show%20care%2Fconcern%2Fcompassion%20and


Alianza terapeútica: https://www.physiopedia.com/Therapeutic_Alliance

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Dolor, Fisiolosofia, Fisioterapia, Lesión, Mentalidad, Miedo, Podcast, Salud

Hoy os traigo la relación que puede tener el concepto filosófico de «noche oscura del alma» (Creado por San Juan de la Cruz en su poema homónimo), con el dolor crónico.
Quédate si quieres saber la relación que existe entre estos dos términos…

Entra dócilmente en esa noche quieta
No te resistas, no luches, ten fe
Acepta lo inevitable, y aprovecha que aún vives
No te detengas a esperar lo que no pasará
Y no renuncies al ahora por lo que no va a llegar


San Juan de la Cruz escribió el poema “La noche oscura del alma”, donde hacía referencia a la sensación de vacío y soledad que una persona experimenta antes de un encuentro místico (en su caso, se refería al encuentro con Dios, pero podría entenderse en otros contextos).


Su poema narra el viaje del alma desde su casa corporal hasta su unión con Dios. El viaje ocurre durante la noche, que representa el periodo en el cual la persona se encuentra desorientada y perdida entre la oscuridad, en busca de una luz del creador, que no parece llegar.


La idea principal del poema se puede ver como la experiencia dolorosa que la gente soporta cuando procura crecer en madurez espiritual y unión con Dios, y el miedo que se siente antes de esa unión, cuando todo es negro, y nada parece aflorar de las tinieblas.


Pero… ¿qué relación puede haber entre este estado espiritual, y la recuperación física en personas con dolor (especialmente dolor crónico)?


Como ya sabéis los que me seguís hace tiempo, soy un enamorado de la filosofía (De ahí el nombre de mi programa de podcast, Fisiolosofia), y creo que ésta esconde muchas más respuestas de las que nos han enseñado a ver en el colegio.


Hoy, en mi afán por acercar estas dos ramas, os quería hablar sobre qué entiendo yo por esa noche oscura, y la relación que puede haber con los pacientes con dolor.


La noche oscura del alma es un concepto que acudió a mi hace poco, después de leerme el libro “Reinventarse”, de MA Puig. Al leerlo, recordé la conversación que mantuve con Marina hace poco en este podcast, en la que hablamos sobre la importancia de mantener nuestra identidad, y lo esencial que es, psicológicamente, definirnos de una manera determinada.


La noche oscura del alma, en un sentido más profano, sería el momento en el que nuestra identidad actual empieza a desvanecerse, para ir convirtiéndose poco a poco en una nueva, en muchos casos mejor de la
que teníamos.


En las personas que llevan arrastrando procesos de dolor de larga duración, el dolor se ha convertido en parte de su identidad, hasta el punto que muchas personas se reconocen a sí mismas por su dolor, y no se imaginan su vida sin ese problema.


Es por eso que, aunque cueste admitirlo, muchos no se atreven a abandonar esa identidad donde aún sufriendo, se sienten seguros, porque es la que conocen.


Es en esos casos, donde el miedo a perder lo que somos nos acecha, cuando debemos tener presentes esta “noche oscura”.

Es normal que, en esos momentos donde todo lo que creemos ser se tambalea, la incertidumbre y el miedo se apodera de nosotros, y nos aferramos a nuestro antiguo yo, porque nos aterra lo que puede esperar al otro lado.


Y es que explorar es algo aterrador, no te asegura el éxito, y puede llevarte a una posición peor de la que tienes ahora mismo.


Cuando sufrimos incertidumbre, los sistemas de alarma se disparan, empujándonos a buscar lugares donde nos sintamos seguros y en calma, esto es, a buscar anclas de seguridad.


Es importante que los pacientes, y nosotros mismos, tengamos claras esas anclas a las que acudir en casos de duda o miedo.


A la hora de determinar esas anclas de seguridad, debemos asegurar que no sean patrones de conducta que nos devuelvan a nuestro “antiguo” yo.


En el caso de los pacientes, esto implica desterrar patrones que puedan estar relacionados con su dolor (mala alimentación, falta de sueño, pensamientos catastrofistas, actitudes sedentarias).


Debemos determinar algunas actitudes que nos hagan sentirnos seguros, y éstas deben ser lo más sanas posibles (salir a pasear, tomar una bebida caliente, meditar).


Con todo esto, quiero decir: Desterrar malos hábitos negativos es un paso muy importante, y no podemos tomarlo a la ligera, o nos entrará vértigo y querremos aferrarnos a ese yo que ya conocemos, aunque no sea bueno para nosotros.


Es por ello por lo que he creído necesario hablar de este tema aquí.


Las personas con patología que empiezan a salir de sus procesos de dolor, necesitan tener claro que la incertidumbre acompaña a ese proceso, y que será inevitable entrar en “La noche oscura del alma” una vez empiecen a ver la luz que asoma detrás de su dolor.


Para ellos, también será esencial encontrar “anclas de seguridad” a las que aferrarse en momentos de inseguridad, teniendo claro qué anclas serán estas, e intentando que éstas estén alejadas de los patrones de conducta que producen el dolor.


He querido relacionar esta noche oscura a mi contexto, la fisioterapia, pero es algo que todos, en algún momento, hemos enfrentado, o a lo que nos vamos a enfrentar.


Piensa en aquellos momentos de tu vida que implicaron un gran cambio. Puede ser el día que montaste en bicicleta por primera vez, el día que te graduaste y saliste al mundo laboral, o tu primera vez con una pareja en la cama.


Recuerda las sensaciones que invadieron tu mente en estos momentos, y recuerdo cómo saliste de aquello: Lanzándote al vacío, dejando al miedo fluir y entrar en ti, siendo uno con él.


Y cómo saliste de aquello siendo una persona renovada, y diferente a la que se adentró en la noche.


Es inevitable, y necesario, entrar en esa noche oscura. Abrazar el miedo y la incertidumbre. Es la única manera de descubrir qué hay más allá de nuestros límites, de nuestro yo actual.


No te dire: NO TEMAS. Porque el temor es inevitable.

Solo te recordaré: La magia está al otro lado del miedo.

«A veces el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la Muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta tormenta, en definitiva eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí solo hay una arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo. Imagínate una tormenta como ésta.»

«Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No! Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta de arena.»

Kafka en la orilla, Haruki Murakami
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Dolor, Fisioterapia, Lesión, Mentalidad, Movimiento, Salud

A veces, como terapeutas o pacientes, no entendemos la importancia de las creencias hasta que alguien intenta derribarlas.
Es por ello que es muy importante revisarlas de vez en cuando, y ponerlas a prueba, de modo que podamos entender mejor cómo funciona nuestra mente, y de qué manera podemos evolucionar hacia una forma de pensar más adecuada a nuestro día a día.

En fisioterapia, como en todo en la vida, las creencias ocupan un eje central de los tratamientos, y son de hecho un objeto de estudio cada vez más interesante.
En este sentido, muchos autores están dedicando sus líneas de investigación a este punto, el de las creencias, y es algo que considero esencial en nuestra práctica clínica.

Una creencia es el estado de la mente en el que un individuo supone verdadero el conocimiento o la experiencia que tiene acerca de un suceso o cosa;​ cuando se objetiva, el contenido de la creencia presenta una proposición lógica, y puede expresarse mediante un enunciado lingüístico como afirmación.


Las creencias pueden ir desde la religión, a la política, pasando por la forma en que vemos el mundo o cómo nos sentimos con determinadas circunstancias.

Cuando hablamos de «creencia», hablamos de un «mapa» mental que da significado a lo que sucede en nuestro mundo, y se trata de un punto crucial de nuestra existencia.
Por ello, cuando sentimos que nuestras creencias están amenazadas, todo nuestro mundo, la imagen que tenemos de él, se ve amenazado con ello, y no podemos evitar defendernos ante esto.


En esta defensa, desarrollamos actitudes de miedo – evitación, y esto puede explicar en muchos casos los fallos a la hora de abordar a los pacientes por parte de los fisioterapeutas.


En estos casos, muchos pacientes se presentan ante nosotros con dolor, y con unas creencias previas acerca de su experiencia con ese dolor («Tengo la espalda contracturada», «Si me doblo se me saldrá el disco», «Tengo una pierna corta y por eso me duele la columna»).

Y seguro que algunas de éstas nos pueden parecer absurdas y poco plausibles, pero tenemos que evitar caer en el prejuicio, y valorar a la persona en todo su contexto.

Es más, muchas de éstas son creencias instauradas previamente por compañeros de profesión, que caen en el error de expresarles a los pacientes ideas sobre el movimiento que pueden no estar del todo actualizadas.


Debido a nuestros propios prejuicios, muchas veces no podemos evitar evaluar sus actitudes, tratando de dar una explicación sencilla a un problema complejo como lo es el dolor: «Es que es muy pesimista», «Es que se mueve poco», «Es que es un/a vago/a».


Todos hemos pecado alguna vez de hacer estos juicios de valor, yo el primero.
Y es que, como decía, los prejuicios son inevitables porque van intrínsecos a nuestro mapa mental y a nuestras creencias.


Los pacientes no son menos, y sus creencias respecto al dolor muchas veces van a estar en contraposición a las nuestras.
Nosotros, profesionales que hemos estudiado y aprendido cómo funciona el dolor, nos creemos a veces en posición de juzgar las creencias de los pacientes sobre su dolor, atreviéndonos en ocasiones a juzgar que esa persona no está haciendo lo suficiente por su recuperación.


Esta es la forma más sencilla de perder la confianza del paciente, y de reforzar esas actitudes que consideramos «negativas», ya que la persona se tomará este intento de cambio como un ataque, y se verá amenazada por nosotros.

Es por ello que chocar con las creencias no es una buena estrategia para lidiar con los pacientes, y debemos intentar aumentar y mejorar la confianza que este nos tiene, entendiendo sus circunstancias particulares, antes de intentar entrar a cambiar su forma de pensar.


En esta línea, quisiera también hacer referencia a profesionales que se juzgan entre sí, sin conocer los contextos que cada uno de ellos tiene, y dando por hecho realidades que, en la mayoría de casos, no se ajustan a la verdad.


Esto es muy común verlo en redes, donde el cruce de acusaciones está a la orden del día.


Como ya escribí en su momento, la infoxicación es una realidad que está ahí, y constantemente nos encontramos con gente a la que nuestra visión del mundo les choca, e incluso les ofende.
No quiero convertir este post en una disertación sobre el odio y la envidia en redes, pero creo que es importante valorar el contexto en el que nosotros, como clínicos, nos desarrollamos.

Para ello, si aún no lo has hecho, te invito a leer el artículo sobre la infoxicación, y a revisar si tus creencias son las que están haciendo que sientas esa frustración, al ver a otros donde a ti te gustaría estar.


Y esto lo digo porque, si vamos a entrar a valorar e incluso cambiar las creencias de nuestros pacientes, quizá deberíamos empezar por aclarar cuáles son las nuestras, y determinar si están acorde con lo que queremos transmitir a nuestros pacientes.


Creo sinceramente que un fisioterapeuta envidioso, con miedos y frustraciones incontroladas, no será nunca un buen clínico, porque será incapaz de reconocer esos patrones aberrantes en sus pacientes. Y, si llega a hacerlo, no sabrá cómo hacerles frente, pues en su interior estará dominado por los mismos sentimientos que llevan a su paciente a estados dolorosos.


Es por ello que creo que el desarrollo personal, mediante la lectura de filosofía, y la revisión constante de nuestras creencias, es un paso imprescindible antes de entrar a tratar a nadie con dolor o cualquier otra patología compleja.

Conocer a la persona es más importante que conocer la patología.

Fisiodelpino

Te invito, a ti que me lees, a revisar si en tu interior hay aún tienes creencias erróneas sobre el dolor, o sobre el comportamiento humano. Si aún te es natural juzgar lo que otros hacen o piensan, y si te sientes frustrado por cómo otras personas manejan su vida.

Si es así, te animo a intentar eliminar esas actitudes, ya que no te van a ayudar a ser mejor en tu trabajo, y probablemente causen graves conflictos a largo plazo.


Obviamente, revisar estas creencias no será sencillo, y no podrás eliminarlo definitivamente, ya que están instauradas en ti desde hace muchos años. Esto hará que tu sistema de defensa se active, y te sientas amenazado por ti mismo, ya que estarás removiendo y analizando a tu propia conciencia.


Pero el hecho de que seas capaz de identificarlas, y utilices estrategias para aliviarlas, será suficiente para no dejarte dominar por ellas.


Espero no haberte aburrido mucho con este tema, y que te haya sido de utilidad. Nos vemos en el siguiente post, y no lo olvides: ¡#MueveteMucho !

Referencia:

Este artículo lo escribo teniendo presente este otro del grupo de investigación de Peter O´Sullivan (https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S141335552030407X), donde hablan de la importancia de las creencias en el afrontamiento del dolor en fisioterapia.


Además, tengo en cuenta los conocimientos adquiridos de mis lecturas de Mark Manson y Jordan Peterson, que han inspirado en los últimos meses muchos de mis razonamientos.

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Dolor, Ejercicio, Fisioterapia, Lesión, Miedo, Movimiento, Salud

El lenguaje es muy importante, y hay veces que su uso por parte del fisioterapeuta no ayuda a mejorar la relación con el paciente, e incluso puede dar lugar a efectos adversos sobre el tratamiento.
En este último caso, hablamos de mensajes nocebos.


Los mensajes nocebos son mensajes que, transmitidos por un profesional, producen efectos nocivos en los pacientes, ya sea por aumentar su miedo, o por ir contra las creencias respecto a un tratamiento determinado.


Esto debe explicarse con más detenimiento, y es que es importante entender que el poder de las palabras se hace mayor cuando las transmitimos desde una posición «de poder», como es la que nos otorga nuestro perfil sanitario.


De este modo, aquello que digamos a nuestro paciente será tomado, en la mayoría de casos, como una realidad, y es importante que ésta vaya acorde con los pensamientos del paciente, o podremos provocar en él problemas serios que interfieran en su tratamiento.


No hablo de reducir o simplificar el mensaje, pues como veréis a continuación la mayoría de mensajes son sencillos y fáciles de entender. Pero lo que es importante es no hacer afirmaciones que puedan ser parciales o contener algún tipo de mensaje «fragilizante«.


Así, dar por seguras ciertas cosas, como los tiempos de recuperación, el origen del dolor, o la conveniencia de ciertas posturas, pueden ser mensajes malentendidos por el paciente, por lo que debemos controlar su uso.


A su vez, es importante que el paciente tenga claras ciertas premisas, como lo son la incertidumbre asociada a todo proceso de recuperación, y su fuerza para superar la adversidad.
Este tipo de mensajes son mucho más positivos, y podríamos considerarlos «empoderantes«, ya que en gran medida van a reforzar las actitudes del paciente que le ayuden en su recuperación.


Algunos de los mensajes que me gusta aclarar a los pacientes, descartándolos antes de iniciar todo tratamiento, son los siguientes:

1. Cuándo vas a recuperarte

Nadie puede asegurarte cuánto tiempo tardarás en salir de una lesión, o en librarte del dolor.


Estos procesos son complejos, y hay muchos factores que pueden interferir. Es por ello que el papel de un fisioterapeuta no está en hacer pronósticos, sino en intentar acompañarte durante todo el proceso, haciéndote partícipe del mismo.


Como terapeuta, intento siempre hacer entender al paciente que todo proceso de recuperación no es lineal, y que es complicado determinar una fecha exacta de vuelta «a la normalidad».
Por otro lado, sí que me gusta tranquilizar a los pacientes, haciéndoles ver que nada dura para siempre, y que tarde o temprano se saldrá de esa situación.


Para ello, es importante ponernos metas a corto y largo plazo, y ajustarnos a ellas a la hora de realizar los tratamientos. De este modo, mientras vamos cumpliendo objetivos más pequeños, no dejamos de poner el foco en el objetivo mayor, sin obsesionarnos por llegar cuanto antes.

A este respecto, escribí una entrada hace un tiempo, en la que hablaba de cómo funcionan los procesos, y de la importancia de no obsesionarnos con el resultado final, y disfrutar en su lugar del camino hacia la cima.

2. Por qué te duele

Esta es una pregunta recurrente, y muy difícil de responder.


El dolor es una experiencia personal, y tiene muchos factores que pueden influenciar en su aparición.


Si bien en algunos casos la lesión y el dolor están íntimamente relacionados, en muchos otros casos no sucede así, y esto nos puede complicar a la hora de determinar el origen del dolor.


Es en estos casos cuando más cuidado debemos tener con los mensajes que enviamos a los pacientes, ya que el hecho de no entender el origen y el por qué de su dolor puede suponer un factor de riesgo para el propio dolor.

Suena paradójico, ¿verdad? Pero tiene su lógica.


Uno de los determinantes del dolor es el miedo, y éste se relaciona íntimamente con la incertidumbre, que es la sensación de falta de seguridad o confianza sobre algo (en el caso de los pacientes, sobre su propio dolor).


El manejo de esta incertidumbre pasa por reconocer que no sabemos exactamente qué produce el dolor del paciente, pero que ésto no es demasiado importante cuando hablamos de dolores de larga duración.


De este modo, en estos pacientes será imprescindible «desviar» el foco del tratamiento del propio dolor, y centrarnos en los factores que pueden estar ocasionando dicha condición


Y dentro de estos factores entran todo tipo de condicionantes, desde los sociales, los culturales y los psicológicos.


Por ello, cuando te hagan esta pregunta, ¿por qué me duele?, no corras a buscar respuesta, y entiende el contexto de tu paciente antes de apresurarte a contestarle.

3. Estoy seguro de que te vas a recuperar

En línea con lo comentado en el punto anterior, dar certezas de seguridad sobre algo que no sabemos con seguridad es peligroso.


La recuperación no es algo que dependa al 100% de nosotros, por lo que no podemos asegurar el desarrollo de la misma.


El hecho de decirle esto a los pacientes puede jugar en nuestra contra, ya que en algunos casos, más de los que pensamos, podremos no conseguir nuestros objetivos, y se nos podrá culpar de dar falsas esperanzas.


Por ello, y conforme a lo dicho en el primer punto, aclararle a los pacientes que la recuperación no está nunca asegurada, ni que será una línea recta, es un punto clave para aclarar antes de comenzar el tratamiento.


Y, en ese sentido, será muy importante para reforzar la confianza del paciente, ya que este nunca dudará de nosotros, incluso en los momentos en los que su recuperación se estanque.


No obstante, si le aseguramos la recuperación y en algún momento nos estancamos en la misma, la confianza se habrá deteriorado, y habremos perdido la alianza con nuestro paciente.

4. Si haces estos ejercicios, no tendrás dolor

Otra frase célebre de muchos terapeutas, que nos encanta utilizar para hacerle ver al paciente que el ejercicio es clave en toda recuperación.


Sin embargo, y por muy buena que sea la intención con estas palabras, afirmar que existen ejercicios que «evitan» el dolor, o que pueden «prevenir lesiones» es algo a evitar.

Esto se debe a que la lesión es un juego de probabilidad, y es imposible, por muy bien que entrenes, evitarla con ejercicios o cualquier otra intervención.


Obviamente cuanto más en forma estemos, menos probable será la lesión. Pero no podremos asegurar nunca que ésta no se vaya a producir (como decía antes, no podemos asegurar nada que no depende de nosotros).


Como parte de la educación y rehabilitación, le haremos entender al paciente este aspecto, eliminando la creencia de que existan ejercicios «preventivos» o «correctivos», y cambiándola por ejercicios que «reducen la probabilidad de lesión».

5. Con esa postura es normal que te duela

Y para terminar, la joya de todas las frases nocebo que pueden existir.


Y es que no, no existe una relación entre una mala postura, y el dolor. Más bien, una mala postura es consecuencia de tener dolor.


Las formas de prevenir el dolor no pasan por corregir la postura, sino por otras muchas, como son el aumento de la actividad física, el control de ciertos factores psicológicos o incluso el control de la alimentación (esta última, depende enteramente del nutricionista – DI NO A LOS INTRUSOS).


Por ello, no te preocupes tanto de cómo te sientas en la silla del trabajo, o en buscar un cojín que mantenga tu columna «alineada», y céntrate más en moverte a menudo, levantarte de la silla tras varias horas de trabajo, y no comer en exceso.

Recuerda: El lenguaje es poderoso

Como profesionales sanitarios debemos controlar lo que decimos, y es importante que los pacientes también conozcan la realidad detrás de ciertos mitos que circulan por ahí.


Por ello, animo a quien quiera a contactarme si tiene alguna duda respecto a su lesión o dolor, y a no tener miedo de los mensajes referidos en este post.


Recuerda que eres más fuerte de lo que te han hecho pensar, y repítetelo para que no se te olvide.

Gracias por leerme, espero que te haya gustado. Como siempre, te mando un abrazo, y #MueveteMucho .

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Fisioterapia, Lesión, Movimiento, Salud

Uno de los consejos clásicos tras una lesión por parte de los clínicos, sea una fractura, una rotura muscular o un esguince, ha sido el de mantener reposo absoluto hasta que la lesión se curase.
Hoy día, este consejo tiene poco o ningún sentido, ya que prácticamente cualquier lesión se va a beneficiar de una recuperación temprana, y de un aumento progresivo de la carga sobre el tejido lesionado.
En este sentido, la carga óptima puede variar en tejidos lesionados y sanos, por razones obvias, pero existen alternativas a la inmovilización que, según las últimas investigaciones, son mejores para la recuperación de la función y el mantenimiento del estado físico general del paciente.

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