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Dolor, Fisiolosofia, Fisioterapia, Movimiento, Podcast, Salud

¿Es la ausencia de dolor, la no-enfermedad, o «lo normal»sinónimo de salud?
Debemos aceptar que la salud no es algo concreto, sino un proceso de aprendizaje y cambio continuo que durará toda nuestra vida.

Muchas veces me he preguntado, ¿estaré sano?
Yo no me siento mal, no me siento enfermo ni noto ningún problema interno. No tengo dolor, no me siento triste ni decaído, tengo energía, y vivo relativamente tranquilo.

Quizá sea eso tener salud. O quizá lo sea vivir en una isla alejado del mundo, bebiendo zumos de coco y tomando el sol.
O quizá sea disponer de tu propio tiempo, controlar tu cuerpo, ser dueño de tu vida.


Bueno, creo que hay muchas posibles definiciones de salud, y por eso hoy vengo a exponer la mía, que puede o no estar de acuerdo con la tuya.

La salud es una etiqueta, igual que la enfermedad.

Según el diccionario, Salud es el estado en que un ser u organismo vivo no tiene ninguna lesión ni padece ninguna enfermedad y ejerce con normalidad todas sus funciones.


Sin embargo, a mi esta definición se me queda algo corta, y es que se limita a definir con palabras un término que, en mi opinión, es más bien subjetivo y difícil de conceptualizar.

Para mi, salud tiene más que ver con sentirse sano, bien con uno mismo, que con tener todas tus funciones «en orden».


Y es que estoy cansado de ver pacientes con dolor a los que se les ha dicho que «están perfectamente», porque los resultados de sus pruebas son «normales», donde todo está «en orden», y por ello no han recibido la atención que merecían, a pesar de sentir que no estaban bien y que algo fallaba.


Y aquí entro en un terreno peliagudo, porque el estar enfermo también es una etiqueta, y bastante peligrosa, pues lleva adheridas muchas creencias negativas – incapacidad, debilidad, déficits.

E, igual que debemos re-enfocar la salud hacia la función y el bienestar, deberíamos hacer lo propio con la enfermedad, considerándola un estado transitorio y, en ocasiones, necesario como parte de una mejor salud (la hormesis y la antifragilidad nos enseñan que un cuerpo se hace más fuerte, esto es más sano, cuando ha pasado por las dificultades y ha sido capaz de mejorarse a sí mismo a través de ellas.)

De este modo, salud y enfermedad son estados fluidos del ser, no son estados fijos que podamos medir objetivamente (aunque desde las ciencias de la salud nos empeñemos en ello, poniendo etiquetas a todo lo que sucede a nuestros pacientes).


Entender la salud y la enfermedad como parte de un todo lo complica un poco, ¿verdad?

Quizá haya que desechar la idea de Salud o enfermedad, y limitarnos a hablar de estados de bienestar o malestar, donde podamos determinar qué nos hace sentir a gusto con nosotros mismos, y qué nos aleja de nuestra autoaceptación.

¿Qué aspecto quieres tener dentro de diez años?


Así, debes plantearte qué es lo que te hace sentir bien, no solo en el momento, sino a lo largo de tu vida. Vete con tu mente a dentro de 10 años, y piensa qué podrías hacer hoy para verte bien, o qué puedes cambiar para no verte en situaciones que hoy no se te hacen fáciles.

Y construye desde ahí, teniendo en mente todo el camino que habrás de recorrer, y que no será fácil, ni corto. Pero hará la aventura de vivir mucho más duradera y digna de disfrutar.

Y te lo digo en serio, si quieres vivir plenamente, no puedes renunciar a la salud, es un compromiso no ya a largo plazo, sino para toda la vida.

Plantéate la salud como un continuo en tu vida, como tu nueva forma de ser, y actúa en consecuencia.

Llegados a este punto, quizá deberíamos pararnos un momento, y analizar si todo lo que estamos haciendo contribuye a sentirte mejor (física, mental, espiritualmente). Y, si no es así, deberías apartarlo de tu vida: Comida basura, tabaco, alcohol, relaciones tóxicas. ¿En qué modo esto contribuirá a tu mejor yo futuro?


Y ojo, no te pido que vivas una vida aburrida, ordenada y sin sobresaltos. Que abandones a tus amigos porque van de cervezas los viernes, en vez de entrenar. O que no te tomes esa hamburguesa porque «engorda». No me malinterpretes, no te pido eso, porque eso sería contraproducente con la salud (toda obsesión se convierte en un problema de salud, mental y/o física).


Lo que si te pido es que pongas tu salud en el centro, y analices qué actos te acercan a sentirte bien, y cuales no (no solo a corto, sino a medio y largo plazo – recuerda tu imagen en 10 años).

Quizá tomarte unas cuantas cervezas sea una buena idea, pero no lo será si te bebes tres barriles (y notarás los efectos nocivos de esto no en 10 años, sino en 10 horas).

Tampoco comer una hamburguesa de vez en cuando va a matarte, pero sí lo hará si lo conviertes en tu menú del día (de nuevo, piensa en ti dentro de 10 años, y mira cómo estarás si te dedicas a comer basura todos los días).


Por otro lado, tampoco te obsesiones con el cuerpo o el entrenamiento. Es una parte vital, pero tómatelo con calma, y disfruta del proceso.

Lo mejor es que busques un deporte que te guste, y lo complementes con ejercicio de fuerza 2/3 veces a la semana. No debe ser algo complejo, solo levantar unos cuantos kilos y a seguir con tu día. Quién sabe, ¡igual hasta descubres que te gusta!

Quizá poner la salud en el centro sea la mejor manera de vivir nuestra vida con plenitud. Porque la vida, sin salud, es menos vida.

Aprovecha ahora, que aún no estás enfermo, y analiza si realmente estás sano (recuerda que la ausencia de la etiqueta «enfermo» no implica directamente estar sano).


Por ello, disfruta de la buena compañía sin complejos, come rico y sano, y, como siempre digo, #MueveteMucho

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Dolor, Fisiolosofia, Fisioterapia, Movimiento, Podcast, Salud

Muchas veces, los tratamientos en fisioterapia se basan en abordajes complejos, con gran cantidad de maquinaria y poca atención centrada en el paciente. Hoy vengo a reflexionar sobre la importancia (y la dificultad) de ser «más naturales», y dejar de centrarnos en resultados económicos o estéticos.

Hace unas semanas mantuve una conversación con un proveedor de fertilizantes que me hablaba de su novedoso sistema para nutrir el suelo, y mejorar así la calidad de los cultivos.


En su sistema, unas bacterias colocadas sobre el suelo eliminaban el exceso de nitrógeno y otras sustancias adheridas a las raíces de las plantas, mejorando la absorción de los nutrientes presentes en los abonos.


Con este método, se evitaría el exceso de abono, produciendo no solo un ahorro económico, sino una mejora de la calidad del suelo donde las plantas se desarrollan.


Esto es debido a que, entre otros componentes, los abonos contienen nitrógeno. Este nitrógeno, cuando no es absorbido por la planta (lo cual sucede si las raíces de la misma no son eficientes), se filtra hacia el suelo y contamina.


Gracias a este novedoso sistema, las plantas se volverían más eficientes, tendrían una mejor absorción del nitrógeno, y se disminuiría la contaminación. Además, mejoraría la salud de las plantas y el cultivo sería mucho más natural, sin necesidad de usar fertilizantes ni productos químicos que mejorasen la absorción de nutrientes.


Parece un plan perfecto, ¿entonces por qué no se aplica desde ya?


Bueno, más allá de la falta de investigación sobre el tema, el principal problema es que no hay un gran interés económico (todavía) detrás de esto, por lo que los beneficios no son tantos a nivel empresarial.


Traigo a colación este tema porque me recordó un poco a lo que sucede en algunas clínicas de fisioterapia, y a cómo algunos profesionales de nuestro campo piensan más a corto plazo que a largo.


En pocos lugares se busca la mejora de la calidad de vida del paciente (esto sería, una mejor absorción de nutrientes), y en muchos el principal objetivo es disminuir el dolor (esto es, abonar aún más la planta) sin tener en cuenta las causas de ese dolor o las circunstancias del paciente.


De este modo, la fisioterapia a veces se vuelve una máquina de producción que mira más por el interés económico que por la salud y el bienestar.


Mi visión de la salud es similar a la que este hombre tenía con los cultivos: Es mejor hacer las cosas un poco más lentas, con unos márgenes de beneficios más leves, si esto sirve para mejorar la vida de las personas a largo plazo.


Si algún día tengo mi propia clínica, espero no abandonar los principios que me guían hoy, y aceptar que el respeto por la naturaleza debe ser una base de mis tratamientos.


Y cuando hablo de respetar la naturaleza, hablo de hacer tratamientos enfocados en la persona, no en el dolor o en la patología.


Creo que hemos perdido el foco, y que muchas veces complicamos en exceso los tratamientos.


Creo que porque nos cuesta aceptar que, muchas veces, nuestros tratamientos no son tan eficaces, sino que es nuestra propia humanidad la que cura. La sinceridad, la confianza, y el amor que pones en los tratamientos son muchas veces más eficaces que todas las técnicas que apliques.


Simplificar la fisioterapia no implica que ésta sea fácil, o que cualquiera pueda hacerlo. Pero sí creo mejorar la vida de los pacientes puede conseguirse de manera que se respete la naturaleza humana.


Obviamente el conocimiento es importante, y tener muchas herramientas puede ser útil. No descartes estudiar acerca de diferentes abordajes, ya que nunca sabes cuándo pueden servirte.


Pero, lo que sí considero que debemos hacer, es cambiar nuestra visión sobre el «paciente – clavo».

Si tu única herramienta es un martillo, todos tus pacientes serán clavos.

Ten en cuenta que cada paciente es diferente, y que su experiencia sobre el dolor es cambiante.

No puedes pretender tener un método, o una forma predeterminada de tratarle. Porque la respuesta a cada tratamiento es tan cambiante, que ninguna de las variables que controles podrá asegurarte el éxito.


Quiero recalcar la necesidad de seguir estudiando y formarse. El razonamiento y el diagnóstico son claves a la hora de abordar al paciente, y no podemos esperar ayudar a alguien si no sabemos qué le pasa.

Dar palos de ciego no es una opción válida, nunca.


Pero también quiero insistir en la necesidad de ser más humanos, de ser buenas personas, para hacer que nuestros pacientes mejoren sin necesidad de inventar métodos o técnicas específicas.

Luchar contra el sistema… suena más fácil de lo que es

Dicho todo lo anterior, quería también reflexionar acerca de la dificultad de aplicar este tipo de ideas en el contexto en que nos movemos.


Soy el primero que, muchas veces, siente que no aprovecha bien el tiempo dedicado al paciente, y veo cómo pierdo las sesiones sin realmente producir un cambio profundo en mis pacientes.


Es difícil hacerlo cuando tienes 12-13 pacientes en un días, todos seguidos y sin apenas tiempo para parar a hablar con ellos.


Entiendo que la situación de cada uno es diferentes, que las expectativas del paciente muchas veces nos juegan una mala pasada.


Pero debemos luchar con las armas que tengamos, en cada momento que nos lo permitan, para inculcar a nuestros pacientes la necesidad de ser los dueños de su propia salud, y de recuperar lo que nunca debió dejar de ser suyo: Su bienestar.


No te frustres si no lo consigues con todos, pues eso es algo que directamente es imposible. Pero felicítate si lo haces con 1 o 2 a la semana, porque habrás cambiado más vidas que si te limitaras a seguir la corriente, a ser un «pone- corrientes» más, y a no luchar por lo que crees.


Continúa formando alianzas con tus pacientes, siendo relevante para ellos.

Estamos condenados a un sistema que nos oprime, intentemos resistir aunque sea a pequeña escala.

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Ejercicio, Fisioterapia, Lesión, Movimiento, Salud

A veces es más importante saber gestionar la carga que metemos al cuerpo, frenarnos un poco, y tomar carrerilla para salir más fuertes, que cualquier otro tratamiento.
A veces, dar un paso atrás puede ayudarnos a dar dos hacia adelante…

¿Has sentido alguna vez que llegabas al límite de tus fuerzas, que tu cuerpo no podía tirar más, y aún así has forzado?


Hay ocasiones en las que este límite se hace evidente, sobre todo cuando entrenamos a menudo. Nos motivamos con esa serie super pesada, subimos kilos a la barra… y nos rompemos.


Y ahí, en ese momento, nos hacemos conscientes de que quizá no deberíamos haber forzado, que esos 10 kilos más no eran necesarios.

Pero cuesta mucho darse cuenta de esto, y es tarea del fisioterapeuta pararnos a hablar sobre ello, e intentar hacer consciente la necesidad de frenar un poco (que no pararnos).

Frena un poco, antes de que te paren

Síndrome de sobreentrenamiento, qué es - Ejercicio y deporte
Debemos conocer los peligros del sobreentrenamiento

El sobreentrenamiento es una respuesta maladaptativa del organismo al estrés continuado que supone el ejercicio físico, y es algo que debemos tener muy presentes como profesionales de la salud.


En este blog intento siempre transmitir la importancia del entrenamiento, de mantenerse activos y saludables, pero hoy quería frenar un poco la emoción, y hablar de esta condición que, queramos o no, puede aparecer en muchos pacientes.


Y es que no son pocos los pacientes que acuden a mi porque se han lesionado, y no lo logran entender, pues son personas activas, que van al gimnasio y comen sano.


No obstante, una vez te pones a indagar, puedes descubrir muchos factores que pueden influir en su estado físico: Aumento de estresores externos (trabajo, familia, confinamiento), falta de sueño, digestiones alteradas…


Estos son solo algunos ejemplos, pero hay muchas formas de entender por qué una persona ha podido lesionarse, o puede notarse fatigada.


Y con estas personas el mejor tratamiento no pasa (solo) por la camilla, sino por la escucha activa, la valoración adecuada (descartemos banderas rojas, por favor) y la gestión de cargas.

Usar la gestión de la carga como tratamiento

Sí, la gestión de cargas también es competencia del fisioterapeuta.


Cuando hablamos de esta gestión como fisios, no debemos centrarnos tanto en rendimiento, como en seguridad.


Así, gestionar una carga puede ser, simplemente, hacer el mismo gesto que es doloroso para la persona con un ROM modificado, con una carga menos pesada, o con más control (Cadena cinética cerrada > Abierta).


Mediante estas modificaciones, la persona no dejará de sentirse activa y útil, a la vez que reducirá su grado de amenaza y, probablemente, su dolor.


Mantener activas a las personas, haciéndoles conscientes de la necesidad de frenar un poco, no es una tarea sencilla, pero puede ser el mejor tratamiento que podemos ofrecer a nuestros pacientes si lo hacemos de manera adecuada.

Aprender a entrenar… ¿entrenando?

Para concluir el post, querría hablar de la necesidad, o más bien obligación, que tenemos como profesionales de la salud de formarnos en ejercicio y entrenamiento.


Formarnos en esta, como otras muchas áreas (nutrición, psicología), no implica convertirnos en entrenadores, pero sí en profesionales competentes en la gestión del entrenamiento.


Es por esto que debemos alejarnos del clásico 3×10 y empezar a ahondar en las profundidades del entrenamiento, de la individualización y la sobrecarga progresiva.


Ya te digo, no es necesario convertirse en entrenador para tratar a personas con dolor desde el ejercicio, pero sí es indispensable ser un buen gestor del ejercicio y la actividad física en personas con dolor (o cualquier otra población clínica), para ofrecer un servicio 100% comprometido con la salud.


Por otro lado, una gran forma de empezar a conocer cómo se entrena, qué se siente al «pasarse» o al quedarse corto, es empezar a entrenar uno mismo, si aún no lo haces (aquí habría que ver por qué no lo estás haciendo, y la importancia de hacer lo que dices y transmites – Un fisio que no (se) entrena, en mi opinión, se queda corto como profesional)


Os dejo por hoy, espero que os haya gustado mi reflexión, y nos vemos en el siguiente post. Espero poder estar más a menudo por aquí, pero a veces hay que cambiar las prioridades, y parar un poco ciertas cosas para volver más fuertes luego.


Te mando un fuerte abrazo, y recuerda: #MueveteMucho

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Ejercicio, Fisioterapia, Movimiento, Salud

En los últimos meses he escuchado en varias fuentes el término de «activación mitocondrial». Tras varias lecturas acerca del tema, quería hablaros sobre la importancia real que puede tener en la salud, y como podemos «activar» nuestras mitocondrias.

El término «activación mitocondrial» hace referencia a la activación de la función de las mitocondrias en la célula.

Las mitocondrias son orgánulos encargados de la transformación de nutrientes en energía en forma de ATP.
Ésta, aunque es la principal, no es la única función de las mitocondrias, ya que también participan en la síntesis de hormonas esteroideas (testosterona y estradiol), regulación del calcio celular, desintoxicación de amoniaco en el hígado y apoptosis (muerte celular programada).


Este último punto es esencial, ya que las células que no mueren de forma programada pueden derivar en células de cáncer, con una alteración mitocondrial y metabólica, que pueden dar lugar a complicaciones graves.


Una mitocondria que funcione de forma defectuosa va a ser menos eficaz en la generación de energía y genera mayor cantidad de radicales libres, además de no realizar correctamente el resto de sus funciones.

En este sentido, una mitocondria «defectuosa» se comporta como una central energética poco eficiente, que gasta mucha energía y además «contamina» el ambiente.


En personas obesas la La obesidad y la disfunción mitocondrial también van de la mano. No está claro cuál es el factor primario, pero ambas se retroalimentan . La resistencia a la insulina perjudica la producción de energía, dificultando la oxidación de la grasa corporal y empeorando a su vez la resistencia a la insulina. Un círculo vicioso muy peligroso.


Además, la disfunción mitocondrial se asocia a trastornos como la fatiga crónica, la diabetes, la enfermedad cardiovascular y el antes mencionado cáncer, entre otras.

Todos estos estados tienen en común la falta de actividad física y una mala alimentación. Estos dos son factores esenciales para mantener la salud mitocondrial.

Cuida tus mitocondrias: #MueveteMucho

Las mitocondrias son unos orgánulos particulares, ya que son los únicos que poseen ADN propio.
Debido a esto, no pueden generarse a través de otros orgánulos, sino que es necesario utilizar las mitocondrias existentes para generar la denominada biogénesis mitocondrial.

¿Y cuál es el principal estímulo para favorecer esa biogénesis mitocondrial? Pues es sencillo: La contracción muscular.


El proceso de formación de mitocondrias es complejo, pero se puede resumir teniendo algo claro: El ejercicio físico lo estimula.


Esto se debe a que, cuando nos ejercitamos, las mitocondrias empiezan a trabajar para generar energía en forma de ATP, extrayéndola de los nutrientes (descomponiendo Carbohidratos, grasas y proteínas).

Si la demanda de ATP aumenta, el cuerpo se fuerza a producir más «generadores de ATP», estas son las mitocondrias.


Además, si el ejercicio físico es intenso, esta producción será más efectiva (es por ello que el ejercicio de fuerza produce mayor cantidad de mitocondrias que el clásico ejercicio aeróbico).


Por otro lado, las sustancias que se generan y liberan durante la contracción muscular, como Calcio, proteína kinasa C y las fosfatasas, van a estimular la formación de nuevas mitocondrias.


De este modo, a los beneficios ya conocidos del ejercicio, podemos añadir el de la activación mitocondrial, y la estimulación de la biogénesis de estos orgánulos.


Por ello, si quieres mantener sanas tus mitocondrias, ten claro que el movimiento es la forma más eficaz de conseguirlo.

Sueño y alimentación, factores importantes para la salud mitocondrial


Cuida el ritmo circadiano:

Las mitocondrias disponen de un reloj biológico que sigue los ritmos circadianos, las horas de comida, el sueño, los picos horarios de mayor actividad y lucidez, y los valles de descanso y calma.

La luz es el principal director que dirige toda la orquesta del reloj biológico; y la melatonina, la hormona que regula el ritmo mitocondrial, es clave para conseguir la estabilidad mental y una adecuada competencia cognitiva. Seguir los ritmos horarios del sol ayuda a fabricar buenas dosis de melatonina.


Alimenta a tus mitocondrias:

Una alimentación equilibrada y con suficientes nutrientes nos va a ayudar a mantener una salud mitocondrial óptima.

Entre estos nutrientes, podemos destacar algunos que pueden ser importantes para el desarrollo mitocondrial en especial: Coenzima Q10, ácido fólico, magnesio y vitaminas B, creatina y carnitina.


Estos nutrientes están presentes, como digo, en los alimentos de una dieta equilibrada. No obstante, si crees que careces de alguno de ellos, consulta con un profesional de la nutrición para que te ayude, ya que yo carezco de los conocimientos necesarios para hacerlo.


Con todo lo dicho anteriormente, te animo a poner a tus mitocondrias a trabajar ejercitándote a alta intensidad y con bastante frecuencia.


Una forma sencilla de estimular la biogénesis mitocondrial es empezar el día dando un pequeño paseo, mientras disfrutas de la salida del sol (que a su vez estimula la generación de vitamina D), y entrenar fuerza 2-3 veces por semana, de manera complementaria.


Mantenerte en movimiento y estimular la contracción muscular pondrá a tus mitocondrias a funcionar, y ayudará a la renovación y generación de una función mitocondrial óptima.


Eso es todo por hoy. Gracias como siempre por llegar hasta aquí,. Te mando un abrazo y, como siempre, te recuerdo: #MueveteMucho.

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Dolor, Fisiolosofia, Fisioterapia, Mentalidad, Miedo, Movimiento, Podcast, Salud

En el post de hoy os traigo un pequeño resumen de la charla que mantuve con Marina Díaz (@marinadiazpsicóloga ).
En ella, abordamos diferentes temas, pero nos centramos en el manejo de pacientes con dolor crónico, y cómo la esfera psicológica es vital en este tipo de paciente.

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Dolor, Fisioterapia, Lesión, Mentalidad, Movimiento, Salud

A veces, como terapeutas o pacientes, no entendemos la importancia de las creencias hasta que alguien intenta derribarlas.
Es por ello que es muy importante revisarlas de vez en cuando, y ponerlas a prueba, de modo que podamos entender mejor cómo funciona nuestra mente, y de qué manera podemos evolucionar hacia una forma de pensar más adecuada a nuestro día a día.

En fisioterapia, como en todo en la vida, las creencias ocupan un eje central de los tratamientos, y son de hecho un objeto de estudio cada vez más interesante.
En este sentido, muchos autores están dedicando sus líneas de investigación a este punto, el de las creencias, y es algo que considero esencial en nuestra práctica clínica.

Una creencia es el estado de la mente en el que un individuo supone verdadero el conocimiento o la experiencia que tiene acerca de un suceso o cosa;​ cuando se objetiva, el contenido de la creencia presenta una proposición lógica, y puede expresarse mediante un enunciado lingüístico como afirmación.


Las creencias pueden ir desde la religión, a la política, pasando por la forma en que vemos el mundo o cómo nos sentimos con determinadas circunstancias.

Cuando hablamos de «creencia», hablamos de un «mapa» mental que da significado a lo que sucede en nuestro mundo, y se trata de un punto crucial de nuestra existencia.
Por ello, cuando sentimos que nuestras creencias están amenazadas, todo nuestro mundo, la imagen que tenemos de él, se ve amenazado con ello, y no podemos evitar defendernos ante esto.


En esta defensa, desarrollamos actitudes de miedo – evitación, y esto puede explicar en muchos casos los fallos a la hora de abordar a los pacientes por parte de los fisioterapeutas.


En estos casos, muchos pacientes se presentan ante nosotros con dolor, y con unas creencias previas acerca de su experiencia con ese dolor («Tengo la espalda contracturada», «Si me doblo se me saldrá el disco», «Tengo una pierna corta y por eso me duele la columna»).

Y seguro que algunas de éstas nos pueden parecer absurdas y poco plausibles, pero tenemos que evitar caer en el prejuicio, y valorar a la persona en todo su contexto.

Es más, muchas de éstas son creencias instauradas previamente por compañeros de profesión, que caen en el error de expresarles a los pacientes ideas sobre el movimiento que pueden no estar del todo actualizadas.


Debido a nuestros propios prejuicios, muchas veces no podemos evitar evaluar sus actitudes, tratando de dar una explicación sencilla a un problema complejo como lo es el dolor: «Es que es muy pesimista», «Es que se mueve poco», «Es que es un/a vago/a».


Todos hemos pecado alguna vez de hacer estos juicios de valor, yo el primero.
Y es que, como decía, los prejuicios son inevitables porque van intrínsecos a nuestro mapa mental y a nuestras creencias.


Los pacientes no son menos, y sus creencias respecto al dolor muchas veces van a estar en contraposición a las nuestras.
Nosotros, profesionales que hemos estudiado y aprendido cómo funciona el dolor, nos creemos a veces en posición de juzgar las creencias de los pacientes sobre su dolor, atreviéndonos en ocasiones a juzgar que esa persona no está haciendo lo suficiente por su recuperación.


Esta es la forma más sencilla de perder la confianza del paciente, y de reforzar esas actitudes que consideramos «negativas», ya que la persona se tomará este intento de cambio como un ataque, y se verá amenazada por nosotros.

Es por ello que chocar con las creencias no es una buena estrategia para lidiar con los pacientes, y debemos intentar aumentar y mejorar la confianza que este nos tiene, entendiendo sus circunstancias particulares, antes de intentar entrar a cambiar su forma de pensar.


En esta línea, quisiera también hacer referencia a profesionales que se juzgan entre sí, sin conocer los contextos que cada uno de ellos tiene, y dando por hecho realidades que, en la mayoría de casos, no se ajustan a la verdad.


Esto es muy común verlo en redes, donde el cruce de acusaciones está a la orden del día.


Como ya escribí en su momento, la infoxicación es una realidad que está ahí, y constantemente nos encontramos con gente a la que nuestra visión del mundo les choca, e incluso les ofende.
No quiero convertir este post en una disertación sobre el odio y la envidia en redes, pero creo que es importante valorar el contexto en el que nosotros, como clínicos, nos desarrollamos.

Para ello, si aún no lo has hecho, te invito a leer el artículo sobre la infoxicación, y a revisar si tus creencias son las que están haciendo que sientas esa frustración, al ver a otros donde a ti te gustaría estar.


Y esto lo digo porque, si vamos a entrar a valorar e incluso cambiar las creencias de nuestros pacientes, quizá deberíamos empezar por aclarar cuáles son las nuestras, y determinar si están acorde con lo que queremos transmitir a nuestros pacientes.


Creo sinceramente que un fisioterapeuta envidioso, con miedos y frustraciones incontroladas, no será nunca un buen clínico, porque será incapaz de reconocer esos patrones aberrantes en sus pacientes. Y, si llega a hacerlo, no sabrá cómo hacerles frente, pues en su interior estará dominado por los mismos sentimientos que llevan a su paciente a estados dolorosos.


Es por ello que creo que el desarrollo personal, mediante la lectura de filosofía, y la revisión constante de nuestras creencias, es un paso imprescindible antes de entrar a tratar a nadie con dolor o cualquier otra patología compleja.

Conocer a la persona es más importante que conocer la patología.

Fisiodelpino

Te invito, a ti que me lees, a revisar si en tu interior hay aún tienes creencias erróneas sobre el dolor, o sobre el comportamiento humano. Si aún te es natural juzgar lo que otros hacen o piensan, y si te sientes frustrado por cómo otras personas manejan su vida.

Si es así, te animo a intentar eliminar esas actitudes, ya que no te van a ayudar a ser mejor en tu trabajo, y probablemente causen graves conflictos a largo plazo.


Obviamente, revisar estas creencias no será sencillo, y no podrás eliminarlo definitivamente, ya que están instauradas en ti desde hace muchos años. Esto hará que tu sistema de defensa se active, y te sientas amenazado por ti mismo, ya que estarás removiendo y analizando a tu propia conciencia.


Pero el hecho de que seas capaz de identificarlas, y utilices estrategias para aliviarlas, será suficiente para no dejarte dominar por ellas.


Espero no haberte aburrido mucho con este tema, y que te haya sido de utilidad. Nos vemos en el siguiente post, y no lo olvides: ¡#MueveteMucho !

Referencia:

Este artículo lo escribo teniendo presente este otro del grupo de investigación de Peter O´Sullivan (https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S141335552030407X), donde hablan de la importancia de las creencias en el afrontamiento del dolor en fisioterapia.


Además, tengo en cuenta los conocimientos adquiridos de mis lecturas de Mark Manson y Jordan Peterson, que han inspirado en los últimos meses muchos de mis razonamientos.

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Dolor, Ejercicio, Fisiolosofia, Fisioterapia, Mentalidad, Movimiento, Podcast, Salud

A continuación te presento los puntos clave de la entrevista que realicé a Strongmidgardian.

¿Qué vas a encontrar en esta entrevista?
Durante los casi 50 minutos hablamos de muchos temas, pero varios fueron los puntos clave a tratar: la importancia de individualizar, de entrenar fuerza y de moverte, en general.
Te dejo a continuación con un pequeño resumen de la charla, pero te invito a escucharla en el Podcast.

Ismael (@strongmidgadian) es un fisioterapeuta y entrenador de 25 años, que igual que yo es apasionado de la divulgación en redes sociales sobre el dolor y el entrenamiento.


Creo que compartimos muchos puntos de vista, y esto se puede notar al escuchar la charla que mantuvimos, donde tratamos temas que a ambos nos apasionan.


En esta conversación, hablamos un poco más sobre las experiencias que ambos hemos tenido con el entrenamiento y la lesión, y cómo podemos utilizar el movimiento para hacer nuestra vida mejor en todo el espectro Bio – Psico – Social.

Muévete mucho

Como bien me dijo Ismael, tenemos que entender que el movimiento es parte indispensable de la vida. Si llevamos tantos años moviéndonos, de formas tan diversas, es imposible que ello vaya contra nuestra naturaleza.

Por ello, debemos implementar el movimiento, el ejercicio, para tener una vida plena y saludable.

En ese sentido, es importante tener en cuenta el contexto de cada persona, ya que no a todo el mundo le gusta el mismo tipo de ejercicio, y también es importante conocer la realidad de cada uno para aplicar las cargas adecuadas.


Aquí es donde la individualización juega un papel fundamental, siendo la base de todo tratamiento o entrenamiento que se quiera implementar.

Tenemos que tener muy claro que, si no individualizamos y adaptamos el entrenamiento o terapia a lo que la persona necesita y demanda, será muy difícil que la persona siga nuestras pautas, y por tanto, casi imposible que pueda mejorar.


Para ello, recomiendo siempre apoyarse en profesionales que tengan esto en cuenta, y huir de «Métodos» o «Terapias milagro», ya que hay tantos tratamientos como personas.

Todo es fuerza

Por otro lado, no podía faltar en nuestra charla la mención al entrenamiento de fuerza.


Hoy día son muchas las fuentes que nos hablas de la importancia de este entrenamiento, y de las ventajas que tiene para la salud.

No obstante, aún hay personas que consideran que el entrenamiento de fuerza «no es para ellos», pues lo asocian a gimnasios y a levantar grandes pesos.


En nuestra conversación intentamos desmitificar esto, y hablamos de que «Todo es fuerza», ya que realmente toda actividad que implique actividad muscular puede ser considerada fuerza.


Así, una alta carga no es necesariamente levantar 100 kilos en peso muerto, y en función de tus circunstancias será una u otra demanda la que nos de esa alta carga (aquí volvemos al concepto de individualización).


Por ello, cuando tengamos a una persona de 30 y a otra de 80 años, deberemos entender que las cargas altas no serán iguales para ambos, e intentaremos adaptar los ejercicios a las condiciones de cada uno.

Exposición gradual al movimiento

Por último, comentamos el concepto de exposición gradual, y cómo esa adherencia al tratamiento va a ser vital para conseguirla.


La exposición consiste, a groso modo, en ir aumentando las demandas (cargas) a las que vamos sometiendo al paciente, de modo que poco a poco se vaya adaptando a ellas y podamos ir sobre-cargando los ejercicios.


Es un punto importante, porque todo tratamiento que tenga en cuenta esa evolución y proceso será más proclive a conseguir adherencia en el paciente (a nadie le gusta pasarlo mal, y el ejercicio debe ser adecuado para no sufrir demasiado mientras se hace, y más si estás empezando).


Por ello, exponer de manera progresiva a esa carga es la mejor manera de no sobre – saturar al sistema, y hacer que nuestro paciente disfrute el proceso y vaya viendo avances significativos en poco tiempo.


Estas son más o menos las ideas principales que extraje del programa, aunque hay muchas más.

Puedes escucharlo y comentarme qué te ha parecido, estaré encantado de ver qué conclusiones sacas tu de él.


Te mando un abrazo y, como siempre digo, #MueveteMucho

Enlaces a iVoox y Spotify:

iVoox: https://www.ivoox.com/strongmidgardian-la-individualizacion-es-clave-todo-audios-mp3_rf_62260047_1.html

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Dolor, Ejercicio, Fisioterapia, Lesión, Miedo, Movimiento, Salud

El lenguaje es muy importante, y hay veces que su uso por parte del fisioterapeuta no ayuda a mejorar la relación con el paciente, e incluso puede dar lugar a efectos adversos sobre el tratamiento.
En este último caso, hablamos de mensajes nocebos.


Los mensajes nocebos son mensajes que, transmitidos por un profesional, producen efectos nocivos en los pacientes, ya sea por aumentar su miedo, o por ir contra las creencias respecto a un tratamiento determinado.


Esto debe explicarse con más detenimiento, y es que es importante entender que el poder de las palabras se hace mayor cuando las transmitimos desde una posición «de poder», como es la que nos otorga nuestro perfil sanitario.


De este modo, aquello que digamos a nuestro paciente será tomado, en la mayoría de casos, como una realidad, y es importante que ésta vaya acorde con los pensamientos del paciente, o podremos provocar en él problemas serios que interfieran en su tratamiento.


No hablo de reducir o simplificar el mensaje, pues como veréis a continuación la mayoría de mensajes son sencillos y fáciles de entender. Pero lo que es importante es no hacer afirmaciones que puedan ser parciales o contener algún tipo de mensaje «fragilizante«.


Así, dar por seguras ciertas cosas, como los tiempos de recuperación, el origen del dolor, o la conveniencia de ciertas posturas, pueden ser mensajes malentendidos por el paciente, por lo que debemos controlar su uso.


A su vez, es importante que el paciente tenga claras ciertas premisas, como lo son la incertidumbre asociada a todo proceso de recuperación, y su fuerza para superar la adversidad.
Este tipo de mensajes son mucho más positivos, y podríamos considerarlos «empoderantes«, ya que en gran medida van a reforzar las actitudes del paciente que le ayuden en su recuperación.


Algunos de los mensajes que me gusta aclarar a los pacientes, descartándolos antes de iniciar todo tratamiento, son los siguientes:

1. Cuándo vas a recuperarte

Nadie puede asegurarte cuánto tiempo tardarás en salir de una lesión, o en librarte del dolor.


Estos procesos son complejos, y hay muchos factores que pueden interferir. Es por ello que el papel de un fisioterapeuta no está en hacer pronósticos, sino en intentar acompañarte durante todo el proceso, haciéndote partícipe del mismo.


Como terapeuta, intento siempre hacer entender al paciente que todo proceso de recuperación no es lineal, y que es complicado determinar una fecha exacta de vuelta «a la normalidad».
Por otro lado, sí que me gusta tranquilizar a los pacientes, haciéndoles ver que nada dura para siempre, y que tarde o temprano se saldrá de esa situación.


Para ello, es importante ponernos metas a corto y largo plazo, y ajustarnos a ellas a la hora de realizar los tratamientos. De este modo, mientras vamos cumpliendo objetivos más pequeños, no dejamos de poner el foco en el objetivo mayor, sin obsesionarnos por llegar cuanto antes.

A este respecto, escribí una entrada hace un tiempo, en la que hablaba de cómo funcionan los procesos, y de la importancia de no obsesionarnos con el resultado final, y disfrutar en su lugar del camino hacia la cima.

2. Por qué te duele

Esta es una pregunta recurrente, y muy difícil de responder.


El dolor es una experiencia personal, y tiene muchos factores que pueden influenciar en su aparición.


Si bien en algunos casos la lesión y el dolor están íntimamente relacionados, en muchos otros casos no sucede así, y esto nos puede complicar a la hora de determinar el origen del dolor.


Es en estos casos cuando más cuidado debemos tener con los mensajes que enviamos a los pacientes, ya que el hecho de no entender el origen y el por qué de su dolor puede suponer un factor de riesgo para el propio dolor.

Suena paradójico, ¿verdad? Pero tiene su lógica.


Uno de los determinantes del dolor es el miedo, y éste se relaciona íntimamente con la incertidumbre, que es la sensación de falta de seguridad o confianza sobre algo (en el caso de los pacientes, sobre su propio dolor).


El manejo de esta incertidumbre pasa por reconocer que no sabemos exactamente qué produce el dolor del paciente, pero que ésto no es demasiado importante cuando hablamos de dolores de larga duración.


De este modo, en estos pacientes será imprescindible «desviar» el foco del tratamiento del propio dolor, y centrarnos en los factores que pueden estar ocasionando dicha condición


Y dentro de estos factores entran todo tipo de condicionantes, desde los sociales, los culturales y los psicológicos.


Por ello, cuando te hagan esta pregunta, ¿por qué me duele?, no corras a buscar respuesta, y entiende el contexto de tu paciente antes de apresurarte a contestarle.

3. Estoy seguro de que te vas a recuperar

En línea con lo comentado en el punto anterior, dar certezas de seguridad sobre algo que no sabemos con seguridad es peligroso.


La recuperación no es algo que dependa al 100% de nosotros, por lo que no podemos asegurar el desarrollo de la misma.


El hecho de decirle esto a los pacientes puede jugar en nuestra contra, ya que en algunos casos, más de los que pensamos, podremos no conseguir nuestros objetivos, y se nos podrá culpar de dar falsas esperanzas.


Por ello, y conforme a lo dicho en el primer punto, aclararle a los pacientes que la recuperación no está nunca asegurada, ni que será una línea recta, es un punto clave para aclarar antes de comenzar el tratamiento.


Y, en ese sentido, será muy importante para reforzar la confianza del paciente, ya que este nunca dudará de nosotros, incluso en los momentos en los que su recuperación se estanque.


No obstante, si le aseguramos la recuperación y en algún momento nos estancamos en la misma, la confianza se habrá deteriorado, y habremos perdido la alianza con nuestro paciente.

4. Si haces estos ejercicios, no tendrás dolor

Otra frase célebre de muchos terapeutas, que nos encanta utilizar para hacerle ver al paciente que el ejercicio es clave en toda recuperación.


Sin embargo, y por muy buena que sea la intención con estas palabras, afirmar que existen ejercicios que «evitan» el dolor, o que pueden «prevenir lesiones» es algo a evitar.

Esto se debe a que la lesión es un juego de probabilidad, y es imposible, por muy bien que entrenes, evitarla con ejercicios o cualquier otra intervención.


Obviamente cuanto más en forma estemos, menos probable será la lesión. Pero no podremos asegurar nunca que ésta no se vaya a producir (como decía antes, no podemos asegurar nada que no depende de nosotros).


Como parte de la educación y rehabilitación, le haremos entender al paciente este aspecto, eliminando la creencia de que existan ejercicios «preventivos» o «correctivos», y cambiándola por ejercicios que «reducen la probabilidad de lesión».

5. Con esa postura es normal que te duela

Y para terminar, la joya de todas las frases nocebo que pueden existir.


Y es que no, no existe una relación entre una mala postura, y el dolor. Más bien, una mala postura es consecuencia de tener dolor.


Las formas de prevenir el dolor no pasan por corregir la postura, sino por otras muchas, como son el aumento de la actividad física, el control de ciertos factores psicológicos o incluso el control de la alimentación (esta última, depende enteramente del nutricionista – DI NO A LOS INTRUSOS).


Por ello, no te preocupes tanto de cómo te sientas en la silla del trabajo, o en buscar un cojín que mantenga tu columna «alineada», y céntrate más en moverte a menudo, levantarte de la silla tras varias horas de trabajo, y no comer en exceso.

Recuerda: El lenguaje es poderoso

Como profesionales sanitarios debemos controlar lo que decimos, y es importante que los pacientes también conozcan la realidad detrás de ciertos mitos que circulan por ahí.


Por ello, animo a quien quiera a contactarme si tiene alguna duda respecto a su lesión o dolor, y a no tener miedo de los mensajes referidos en este post.


Recuerda que eres más fuerte de lo que te han hecho pensar, y repítetelo para que no se te olvide.

Gracias por leerme, espero que te haya gustado. Como siempre, te mando un abrazo, y #MueveteMucho .

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Fisioterapia, Fisiolosofia, Mentalidad, Movimiento, Podcast, Salud

La primera ley de Newton, o ley de la inercia, establece que todo cuerpo persevera su estado de reposo o movimiento uniforme y en la misma dirección y velocidad, a no ser que sea obligado a cambiar su estado por fuerzas impresas sobre él.

Podemos tomar como base esta ley de la inercia para entender por qué muchas veces el esfuerzo más duro y más importante que podemos realizar es dar el primer paso, pues el resto vendrán como resultado de la inercia.

Esto no implica que dar un paso sea sencillo, pues hay muchas fuerzas que debemos vencer para ir más allá, aunque quizá sí sea importante entender la necesidad de dar ese primer paso para, posteriormente, dejarnos llevar y avanzar de forma más sencilla.

Hoy quería trasladar esto al entrenamiento, e intentar explicar por qué nos cuesta tanto hacer ejercicio cuando aún no hemos empezado a ponernos en forma, y por qué en cambio acabamos siendo casi dependientes de él cuando ya llevamos tiempo entrenando y estamos más en forma.

Esto parece lógico, pero es importante entenderlo para vencer el miedo a la incomodidad y la tentación a quedarnos parados.

«No entrenes para ponerte fuerte, entrena para ser fuerte»

 

Beneficios del ejercicio:

 

Antes de empezar, es importante conocer que el ejercicio físico tiene innumerables beneficios en todas las esferas, biológica, psicológica, y social.

Hacer ejercicio va más allá de ponerse fuerte, ya que es un estímulo para que nuestro cuerpo se adapte a la carga, se haga más fuerte y obtenga una mejor salud general.

Entre los muchos beneficios del ejercicio, se encuentran:

  1. Menor riesgo de muerte en todas las causas

  2. Menor fragilidad (especialmente importante en ancianos)

  3. Mejor salud cardiorespiratoria y pulmonar

  4. Pérdida de peso

  5. Mejor salud muscular y ósea

  6. Mejora de la salud mental (menor incidencia de depresión y estrés)

  7. Retrasa la oxidación de tejidos y el envejecimiento

     

Como vemos, hay muchos y variados beneficios que podemos obtener del ejercicio, y creo que es algo que debemos tener muy presente como sanitarios. 

Hacer ejercicio 30 min/ día y mantenerse activos (andar, subir escaleras, sacar al perro) es la mejor pastilla para tener una vida larga y saludable.

 

Dar un paso es el primer paso:

Al principio de mi post, he venido a referenciar la ley de la inercia de Newton, y lo quería relacionar con el ejercicio desde la perspectiva de que, una vez comencemos una dinámica con el ejercicio, será muy difícil salir de ella (aunque no imposible).

Del mismo modo que nos cuesta salir del sofá y ponernos a hacer sentadillas, nos va a ser difícil abandonar un hábito de ejercicio y estar más de dos días sin entrenar o movernos.

Para mucha gente esto suena muy loco, pues asocian el entrenamiento a pesos y gimnasios, y la actividad física a ir 3 horas al gimnasio.

Debemos entender que el ejercicio va más allá del levantamiento de pesas, y que entrenar fuerza no requiere equipamientos ni altas inversiones de tiempo y dinero.

Lo mejor que puedes hacer si quieres empezar a ejercitarte, o a entrenar a alguien si eres sanitario, es recomendarle ejercicios de unos 15-20´, que además estén relacionados con sus actividades de la vida diaria y que sean fáciles de implementar.

Ten en cuenta que la carga de un ejercicio no viene determinada (solo) por el peso externo añadido, sino por otros muchos factores como la dificultad y lo novedoso del ejercicio.

Una vez comiencen a adherirse a ese entrenamiento, por propia inercia, comenzarán a activarse más a menudo, y acabarán demandando trabajos menos «funcionales» y con mayor carga para sentir que están trabajando a los mismos niveles que cuando empezaron.

Empezar es más fácil de lo que piensas

Con respecto a este último punto, me quiero centrar en ejercicios que podemos hacer en nuestro día a día, y que no requieren una gran inversión de tiempo ni espacio para realizarlos.

Los ejercicios con peso corporal son una buena manera de empezar, ya que no requieren equipamiento y con ellos movilizamos bastantes zonas de nuestro cuerpo.

Los más básicos son las sentadillas, las flexiones, y las dominadas (Estas últimas sí requieren equipamiento). 

No obstante, también podemos incluir en nuestra rutina estiramientos, posiciones clásicas de yoga, o el mero hecho de salir a dar un paseo 20´.

Y es que, muchas veces, nuestros pacientes encuentran la dificultad no tanto en hacer ejercicios, sino en entender qué ejercicios deben hacer.

De este modo seremos nosotros, los profesionales, quienes debemos guiarles hacia una rutina sencilla que puedan ir incorporando progresivamente.

Un ejemplo que suelo usar en los pacientes más sedentarios es:

  1. Sentadillas. Hacer sereis de 20 repeticiones cada hora que estén sentados. Si pueden, que se pongan una alarma.

  2. Flexiones. Realizarlas 3 veces al día, tantas como puedan.

  3. Andar mínimo 20´al día. No me gusta que se midan los pasos, pero esto serían unos 6000. Queda lejos de la recomendación clásica de 10.000, pero como digo es para pacientes que aún no han empezado a entrenar.

  4. Estiramientos / Yoga al menos una vez en semana.

Dentro de estas pautas de entrenamiento, podemos incluir todo tipo de actividades que al paciente le motiven a moverse, desde jugar al fútbol, ir al parque con sus hijos, o tomar una cerveza en el bar.

Al final, es cuestión de adaptar el ejercicio a la persona, e ir introduciendo poco a poco esas píldoras de movimiento en su rutina diaria.

Entrenar la incomodidad

 

Algo que tenemos que aclarar es que el primer paso del que hablábamos antes no es fácil de dar, y esto muchos pacientes lo van a notar.

Es en esto en lo que muchos abordajes activos fallan, no siendo capaces de encontrar actividades que generen adherencia al ejercicio y que hagan ver al paciente que realmente es efectivo moverse.

Y es que, a muchas personas la incomodidad les asusta. No se sienten seguros de lo que están haciendo, y prefieren no hacerlo antes de afrontar esa incomodidad que viene asociada a realizar una actividad nueva y extenuante, como puede ser el ejercicio.

Pero esta sensación, siendo normal, es también algo absurda, si lo piensas bien.

La incomodidad es tu amiga, y es necesaria para el progreso humano. Si no sintiéramos incomodidad, si constantemente nos quedáramos en lo que nos gusta y nos da placer, no iríamos más allá de nuestros propios límites, no avanzaríamos y nos estancaríamos.

Esto es lo que tienes que tener claro cuando empieces a ejercitarte: No va a ser fácil, tu cuerpo va a luchar contra ello, pero es una necesidad básica si quieres sentir que estás avanzando en la dirección adecuada.

La disciplina será clave en este proceso, ya que te exigirás a ti mismo completar el entrenamiento a pesar de tu pereza. Como dice Marcos Vazquez, de fitness revolucionario:

«Si no tienes ganas de entrenar, entrena sin ganas»

 

Y, una vez que empieces a entrenar, y hayas vencido la fuerza que te atrapaba en tu sofá, será muy difícil sacarte del entrenamiento, pues la inercia actuará en tu favor y estarás más dispuesto a ejercitarte.

El ejercicio te salvará la vida

 

Una vez has superado esa fase de pereza y miedo a la incomodidad, y una vez empieces a sentir las buenas sensaciones que produce el ejercicio, será cuando te des cuenta de que para ti ejercitarte ya no es solo una cuestión de salud o estética, sino una parte indispensable de tu vida.

Aquí voy a hablar de mi experiencia personal, pero creo que aquellos que ya se ejercitan pensarán similar, y me gustaría motivar a los que no lo hacéis a empezar a moveros con el objetivo de alcanzar estas sensaciones de las que voy a hablar.

Para mí, ejercitarse es liberar la mente de malos pensamientos, centrándome durante la hora que dura mi entrenamiento en contraer y desplazar las cargas, sean estas mi cuerpo en calistenia, o un peso en el gimnasio.

Durante esa hora, no siento incomodidad, sino liberación. Nada hay más allá de mi, del peso que tengo que levantar, y de la música que suena en mis cascos mientras me ejercito.

Y, después del ejercicio, la cosa mejora aún más, porque me siento totalmente despejado para afrontar las tareas que he dejado de lado durante esa hora, me siento bien conmigo mismo y mi cuerpo se llena de energía, endorfinas y dopamina.

Y obviamente hay vida más allá del ejercicio, como es estar con la familia, disfrutar de un almuerzo con buena compañía, o salir a tomar una cerveza con un amigo.

Pero tienes que ver, y sentir, que el ejercicio es un complemento a todo esto, pues hace posible que realices todas esas actividades con una mejor salud, mental  y física. Hace que disfrutes aún más de esos momentos, e incluso hace posible que puedas hacerlos con más frecuencia en el futuro, ya que vivirás más años y con mejor calidad.

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Fisioterapia, Lesión, Movimiento, Salud

Uno de los consejos clásicos tras una lesión por parte de los clínicos, sea una fractura, una rotura muscular o un esguince, ha sido el de mantener reposo absoluto hasta que la lesión se curase.
Hoy día, este consejo tiene poco o ningún sentido, ya que prácticamente cualquier lesión se va a beneficiar de una recuperación temprana, y de un aumento progresivo de la carga sobre el tejido lesionado.
En este sentido, la carga óptima puede variar en tejidos lesionados y sanos, por razones obvias, pero existen alternativas a la inmovilización que, según las últimas investigaciones, son mejores para la recuperación de la función y el mantenimiento del estado físico general del paciente.

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