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Dolor, Fisiolosofia, Fisioterapia, Mentalidad, Miedo, Podcast, Salud

¿Qué relación puede haber entre el concepto Amor fati, creado por Nietzsche, el de Wu wei, base en el taoísmo, y la historia natural de la enfermedad?
Hoy vamos a hablar de estos tres conceptos que, aunque suene raro, tienen más que en común de lo que puedes pensar.

Friedrich Nietzsche, creador del concepto, describía Amor Fati de la siguiente manera:

Quiero aprender cada día a considerar como bello lo que de necesario tienen las cosas; así seré de los que las embellecen. Amor fati: sea este en adelante mi amor.
No quiero hacer la guerra a la fealdad. No quiero acusar, ni siquiera a los acusadores. ¡Que mi única negación sea apartar la mirada! ¡Y en todo y en lo más grande, yo solo quiero llegar a ser algún día un afirmador!

F. Nietzsche


Hablar de este tema, y resumirlo en los 10-15 minutos que durará este podcast, no es sencillo, pero intentaré hacerlo lo mejor posible.


No obstante, te aconsejo leer algunos libros que han supuesto un auténtico cambio en mi forma de pensar, y a través de los cuales he desarrollado mi filosofía de vida actual:


Sapiens, de hombres a dioses. Yuval Noah Harari, El sutil arte Mark Manson, Reinventarse, Mario Alonso Puig, 12 reglas para la vida, Jordan Petterson y Más allá de tu mente, Allan Watts.


En sus libros, de un modo más o menos directo, se desarrolla la idea de la aceptación del destino, del desapego a la esperanza, y del desarrollo de uno mismo por encima de lo que en su vida acontezca.


De un modo u otro, todos estos autores hablan en sus obras de la necesidad de aceptar que la vida, en sí misma, no tiene un sentido, y que de algún modo u otro vamos a morir, y poco de lo que hagamos tendrá importancia en unos años.


Esto para algunos es difícil de aceptar, y se niegan a admitirlo. No obstante, hoy quiero hablaros de por qué creo que es una postura lícita, e incluso acertada si quieres vivir en calma.

Mi tatuaje: AMOR FATI.


De este modo, aceptar que la vida no tiene sentido, que no hay un objetivo que alcanzar que determine su final, te hace ser más consciente del hecho de estar vivo, y te anima a vivir de un modo más intenso: Si no hay nada más allá, ¿por qué ibas a desperdiciar el tiempo que se te ha dado?


De algún modo, colocar el punto final en la muerte, teniéndola presente y sabiendo que es el final de todo, te ayuda a enfocar tu vida, y tus problemas, con una nueva perspectiva.


Porque, ¿qué es llegar tarde a tu cita o perder el bus, comparado con estar muerto?


Sí, sé que suena drástico, pero de verdad me gustaría que me dieses una oportunidad para explicarme, e intentar explicarte (que no convencerte) de por qué he dejado de buscar un sentido a la vida, y he empezado a valorar la vida misma como significado único.


Para mi Amor fati es aceptar esto último: Que la vida es, por si sola, la que da significado a todo lo demás. De ella surge todo, lo bueno, lo malo. De ella nace el dolor y la pena, y también el placer y la alegría. Y lo hace, no porque haya un plan preparado para ello, sino simplemente porque estar vivo te permite que todo eso sea posible.


Amor fati implica renunciar a la esperanza de un futuro mejor, y aceptar el presente tal como es y cómo viene, sin valorar que pudiera ser mejor o peor de lo que ya es.


Y aceptar esto, no implica renunciar a los sueños y anhelos de algo mejor, pero sí implica renunciar al deseo y al apego (Estos son conceptos que el budismo desarrolla especialmente).


Desprendernos del deseo, cambiándolo por aceptación del presente (Amor fati), nos hará más conscientes de lo que ya tenemos, y nos hará valorarlo con perspectiva.


Y es que muchas veces nos complicamos buscando la felicidad, buscando algo que nos estimule y nos haga sentirnos llenos, sin darnos cuenta que, una vez llega, nos acostumbramos y dejamos de valorar todo lo conseguido.


Por otro lado, muchas veces nos preocupamos de problemas que se acaban solucionando por sí mismos, y nos olvidamos de fluir con el momento, enredándonos en pensamientos y estrategias que nos alejan de ese resultado que anhelamos.


Es paradójico, pero muchas veces no hacer nada es la mejor solución. Simplemente aceptar la situación, y dejar que fluya hacia su solución natural.


Dejar a la naturaleza actuar, aceptando (y amando) lo que suceda – esto es, amor fati – es uno de las enseñanzas principales del taoísmo, filosofía de origen china muy famosa por su principal símbolo: El ying y el yang.


Esta filosofía no la conozco tanto como el estoicismo (en el que tampoco soy experto), pero a raíz de escuchar las lecciones de Alan Watts he empezado a interesarme más por la filosofía del tao – al final leeré un texto que me ha inspirado a escribir este.


El objetivo del Tao es alcanzar la inmortalidad. Esto no se debe entender literalmente, sino como una forma de inmortalidad espiritual, que se alcanza al vivir en armonía con la naturaleza.


La naturaleza, en el taoísmo, es un sistema anárquico, donde no hay un jefe que controle todo, sino que es una fuerza libre que actúa a sus anchas.


Un principio fundamental del Tao es el principio de Wu Wei – esto significa “No hacer nada”, pero en el sentido de “no intervenir en el curso de los eventos”, no actuar contra la naturaleza.

5 acciones de la filosofía Wu Wei - Farmaoptics
El círculo que fluye como símbolo de Wu wei.


En este punto, quería relacionar estos dos conceptos, Amor fati y Wu wei (“No hacer nada”), con la historia natural de la enfermedad, y los tratamientos en fisioterapia.


La historia natural de la enfermedad es la evolución de un proceso patológico sin intervención médica.


En nuestra profesión, no son pocas las ocasiones que encontramos a compañeros que complican sobremanera los tratamientos, quizá confiando en que sus técnicas serán las que curen al paciente, y no aceptando el hecho de que, muchas veces, el paciente se recuperaría igualmente sin nuestra intervención, ya que la naturaleza actúa en él.


Considero muy necesario aceptar que los pacientes tienen una vida y unas circunstancias diversas, y que éstas tendrán más influencia en su recuperación que cualquier técnica que podamos hacer.


Nuestro deber es aceptar esto, y trabajar para encontrar el punto donde podemos impulsar esa recuperación, conectando realmente con nuestro paciente y despertando su naturaleza.


Ojo, que al hablar de estos dos conceptos no quiero decir que debamos renunciar a ser mejores en nuestra vida, y en nuestras profesiones. No quiero invitar a nadie a dejar de estudiar, sean métodos o teorías, y a aplicar todo lo aprendido. No dejes de formarte solo porque algunas veces “se curará solo”, porque con esa actitud no llegarás lejos.


La naturaleza es sabia, pero también lenta. Muchas veces podemos ayudarla a acelerar la curación con el mero hecho de que el paciente acuda a nosotros. Podemos tomar medicinas y recibir tratamientos, siempre teniendo en cuenta qué efecto concreto tendrán en nosotros, y no dependiendo de ellos más allá de lo necesario.


Y también la labor de acompañar al paciente en esa recuperación más “natural” es necesaria, ya que nuestra ayuda por sí sola puede resultar en un estímulo positivo a su recuperación.


En otras ocasiones, no pocas, hacer entender al paciente esto, la historia natural de la enfermedad, no es fácil. Y una vez lo comprenden, van a agradecer evitarse tratamientos que podrían ser inútiles en su caso.

Por ello, no descartes el poder del estudio, y hazte preguntas de manera constante. Pero intenta, con todo lo que sabes, simplificar tus tratamientos.


Y cuidado, hacerlo simple no es sencillo, y hay que ser muy bueno en lo que haces para simplificarlo. A veces nos creemos que lo más complejo es mejor, y ya habéis visto que no siempre tiene por qué ser así.


Por otro lado, aceptar lo que llega, y no intentar cambiarlo, no implica que no luches por ser una mejor persona, y un mejor fisioterapeuta.


Lejos de eso, te permite aceptar tus limitaciones, y empezar a trabajar en tus debilidades para alcanzar tu mayor potencial.


Pero cuando sabes que fallar es una opción tan válida como acertar, el miedo se desvanece y las oportunidades se multiplican.


Por ello, vive de acuerdo con la naturaleza, desarróllate sin miedo, pero no temas al futuro ni a lo que no sabes, porque todo forma parte de algo que va más allá de tu control.


Espero que mi razonamiento no haya sido demasiado complicado de seguir, y que esta disertación os resulte interesante y de utilidad.


Para terminar, os dejo con un texto de Allan Watts que me ha inspirado a escribir este texto.

El principio de «No hacer nada», explicado por Alan Watts

La naturaleza es un organismo autorregulado, democráctico. Es una totalidad, donde todo va junto. Y esa totalidad es el TAO.

Cuando el taoísmo habla de seguir la naturaleza, seguir el camino, a lo que se refiere es más a esto: Haz las cosas de acuerdo con la naturaleza de las cosas mismas. No quiere decir que no cortes la madera, sino que lo hagas de la manera que te sea más fácil. Aprender a utilizar la naturaleza respetándola, sin destruirla.

Este es el principal fundamento del taoísmo: Wu wei. No forzar nada.

No fuerces el candado, o doblarás la llave. Actúa siempre de acuerdo con la forma que tienen las cosas, tal y como ellas existen. No impongas una interferencia que no esté realmente de acuerdo con esa situación. Es mejor no hacer nada, que interferir desconociendo la relación que existe entre todas las cosas que vas a modificar.

Es muy importante sentir que todas las cosas están conectadas entre sí. Que la vida no es una competición, sino un extraño sistema de conexión, donde todo se retroalimenta y crece con la interacción. Aceptar la idea del “enemigo amistoso”, “la necesaria adversidad” que es parte de ti, y que es necesaria para mantenerte fuerte y hacerte crecer.

Todo conflicto es, al final, una forma de cooperación que nos hace crecer mutuamente.

Entender esto es la base, no forzar nada. Acepta esto, y podrás vivir una vida que está de acuerdo a la naturaleza.

Alan Watts, el principio de «no hacer nada»


Espero que os haya gustado, y nos vemos en el próximo post. Un abrazo y, como siempre, recuerda: #MueveteMucho

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Dolor, Fisiolosofia, Fisioterapia, Lesión, Mentalidad, Miedo, Podcast, Salud

Hoy os traigo la relación que puede tener el concepto filosófico de «noche oscura del alma» (Creado por San Juan de la Cruz en su poema homónimo), con el dolor crónico.
Quédate si quieres saber la relación que existe entre estos dos términos…

Entra dócilmente en esa noche quieta
No te resistas, no luches, ten fe
Acepta lo inevitable, y aprovecha que aún vives
No te detengas a esperar lo que no pasará
Y no renuncies al ahora por lo que no va a llegar


San Juan de la Cruz escribió el poema “La noche oscura del alma”, donde hacía referencia a la sensación de vacío y soledad que una persona experimenta antes de un encuentro místico (en su caso, se refería al encuentro con Dios, pero podría entenderse en otros contextos).


Su poema narra el viaje del alma desde su casa corporal hasta su unión con Dios. El viaje ocurre durante la noche, que representa el periodo en el cual la persona se encuentra desorientada y perdida entre la oscuridad, en busca de una luz del creador, que no parece llegar.


La idea principal del poema se puede ver como la experiencia dolorosa que la gente soporta cuando procura crecer en madurez espiritual y unión con Dios, y el miedo que se siente antes de esa unión, cuando todo es negro, y nada parece aflorar de las tinieblas.


Pero… ¿qué relación puede haber entre este estado espiritual, y la recuperación física en personas con dolor (especialmente dolor crónico)?


Como ya sabéis los que me seguís hace tiempo, soy un enamorado de la filosofía (De ahí el nombre de mi programa de podcast, Fisiolosofia), y creo que ésta esconde muchas más respuestas de las que nos han enseñado a ver en el colegio.


Hoy, en mi afán por acercar estas dos ramas, os quería hablar sobre qué entiendo yo por esa noche oscura, y la relación que puede haber con los pacientes con dolor.


La noche oscura del alma es un concepto que acudió a mi hace poco, después de leerme el libro “Reinventarse”, de MA Puig. Al leerlo, recordé la conversación que mantuve con Marina hace poco en este podcast, en la que hablamos sobre la importancia de mantener nuestra identidad, y lo esencial que es, psicológicamente, definirnos de una manera determinada.


La noche oscura del alma, en un sentido más profano, sería el momento en el que nuestra identidad actual empieza a desvanecerse, para ir convirtiéndose poco a poco en una nueva, en muchos casos mejor de la
que teníamos.


En las personas que llevan arrastrando procesos de dolor de larga duración, el dolor se ha convertido en parte de su identidad, hasta el punto que muchas personas se reconocen a sí mismas por su dolor, y no se imaginan su vida sin ese problema.


Es por eso que, aunque cueste admitirlo, muchos no se atreven a abandonar esa identidad donde aún sufriendo, se sienten seguros, porque es la que conocen.


Es en esos casos, donde el miedo a perder lo que somos nos acecha, cuando debemos tener presentes esta “noche oscura”.

Es normal que, en esos momentos donde todo lo que creemos ser se tambalea, la incertidumbre y el miedo se apodera de nosotros, y nos aferramos a nuestro antiguo yo, porque nos aterra lo que puede esperar al otro lado.


Y es que explorar es algo aterrador, no te asegura el éxito, y puede llevarte a una posición peor de la que tienes ahora mismo.


Cuando sufrimos incertidumbre, los sistemas de alarma se disparan, empujándonos a buscar lugares donde nos sintamos seguros y en calma, esto es, a buscar anclas de seguridad.


Es importante que los pacientes, y nosotros mismos, tengamos claras esas anclas a las que acudir en casos de duda o miedo.


A la hora de determinar esas anclas de seguridad, debemos asegurar que no sean patrones de conducta que nos devuelvan a nuestro “antiguo” yo.


En el caso de los pacientes, esto implica desterrar patrones que puedan estar relacionados con su dolor (mala alimentación, falta de sueño, pensamientos catastrofistas, actitudes sedentarias).


Debemos determinar algunas actitudes que nos hagan sentirnos seguros, y éstas deben ser lo más sanas posibles (salir a pasear, tomar una bebida caliente, meditar).


Con todo esto, quiero decir: Desterrar malos hábitos negativos es un paso muy importante, y no podemos tomarlo a la ligera, o nos entrará vértigo y querremos aferrarnos a ese yo que ya conocemos, aunque no sea bueno para nosotros.


Es por ello por lo que he creído necesario hablar de este tema aquí.


Las personas con patología que empiezan a salir de sus procesos de dolor, necesitan tener claro que la incertidumbre acompaña a ese proceso, y que será inevitable entrar en “La noche oscura del alma” una vez empiecen a ver la luz que asoma detrás de su dolor.


Para ellos, también será esencial encontrar “anclas de seguridad” a las que aferrarse en momentos de inseguridad, teniendo claro qué anclas serán estas, e intentando que éstas estén alejadas de los patrones de conducta que producen el dolor.


He querido relacionar esta noche oscura a mi contexto, la fisioterapia, pero es algo que todos, en algún momento, hemos enfrentado, o a lo que nos vamos a enfrentar.


Piensa en aquellos momentos de tu vida que implicaron un gran cambio. Puede ser el día que montaste en bicicleta por primera vez, el día que te graduaste y saliste al mundo laboral, o tu primera vez con una pareja en la cama.


Recuerda las sensaciones que invadieron tu mente en estos momentos, y recuerdo cómo saliste de aquello: Lanzándote al vacío, dejando al miedo fluir y entrar en ti, siendo uno con él.


Y cómo saliste de aquello siendo una persona renovada, y diferente a la que se adentró en la noche.


Es inevitable, y necesario, entrar en esa noche oscura. Abrazar el miedo y la incertidumbre. Es la única manera de descubrir qué hay más allá de nuestros límites, de nuestro yo actual.


No te dire: NO TEMAS. Porque el temor es inevitable.

Solo te recordaré: La magia está al otro lado del miedo.

«A veces el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la Muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta tormenta, en definitiva eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí solo hay una arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo. Imagínate una tormenta como ésta.»

«Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No! Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta de arena.»

Kafka en la orilla, Haruki Murakami
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Fisiolosofia, Fisioterapia, Mentalidad, Miedo, Podcast, Salud

Te dejo a continuación algunas ideas que he sacado en claro de la lectura del libro «Todo está jodido», de Mark Manson.
Personalmente ha sido una lectura muy ilustrativa, y espero ser capaz de transmitir, al menos en parte, las ideas que ha despertado en mi.
Espero que lo disfrutes.

Hace unas semanas me acabé el último libro de Mark Manson: Todo está j*dido.

Este autor me ha marcado en los últimos tiempos por su forma de ver la vida, y su franqueza a la hora de expresar sus ideas acerca de la existencia y el valor de la vida humana.


Su libro «El sutil arte de que todo te importe una mierda» fue uno de mis primeros contactos con la filosofía estoica y la autoayuda (Aunque este libro no tenga ni lo uno ni lo otro).


Sin embargo, considero que su forma de afrontar la vida está muy acorde a lo que yo creo y pienso a menudo, y es por eso que hoy querría habar un poco más en profundidad sobre estas ideas y sobre las enseñanzas que he sacado de la lectura de su libro.


En las más de 200 páginas de «Todo está jodido», Mark Manson reflexiona sobre numerosas ideas, entre las que destacan el desapego por la esperanza, y el «amor fati«.


Estas dos ideas están muy relacionadas entre sí, ya que ambas incluyen eliminar de nuestra vida el deseo de tener una vida mejor, y cambiar éste por el objetivo de ser mejores, sin esperar nada a cambio.


El desapego a la esperanza se desarrolla considerando a la esperanza como una «trampa» que nos tendemos a nosotros mismos, haciéndonos caer, en muchas ocasiones, en actitudes irracionales e imprudentes.


Para Mark Manson, la esperanza nos hace soñar con un futuro mejor, nos ayuda a desarrollar nuestros sueños. Pero, a su vez, nos obliga a luchar para conseguir algo diferente a lo que ya tenemos, nos aleja de nuestro presente y nos impide valorar lo que ya tenemos.


Debido a esto, y en relación a la segunda idea del libro, nos alejamos de lo que estamos ya viviendo, para alojarnos en lo que podría ser.


Al alejarnos del presente, desechamos lo único certero que tenemos: El ahora. Y lo hacemos esperanzados de que lo que vendrá será mejor.

No obstante, y sobre esto se desarrolla bastante en el libro, ese futuro que vendrá no cumplirá seguro con nuestras expectativas.

Llegado a este punto, tenemos que hablar un poco de la teoría del punto azul.

La teoría del punto azul:

Esta teoría surge de un experimento que se llevó a cabo para ver cómo nuestra percepción de la realidad puede variar dependiendo del contexto y las experiencias previas.

En el experimento, varios participantes debían identificar si unos puntos eran azules o púrpuras.
Al principio, los participantes no tuvieron demasiados problemas en distinguirlos.

Sin embargo, conforme los puntos azules iban apareciendo menos, los participantes empezaban a confundir más los puntos púrpura como azules, guiados por la expectativa de que los puntos azules «debían aparecer», como estaban haciendo previamente.


El experimentó se repitió con rostros amenazantes o amables, produciendo resultados similares: Conforme los rostros amenazantes desaparecían, las personas tendían a asociar rostros amables con amenazantes debido a sus expectativas de que los rostros amenazantes siguieran apareciendo en frecuencias similares.


Teniendo estos resultados presentes, podemos ver cómo nuestro cerebro recalibra constantemente nuestras percepciones basándose en nuestras experiencias anteriores.

De esta manera, ¿cómo podemos estar seguros de que vemos las cosas tal como son?


Estos resultados experimentales son extrapolables a la percepción que el ser humano hace de los problemas que le abordan. Cuando estos problemas empiezan a escasear, el ser humano «se los inventa», y los hace aparecer allá donde no los hay realmente: Cuanto más problemas resolvemos, más situaciones seguras percibimos como problemáticas.

De esta manera, la insatisfacción es constante, nunca tenemos suficiente seguridad ni nos sentimos suficientemente cómodos.

Es por ello que debemos desterrar la esperanza en un futuro mejor, y centrarnos en ser mejores personas por encima de todo. El mejor futuro no llegará, ya que cuando estemos en él, nos habremos adaptado y encontrado algún otro problema que debamos solucionar.


El autor, con todo esto, nos invita a abandonar la esperanza. No como una oda al nihilismo, sino como una aceptación de que la vida es lo que es, y no debemos esperar mucho más de ella.
Al fin y al cabo, solo hay una verdad (incómoda): Nos imaginamos nuestra propia importancia. Nos inventamos un propósito, pero no somos nada.


Tú, yo, y todos los que conocemos vamos a morir, y casi nada de lo que hagamos tendrá eco en la eternidad.

¿Qué sentido tiene la vida?

El significado que aportamos a nuestras vidas no es más que un producto de nuestra imaginación, y realmente no tiene un sentido lógico, más allá de que creemos necesitar ese sentido para seguir viviendo.


Aquí se abre un debate interesante y complejo, pero considero que «el sentido de la vida» que muchas religiones y creencias han buscado a lo largo de la historia no es más que una «excusa» que inventamos para seguir vivos, y levantarnos por la mañana.


Para algunos, serán sus hijos, para otros será Dios, para otros gritarle a los futbolistas tras una pantalla. Cada uno elige su religión, y todas son igual de válidas (aunque no todas serán igual de respetables).


Las creencias y religiones no son más que construcciones humanas que hemos producido para darle sentido y significado a nuestras vidas. Sobre el papel, no tienen nada de malo.


El problema radica en cuando esas religiones niegan a una parte la capacidad de encontrar su propio significado, o vulneran la validez de la vida de algún modo.


Estas creencias y esperanzas han sido causa de todos los conflictos a lo largo de la historia, y es que no somos capaces de aceptar que otras personas puedan ver el mundo de forma diferente a nosotros y, lo que es peor, intentamos imponer esa visión a los demás mediante la fuerza (El origen de las guerras y conflictos políticos y económicos).


Pero todas estas creencias esconden algo que no queremos aceptar:

La vida es… la vida. Y no tiene otro sentido.

Derek Sivers habló de esto en esta charla , donde nos invita a reflexionar sobre la importancia que damos a esos siginificados vitales, a esa necesidad de darnos una importancia que probablemente no tengamos.


Una vez aceptas la verdad incómoda, y te dedicas a vivir sin esperar nada, solo por el mero placer de vivir, el sentimiento que te acompaña no es el vacío, sino la calma.

La existencia, el universo físico es básicamente lúdico. No hay necesidad de algo más en absoluto. No va a ningún lado. Es decir, no tiene un destino al que llegar.

Esto se entiende mejor por analogía con la música. Porque la música, como forma de arte, es esencialmente lúdica.

La música, digamos, es diferente del viajar. Cuando viajas estás tratando de llegar a algún lado. Con la música, sin embargo, uno no se esfuerza por llegar al final de la canción. El objetivo es la canción.

Si consideramos la vida según la analogía del viaje, como una peregrinación que tiene un propósito serio en el final, y la cuestión era llegar hasta esa cosa en el extremo; hasta el éxito, o lo que sea, o tal vez el cielo después de la muerte; nos habremos perdido toda la diversión en el camino.

La vida es una canción, y se supone que debes cantar o bailar mientras suena la música.

Alan Watts


Hay que hacer un pequeño apunte aquí, y es que el no buscarle sentido a la vida, o no esperar nada, no implica renunciar a vivir, sino todo lo contrario.

Implica situar la vida en el centro, valorar el estar vivo por encima de todo. Y tener claro que la vida es la causa de todo, y que nada tendría sentido sin ella.

El dolor es la constante universal

«El dolor siempre está ahí, lo que cambia es tu percepción del dolor. Esto se debe a que el dolor es la experiencia de la vida misma. Las emociones positivas son una desaparición temporal del dolor, y las negativas un aumento de la percepción del dolor.»


Bajo esta premisa, Mark Manson nos invita a aceptar el dolor como eterna constante y renunciar con ello a buscar la felicidad, ya que aceptas que ésta no existe por sí misma, sino que es el estado de ausencia de dolor.

Por otro lado, debes aceptar que el dolor debe estar ahí para darle sentido al no- dolor, y así aprender a valorar los momentos que no nos haces sufrir.


Piénsalo un poco. ¿Te imaginas una vida sin muerte? ¿Cómo valorarías lo que ya tienes, si no pudieras perderlo? Es necesario tener presente esa potencial pérdida, para valorar realmente lo que tenemos.


La vida, al final, se convierte en una sucesión de momentos más o menos dolorosos, y de algún modo aceptar esto hará que el dolor se vuelva manejable.

Crecer implica aceptar que hay que sufrir por las razones adecuadas, y estar dispuesto a zambullirse en el dolor y recorrer sus profundidades.


La búsqueda constante de felicidad es una actitud inmadura, que nos lleva a intentar llenar un hueco que nunca se llena (teoría del punto azul). Es la esencia de la corrupción y la autodestrucción.


El dolor es la fuente de todo valor. Cuando nos negamos a sentir dolor, nos negamos la habilidad de sentir ningún propósito en la vida.

La vida es.

Llegados a este punto, resulta complejo aclarar qué sentido tiene una vida sin esperanza, donde no se espera un mundo mejor ni se lucha por ello.


No obstante, esto no es del todo cierto. Negar la importancia de la esperanza para el progreso, no implica renunciar a ella.

Negar la esperanza es, por el contrario, aceptar que la vida es lo más valioso, y por sí sola es lo suficientemente importante para ser el sentido de todo, incluso de la propia vida.


Así, Amor fati implicaría que aceptamos que LA VIDA ES, y con ello basta para que todo lo demás valga la pena. Porque, sin la vida, no habría bien ni habría mal, no habría sentido ni habría esperanza. No habría nada.


Por ello, amar la vida con todo lo que ello implica, de bueno y de malo, es para mi lo que da sentido a todo, y es por ello que llevo tatuados en mi las frases Memento Mori (Recuerda que vas a morir) y Amor Fati (Ama tu destino).


Y es que, sin la muerte, la vida no tendría tanta importancia. Y sin la vida, nada importaría.


La verdad que este libro da para mucho más, y te recomiendo que lo leas y saques tus propias conclusiones.


Espero que se haya entendido mi visión, y que te haya gustado este contenido. No dudes en hacérmelo saber si es así. Te mando un fuerte abrazo y, como siempre digo, #MueveteMucho

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Dolor, Fisiolosofia, Fisioterapia, Mentalidad, Miedo, Movimiento, Podcast, Salud

En el post de hoy os traigo un pequeño resumen de la charla que mantuve con Marina Díaz (@marinadiazpsicóloga ).
En ella, abordamos diferentes temas, pero nos centramos en el manejo de pacientes con dolor crónico, y cómo la esfera psicológica es vital en este tipo de paciente.

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Dolor, Ejercicio, Fisioterapia, Lesión, Miedo, Movimiento, Salud

El lenguaje es muy importante, y hay veces que su uso por parte del fisioterapeuta no ayuda a mejorar la relación con el paciente, e incluso puede dar lugar a efectos adversos sobre el tratamiento.
En este último caso, hablamos de mensajes nocebos.


Los mensajes nocebos son mensajes que, transmitidos por un profesional, producen efectos nocivos en los pacientes, ya sea por aumentar su miedo, o por ir contra las creencias respecto a un tratamiento determinado.


Esto debe explicarse con más detenimiento, y es que es importante entender que el poder de las palabras se hace mayor cuando las transmitimos desde una posición «de poder», como es la que nos otorga nuestro perfil sanitario.


De este modo, aquello que digamos a nuestro paciente será tomado, en la mayoría de casos, como una realidad, y es importante que ésta vaya acorde con los pensamientos del paciente, o podremos provocar en él problemas serios que interfieran en su tratamiento.


No hablo de reducir o simplificar el mensaje, pues como veréis a continuación la mayoría de mensajes son sencillos y fáciles de entender. Pero lo que es importante es no hacer afirmaciones que puedan ser parciales o contener algún tipo de mensaje «fragilizante«.


Así, dar por seguras ciertas cosas, como los tiempos de recuperación, el origen del dolor, o la conveniencia de ciertas posturas, pueden ser mensajes malentendidos por el paciente, por lo que debemos controlar su uso.


A su vez, es importante que el paciente tenga claras ciertas premisas, como lo son la incertidumbre asociada a todo proceso de recuperación, y su fuerza para superar la adversidad.
Este tipo de mensajes son mucho más positivos, y podríamos considerarlos «empoderantes«, ya que en gran medida van a reforzar las actitudes del paciente que le ayuden en su recuperación.


Algunos de los mensajes que me gusta aclarar a los pacientes, descartándolos antes de iniciar todo tratamiento, son los siguientes:

1. Cuándo vas a recuperarte

Nadie puede asegurarte cuánto tiempo tardarás en salir de una lesión, o en librarte del dolor.


Estos procesos son complejos, y hay muchos factores que pueden interferir. Es por ello que el papel de un fisioterapeuta no está en hacer pronósticos, sino en intentar acompañarte durante todo el proceso, haciéndote partícipe del mismo.


Como terapeuta, intento siempre hacer entender al paciente que todo proceso de recuperación no es lineal, y que es complicado determinar una fecha exacta de vuelta «a la normalidad».
Por otro lado, sí que me gusta tranquilizar a los pacientes, haciéndoles ver que nada dura para siempre, y que tarde o temprano se saldrá de esa situación.


Para ello, es importante ponernos metas a corto y largo plazo, y ajustarnos a ellas a la hora de realizar los tratamientos. De este modo, mientras vamos cumpliendo objetivos más pequeños, no dejamos de poner el foco en el objetivo mayor, sin obsesionarnos por llegar cuanto antes.

A este respecto, escribí una entrada hace un tiempo, en la que hablaba de cómo funcionan los procesos, y de la importancia de no obsesionarnos con el resultado final, y disfrutar en su lugar del camino hacia la cima.

2. Por qué te duele

Esta es una pregunta recurrente, y muy difícil de responder.


El dolor es una experiencia personal, y tiene muchos factores que pueden influenciar en su aparición.


Si bien en algunos casos la lesión y el dolor están íntimamente relacionados, en muchos otros casos no sucede así, y esto nos puede complicar a la hora de determinar el origen del dolor.


Es en estos casos cuando más cuidado debemos tener con los mensajes que enviamos a los pacientes, ya que el hecho de no entender el origen y el por qué de su dolor puede suponer un factor de riesgo para el propio dolor.

Suena paradójico, ¿verdad? Pero tiene su lógica.


Uno de los determinantes del dolor es el miedo, y éste se relaciona íntimamente con la incertidumbre, que es la sensación de falta de seguridad o confianza sobre algo (en el caso de los pacientes, sobre su propio dolor).


El manejo de esta incertidumbre pasa por reconocer que no sabemos exactamente qué produce el dolor del paciente, pero que ésto no es demasiado importante cuando hablamos de dolores de larga duración.


De este modo, en estos pacientes será imprescindible «desviar» el foco del tratamiento del propio dolor, y centrarnos en los factores que pueden estar ocasionando dicha condición


Y dentro de estos factores entran todo tipo de condicionantes, desde los sociales, los culturales y los psicológicos.


Por ello, cuando te hagan esta pregunta, ¿por qué me duele?, no corras a buscar respuesta, y entiende el contexto de tu paciente antes de apresurarte a contestarle.

3. Estoy seguro de que te vas a recuperar

En línea con lo comentado en el punto anterior, dar certezas de seguridad sobre algo que no sabemos con seguridad es peligroso.


La recuperación no es algo que dependa al 100% de nosotros, por lo que no podemos asegurar el desarrollo de la misma.


El hecho de decirle esto a los pacientes puede jugar en nuestra contra, ya que en algunos casos, más de los que pensamos, podremos no conseguir nuestros objetivos, y se nos podrá culpar de dar falsas esperanzas.


Por ello, y conforme a lo dicho en el primer punto, aclararle a los pacientes que la recuperación no está nunca asegurada, ni que será una línea recta, es un punto clave para aclarar antes de comenzar el tratamiento.


Y, en ese sentido, será muy importante para reforzar la confianza del paciente, ya que este nunca dudará de nosotros, incluso en los momentos en los que su recuperación se estanque.


No obstante, si le aseguramos la recuperación y en algún momento nos estancamos en la misma, la confianza se habrá deteriorado, y habremos perdido la alianza con nuestro paciente.

4. Si haces estos ejercicios, no tendrás dolor

Otra frase célebre de muchos terapeutas, que nos encanta utilizar para hacerle ver al paciente que el ejercicio es clave en toda recuperación.


Sin embargo, y por muy buena que sea la intención con estas palabras, afirmar que existen ejercicios que «evitan» el dolor, o que pueden «prevenir lesiones» es algo a evitar.

Esto se debe a que la lesión es un juego de probabilidad, y es imposible, por muy bien que entrenes, evitarla con ejercicios o cualquier otra intervención.


Obviamente cuanto más en forma estemos, menos probable será la lesión. Pero no podremos asegurar nunca que ésta no se vaya a producir (como decía antes, no podemos asegurar nada que no depende de nosotros).


Como parte de la educación y rehabilitación, le haremos entender al paciente este aspecto, eliminando la creencia de que existan ejercicios «preventivos» o «correctivos», y cambiándola por ejercicios que «reducen la probabilidad de lesión».

5. Con esa postura es normal que te duela

Y para terminar, la joya de todas las frases nocebo que pueden existir.


Y es que no, no existe una relación entre una mala postura, y el dolor. Más bien, una mala postura es consecuencia de tener dolor.


Las formas de prevenir el dolor no pasan por corregir la postura, sino por otras muchas, como son el aumento de la actividad física, el control de ciertos factores psicológicos o incluso el control de la alimentación (esta última, depende enteramente del nutricionista – DI NO A LOS INTRUSOS).


Por ello, no te preocupes tanto de cómo te sientas en la silla del trabajo, o en buscar un cojín que mantenga tu columna «alineada», y céntrate más en moverte a menudo, levantarte de la silla tras varias horas de trabajo, y no comer en exceso.

Recuerda: El lenguaje es poderoso

Como profesionales sanitarios debemos controlar lo que decimos, y es importante que los pacientes también conozcan la realidad detrás de ciertos mitos que circulan por ahí.


Por ello, animo a quien quiera a contactarme si tiene alguna duda respecto a su lesión o dolor, y a no tener miedo de los mensajes referidos en este post.


Recuerda que eres más fuerte de lo que te han hecho pensar, y repítetelo para que no se te olvide.

Gracias por leerme, espero que te haya gustado. Como siempre, te mando un abrazo, y #MueveteMucho .

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