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Dolor, Fisiolosofia, Fisioterapia, Movimiento, Podcast, Salud

Muchas veces, los tratamientos en fisioterapia se basan en abordajes complejos, con gran cantidad de maquinaria y poca atención centrada en el paciente. Hoy vengo a reflexionar sobre la importancia (y la dificultad) de ser «más naturales», y dejar de centrarnos en resultados económicos o estéticos.

Hace unas semanas mantuve una conversación con un proveedor de fertilizantes que me hablaba de su novedoso sistema para nutrir el suelo, y mejorar así la calidad de los cultivos.


En su sistema, unas bacterias colocadas sobre el suelo eliminaban el exceso de nitrógeno y otras sustancias adheridas a las raíces de las plantas, mejorando la absorción de los nutrientes presentes en los abonos.


Con este método, se evitaría el exceso de abono, produciendo no solo un ahorro económico, sino una mejora de la calidad del suelo donde las plantas se desarrollan.


Esto es debido a que, entre otros componentes, los abonos contienen nitrógeno. Este nitrógeno, cuando no es absorbido por la planta (lo cual sucede si las raíces de la misma no son eficientes), se filtra hacia el suelo y contamina.


Gracias a este novedoso sistema, las plantas se volverían más eficientes, tendrían una mejor absorción del nitrógeno, y se disminuiría la contaminación. Además, mejoraría la salud de las plantas y el cultivo sería mucho más natural, sin necesidad de usar fertilizantes ni productos químicos que mejorasen la absorción de nutrientes.


Parece un plan perfecto, ¿entonces por qué no se aplica desde ya?


Bueno, más allá de la falta de investigación sobre el tema, el principal problema es que no hay un gran interés económico (todavía) detrás de esto, por lo que los beneficios no son tantos a nivel empresarial.


Traigo a colación este tema porque me recordó un poco a lo que sucede en algunas clínicas de fisioterapia, y a cómo algunos profesionales de nuestro campo piensan más a corto plazo que a largo.


En pocos lugares se busca la mejora de la calidad de vida del paciente (esto sería, una mejor absorción de nutrientes), y en muchos el principal objetivo es disminuir el dolor (esto es, abonar aún más la planta) sin tener en cuenta las causas de ese dolor o las circunstancias del paciente.


De este modo, la fisioterapia a veces se vuelve una máquina de producción que mira más por el interés económico que por la salud y el bienestar.


Mi visión de la salud es similar a la que este hombre tenía con los cultivos: Es mejor hacer las cosas un poco más lentas, con unos márgenes de beneficios más leves, si esto sirve para mejorar la vida de las personas a largo plazo.


Si algún día tengo mi propia clínica, espero no abandonar los principios que me guían hoy, y aceptar que el respeto por la naturaleza debe ser una base de mis tratamientos.


Y cuando hablo de respetar la naturaleza, hablo de hacer tratamientos enfocados en la persona, no en el dolor o en la patología.


Creo que hemos perdido el foco, y que muchas veces complicamos en exceso los tratamientos.


Creo que porque nos cuesta aceptar que, muchas veces, nuestros tratamientos no son tan eficaces, sino que es nuestra propia humanidad la que cura. La sinceridad, la confianza, y el amor que pones en los tratamientos son muchas veces más eficaces que todas las técnicas que apliques.


Simplificar la fisioterapia no implica que ésta sea fácil, o que cualquiera pueda hacerlo. Pero sí creo mejorar la vida de los pacientes puede conseguirse de manera que se respete la naturaleza humana.


Obviamente el conocimiento es importante, y tener muchas herramientas puede ser útil. No descartes estudiar acerca de diferentes abordajes, ya que nunca sabes cuándo pueden servirte.


Pero, lo que sí considero que debemos hacer, es cambiar nuestra visión sobre el «paciente – clavo».

Si tu única herramienta es un martillo, todos tus pacientes serán clavos.

Ten en cuenta que cada paciente es diferente, y que su experiencia sobre el dolor es cambiante.

No puedes pretender tener un método, o una forma predeterminada de tratarle. Porque la respuesta a cada tratamiento es tan cambiante, que ninguna de las variables que controles podrá asegurarte el éxito.


Quiero recalcar la necesidad de seguir estudiando y formarse. El razonamiento y el diagnóstico son claves a la hora de abordar al paciente, y no podemos esperar ayudar a alguien si no sabemos qué le pasa.

Dar palos de ciego no es una opción válida, nunca.


Pero también quiero insistir en la necesidad de ser más humanos, de ser buenas personas, para hacer que nuestros pacientes mejoren sin necesidad de inventar métodos o técnicas específicas.

Luchar contra el sistema… suena más fácil de lo que es

Dicho todo lo anterior, quería también reflexionar acerca de la dificultad de aplicar este tipo de ideas en el contexto en que nos movemos.


Soy el primero que, muchas veces, siente que no aprovecha bien el tiempo dedicado al paciente, y veo cómo pierdo las sesiones sin realmente producir un cambio profundo en mis pacientes.


Es difícil hacerlo cuando tienes 12-13 pacientes en un días, todos seguidos y sin apenas tiempo para parar a hablar con ellos.


Entiendo que la situación de cada uno es diferentes, que las expectativas del paciente muchas veces nos juegan una mala pasada.


Pero debemos luchar con las armas que tengamos, en cada momento que nos lo permitan, para inculcar a nuestros pacientes la necesidad de ser los dueños de su propia salud, y de recuperar lo que nunca debió dejar de ser suyo: Su bienestar.


No te frustres si no lo consigues con todos, pues eso es algo que directamente es imposible. Pero felicítate si lo haces con 1 o 2 a la semana, porque habrás cambiado más vidas que si te limitaras a seguir la corriente, a ser un «pone- corrientes» más, y a no luchar por lo que crees.


Continúa formando alianzas con tus pacientes, siendo relevante para ellos.

Estamos condenados a un sistema que nos oprime, intentemos resistir aunque sea a pequeña escala.

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Ejercicio, Fisioterapia, Lesión, Movimiento, Salud

A veces es más importante saber gestionar la carga que metemos al cuerpo, frenarnos un poco, y tomar carrerilla para salir más fuertes, que cualquier otro tratamiento.
A veces, dar un paso atrás puede ayudarnos a dar dos hacia adelante…

¿Has sentido alguna vez que llegabas al límite de tus fuerzas, que tu cuerpo no podía tirar más, y aún así has forzado?


Hay ocasiones en las que este límite se hace evidente, sobre todo cuando entrenamos a menudo. Nos motivamos con esa serie super pesada, subimos kilos a la barra… y nos rompemos.


Y ahí, en ese momento, nos hacemos conscientes de que quizá no deberíamos haber forzado, que esos 10 kilos más no eran necesarios.

Pero cuesta mucho darse cuenta de esto, y es tarea del fisioterapeuta pararnos a hablar sobre ello, e intentar hacer consciente la necesidad de frenar un poco (que no pararnos).

Frena un poco, antes de que te paren

Síndrome de sobreentrenamiento, qué es - Ejercicio y deporte
Debemos conocer los peligros del sobreentrenamiento

El sobreentrenamiento es una respuesta maladaptativa del organismo al estrés continuado que supone el ejercicio físico, y es algo que debemos tener muy presentes como profesionales de la salud.


En este blog intento siempre transmitir la importancia del entrenamiento, de mantenerse activos y saludables, pero hoy quería frenar un poco la emoción, y hablar de esta condición que, queramos o no, puede aparecer en muchos pacientes.


Y es que no son pocos los pacientes que acuden a mi porque se han lesionado, y no lo logran entender, pues son personas activas, que van al gimnasio y comen sano.


No obstante, una vez te pones a indagar, puedes descubrir muchos factores que pueden influir en su estado físico: Aumento de estresores externos (trabajo, familia, confinamiento), falta de sueño, digestiones alteradas…


Estos son solo algunos ejemplos, pero hay muchas formas de entender por qué una persona ha podido lesionarse, o puede notarse fatigada.


Y con estas personas el mejor tratamiento no pasa (solo) por la camilla, sino por la escucha activa, la valoración adecuada (descartemos banderas rojas, por favor) y la gestión de cargas.

Usar la gestión de la carga como tratamiento

Sí, la gestión de cargas también es competencia del fisioterapeuta.


Cuando hablamos de esta gestión como fisios, no debemos centrarnos tanto en rendimiento, como en seguridad.


Así, gestionar una carga puede ser, simplemente, hacer el mismo gesto que es doloroso para la persona con un ROM modificado, con una carga menos pesada, o con más control (Cadena cinética cerrada > Abierta).


Mediante estas modificaciones, la persona no dejará de sentirse activa y útil, a la vez que reducirá su grado de amenaza y, probablemente, su dolor.


Mantener activas a las personas, haciéndoles conscientes de la necesidad de frenar un poco, no es una tarea sencilla, pero puede ser el mejor tratamiento que podemos ofrecer a nuestros pacientes si lo hacemos de manera adecuada.

Aprender a entrenar… ¿entrenando?

Para concluir el post, querría hablar de la necesidad, o más bien obligación, que tenemos como profesionales de la salud de formarnos en ejercicio y entrenamiento.


Formarnos en esta, como otras muchas áreas (nutrición, psicología), no implica convertirnos en entrenadores, pero sí en profesionales competentes en la gestión del entrenamiento.


Es por esto que debemos alejarnos del clásico 3×10 y empezar a ahondar en las profundidades del entrenamiento, de la individualización y la sobrecarga progresiva.


Ya te digo, no es necesario convertirse en entrenador para tratar a personas con dolor desde el ejercicio, pero sí es indispensable ser un buen gestor del ejercicio y la actividad física en personas con dolor (o cualquier otra población clínica), para ofrecer un servicio 100% comprometido con la salud.


Por otro lado, una gran forma de empezar a conocer cómo se entrena, qué se siente al «pasarse» o al quedarse corto, es empezar a entrenar uno mismo, si aún no lo haces (aquí habría que ver por qué no lo estás haciendo, y la importancia de hacer lo que dices y transmites – Un fisio que no (se) entrena, en mi opinión, se queda corto como profesional)


Os dejo por hoy, espero que os haya gustado mi reflexión, y nos vemos en el siguiente post. Espero poder estar más a menudo por aquí, pero a veces hay que cambiar las prioridades, y parar un poco ciertas cosas para volver más fuertes luego.


Te mando un fuerte abrazo, y recuerda: #MueveteMucho

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Dolor, Fisiolosofia, Fisioterapia, Mentalidad, Miedo, Podcast, Salud

¿Qué relación puede haber entre el concepto Amor fati, creado por Nietzsche, el de Wu wei, base en el taoísmo, y la historia natural de la enfermedad?
Hoy vamos a hablar de estos tres conceptos que, aunque suene raro, tienen más que en común de lo que puedes pensar.

Friedrich Nietzsche, creador del concepto, describía Amor Fati de la siguiente manera:

Quiero aprender cada día a considerar como bello lo que de necesario tienen las cosas; así seré de los que las embellecen. Amor fati: sea este en adelante mi amor.
No quiero hacer la guerra a la fealdad. No quiero acusar, ni siquiera a los acusadores. ¡Que mi única negación sea apartar la mirada! ¡Y en todo y en lo más grande, yo solo quiero llegar a ser algún día un afirmador!

F. Nietzsche


Hablar de este tema, y resumirlo en los 10-15 minutos que durará este podcast, no es sencillo, pero intentaré hacerlo lo mejor posible.


No obstante, te aconsejo leer algunos libros que han supuesto un auténtico cambio en mi forma de pensar, y a través de los cuales he desarrollado mi filosofía de vida actual:


Sapiens, de hombres a dioses. Yuval Noah Harari, El sutil arte Mark Manson, Reinventarse, Mario Alonso Puig, 12 reglas para la vida, Jordan Petterson y Más allá de tu mente, Allan Watts.


En sus libros, de un modo más o menos directo, se desarrolla la idea de la aceptación del destino, del desapego a la esperanza, y del desarrollo de uno mismo por encima de lo que en su vida acontezca.


De un modo u otro, todos estos autores hablan en sus obras de la necesidad de aceptar que la vida, en sí misma, no tiene un sentido, y que de algún modo u otro vamos a morir, y poco de lo que hagamos tendrá importancia en unos años.


Esto para algunos es difícil de aceptar, y se niegan a admitirlo. No obstante, hoy quiero hablaros de por qué creo que es una postura lícita, e incluso acertada si quieres vivir en calma.

Mi tatuaje: AMOR FATI.


De este modo, aceptar que la vida no tiene sentido, que no hay un objetivo que alcanzar que determine su final, te hace ser más consciente del hecho de estar vivo, y te anima a vivir de un modo más intenso: Si no hay nada más allá, ¿por qué ibas a desperdiciar el tiempo que se te ha dado?


De algún modo, colocar el punto final en la muerte, teniéndola presente y sabiendo que es el final de todo, te ayuda a enfocar tu vida, y tus problemas, con una nueva perspectiva.


Porque, ¿qué es llegar tarde a tu cita o perder el bus, comparado con estar muerto?


Sí, sé que suena drástico, pero de verdad me gustaría que me dieses una oportunidad para explicarme, e intentar explicarte (que no convencerte) de por qué he dejado de buscar un sentido a la vida, y he empezado a valorar la vida misma como significado único.


Para mi Amor fati es aceptar esto último: Que la vida es, por si sola, la que da significado a todo lo demás. De ella surge todo, lo bueno, lo malo. De ella nace el dolor y la pena, y también el placer y la alegría. Y lo hace, no porque haya un plan preparado para ello, sino simplemente porque estar vivo te permite que todo eso sea posible.


Amor fati implica renunciar a la esperanza de un futuro mejor, y aceptar el presente tal como es y cómo viene, sin valorar que pudiera ser mejor o peor de lo que ya es.


Y aceptar esto, no implica renunciar a los sueños y anhelos de algo mejor, pero sí implica renunciar al deseo y al apego (Estos son conceptos que el budismo desarrolla especialmente).


Desprendernos del deseo, cambiándolo por aceptación del presente (Amor fati), nos hará más conscientes de lo que ya tenemos, y nos hará valorarlo con perspectiva.


Y es que muchas veces nos complicamos buscando la felicidad, buscando algo que nos estimule y nos haga sentirnos llenos, sin darnos cuenta que, una vez llega, nos acostumbramos y dejamos de valorar todo lo conseguido.


Por otro lado, muchas veces nos preocupamos de problemas que se acaban solucionando por sí mismos, y nos olvidamos de fluir con el momento, enredándonos en pensamientos y estrategias que nos alejan de ese resultado que anhelamos.


Es paradójico, pero muchas veces no hacer nada es la mejor solución. Simplemente aceptar la situación, y dejar que fluya hacia su solución natural.


Dejar a la naturaleza actuar, aceptando (y amando) lo que suceda – esto es, amor fati – es uno de las enseñanzas principales del taoísmo, filosofía de origen china muy famosa por su principal símbolo: El ying y el yang.


Esta filosofía no la conozco tanto como el estoicismo (en el que tampoco soy experto), pero a raíz de escuchar las lecciones de Alan Watts he empezado a interesarme más por la filosofía del tao – al final leeré un texto que me ha inspirado a escribir este.


El objetivo del Tao es alcanzar la inmortalidad. Esto no se debe entender literalmente, sino como una forma de inmortalidad espiritual, que se alcanza al vivir en armonía con la naturaleza.


La naturaleza, en el taoísmo, es un sistema anárquico, donde no hay un jefe que controle todo, sino que es una fuerza libre que actúa a sus anchas.


Un principio fundamental del Tao es el principio de Wu Wei – esto significa “No hacer nada”, pero en el sentido de “no intervenir en el curso de los eventos”, no actuar contra la naturaleza.

5 acciones de la filosofía Wu Wei - Farmaoptics
El círculo que fluye como símbolo de Wu wei.


En este punto, quería relacionar estos dos conceptos, Amor fati y Wu wei (“No hacer nada”), con la historia natural de la enfermedad, y los tratamientos en fisioterapia.


La historia natural de la enfermedad es la evolución de un proceso patológico sin intervención médica.


En nuestra profesión, no son pocas las ocasiones que encontramos a compañeros que complican sobremanera los tratamientos, quizá confiando en que sus técnicas serán las que curen al paciente, y no aceptando el hecho de que, muchas veces, el paciente se recuperaría igualmente sin nuestra intervención, ya que la naturaleza actúa en él.


Considero muy necesario aceptar que los pacientes tienen una vida y unas circunstancias diversas, y que éstas tendrán más influencia en su recuperación que cualquier técnica que podamos hacer.


Nuestro deber es aceptar esto, y trabajar para encontrar el punto donde podemos impulsar esa recuperación, conectando realmente con nuestro paciente y despertando su naturaleza.


Ojo, que al hablar de estos dos conceptos no quiero decir que debamos renunciar a ser mejores en nuestra vida, y en nuestras profesiones. No quiero invitar a nadie a dejar de estudiar, sean métodos o teorías, y a aplicar todo lo aprendido. No dejes de formarte solo porque algunas veces “se curará solo”, porque con esa actitud no llegarás lejos.


La naturaleza es sabia, pero también lenta. Muchas veces podemos ayudarla a acelerar la curación con el mero hecho de que el paciente acuda a nosotros. Podemos tomar medicinas y recibir tratamientos, siempre teniendo en cuenta qué efecto concreto tendrán en nosotros, y no dependiendo de ellos más allá de lo necesario.


Y también la labor de acompañar al paciente en esa recuperación más “natural” es necesaria, ya que nuestra ayuda por sí sola puede resultar en un estímulo positivo a su recuperación.


En otras ocasiones, no pocas, hacer entender al paciente esto, la historia natural de la enfermedad, no es fácil. Y una vez lo comprenden, van a agradecer evitarse tratamientos que podrían ser inútiles en su caso.

Por ello, no descartes el poder del estudio, y hazte preguntas de manera constante. Pero intenta, con todo lo que sabes, simplificar tus tratamientos.


Y cuidado, hacerlo simple no es sencillo, y hay que ser muy bueno en lo que haces para simplificarlo. A veces nos creemos que lo más complejo es mejor, y ya habéis visto que no siempre tiene por qué ser así.


Por otro lado, aceptar lo que llega, y no intentar cambiarlo, no implica que no luches por ser una mejor persona, y un mejor fisioterapeuta.


Lejos de eso, te permite aceptar tus limitaciones, y empezar a trabajar en tus debilidades para alcanzar tu mayor potencial.


Pero cuando sabes que fallar es una opción tan válida como acertar, el miedo se desvanece y las oportunidades se multiplican.


Por ello, vive de acuerdo con la naturaleza, desarróllate sin miedo, pero no temas al futuro ni a lo que no sabes, porque todo forma parte de algo que va más allá de tu control.


Espero que mi razonamiento no haya sido demasiado complicado de seguir, y que esta disertación os resulte interesante y de utilidad.


Para terminar, os dejo con un texto de Allan Watts que me ha inspirado a escribir este texto.

El principio de «No hacer nada», explicado por Alan Watts

La naturaleza es un organismo autorregulado, democráctico. Es una totalidad, donde todo va junto. Y esa totalidad es el TAO.

Cuando el taoísmo habla de seguir la naturaleza, seguir el camino, a lo que se refiere es más a esto: Haz las cosas de acuerdo con la naturaleza de las cosas mismas. No quiere decir que no cortes la madera, sino que lo hagas de la manera que te sea más fácil. Aprender a utilizar la naturaleza respetándola, sin destruirla.

Este es el principal fundamento del taoísmo: Wu wei. No forzar nada.

No fuerces el candado, o doblarás la llave. Actúa siempre de acuerdo con la forma que tienen las cosas, tal y como ellas existen. No impongas una interferencia que no esté realmente de acuerdo con esa situación. Es mejor no hacer nada, que interferir desconociendo la relación que existe entre todas las cosas que vas a modificar.

Es muy importante sentir que todas las cosas están conectadas entre sí. Que la vida no es una competición, sino un extraño sistema de conexión, donde todo se retroalimenta y crece con la interacción. Aceptar la idea del “enemigo amistoso”, “la necesaria adversidad” que es parte de ti, y que es necesaria para mantenerte fuerte y hacerte crecer.

Todo conflicto es, al final, una forma de cooperación que nos hace crecer mutuamente.

Entender esto es la base, no forzar nada. Acepta esto, y podrás vivir una vida que está de acuerdo a la naturaleza.

Alan Watts, el principio de «no hacer nada»


Espero que os haya gustado, y nos vemos en el próximo post. Un abrazo y, como siempre, recuerda: #MueveteMucho

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Dolor, Fisioterapia, Lesión, Salud

¿Puede alguien que no es buena persona ser un buen fisioterapeuta? ¿Hasta qué punto influye nuestra empatía y nuestras maneras en el tratamiento?

Hace tiempo que vengo preguntándome: ¿Qué es el éxito en fisioterapia? ¿Cómo podríamos medir la capacidad que un terapeuta tiene de «triunfar» en sus tratamientos? ¿Puede un fisioterapeuta triunfar si no es una buena persona?


En muchas ocasiones he conocido a gente que fue a un fisio que le arregló todos sus problemas de manera casi milagrosa. Un crujido y ¡pum!, curado.


En estos casos siempre intento ser crítico, aunque sin cuestionar demasiado los abordajes (considero que, si al paciente le funcionó, no debo interferir ni confrontar directamente esa creencia).


No obstante, siempre me entra la duda… ¿por qué con unos pacientes ciertas técnicas funcionan tan bien, y en otros parecen no tener efectos?


Y esta duda que yo tengo, la han planteado en muchos estudios diferentes, donde se habla de los efectos del masaje como placebo.


¿Quiere esto decir que el masaje, u otras técnicas que han sido comparadas con placebo, con resultados similares, no sirven de nada?

Ni mucho menos.


No podemos descartar el poder de ese efecto placebo. Pero debemos ir más allá.


Esto quiere decir que sí, la terapia manual, la punción, los estiramientos, pueden tener efectos medibles en la percepción del dolor, pero debemos valorar otros elementos que influyen en la mejoría de muchos de nuestros pacientes.


Antes de continuar, quisiera aclarar que este artículo hace referencia a casos leves, donde el dolor se presenta de forma aguda o no está asociado a patologías graves. Debemos descartar las llamadas banderas rojas (cáncer, fracturas, enfermedades infecciosas, y otras) antes de hablar de aplicar o no terapia.


Dicho esto, comencemos.

Iatrogenia, un mal endémico

Iatrogénico es un daño a la salud de una persona, causado o provocado por un acto médico involuntario. Se deriva de la palabra iatrogénesis que tiene por significado literal ‘provocado por el médico o sanador’ (en griego iatros significa ‘médico’ y génesis: ‘crear’).


La intervención excesiva en procesos patológicos es un mal endémico que se da en el campo de la salud, y afecta a todos los profesionales, desde médicos y enfermeros, a fisioterapeutas.


En este sentido, hay varias intervenciones que destacan sobre las demás, como pueden ser:

– Realizar pruebas de imagen ante casi cualquier lesión (¿radiografía en un esguince?)

– Prescribir antiinflamatorios al mínimo signo de dolor

Inmovilizar. Ya hablé de los peligros y de lo absurdo de las inmovilizaciones en este post.

– Se busca eliminar el dolor mediante intervenciones centradas en el tejido, y alejadas de la educación y el ejercicio.

– Se suele fragilizar a los pacientes con mensajes como: Este tejido está fatal, no te dobles porque tienes el disco salido, no tengas malas posturas o te dolerá la espalda.


Por otro lado, muchos mensajes e intervenciones en fisioterapia tienen también efectos negativos en la recuperación del paciente, y si no somos capaces de reconocerlos, estaremos dejando a un lado la salud general del paciente para colocar nuestro ego por delante.

El ego es el problema

Cuando hago referencia «al ego» en fisioterapia, lo hago pensando en compañeros que, ante cualquier lesión, intentan aplicar la última técnica o el último estudio que han leído, y dejan de lado a la persona que tienen delante, convirtiéndola en un «sujeto» sobre el que realizar una determinada intervención.

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A veces se nos olvida que el paciente no es un coche. Lo colocamos en la camilla y le aplicamos técnicas sin mucho conocimiento de cuál es su efecto ni si serán útiles para él.


Y se nos olvida que, detrás del dolor de la persona, hay muchos condicionantes que van más allá del tejido, y que muchas veces el paciente va a mejorar hagas lo que hagas (recuerdo que esto no se aplica a todos los casos, pero sí a los más comunes).


De este modo, muchas técnicas rimbombantes no van a tener efectos superiores a técnicas y abordajes más sencillos, más «clásicos».


Y es que, a veces, el paciente prefiere que le des un masaje mientras hablas con él, que le realices 5 punciones dolorosas que puedan alterar la fisiología de su tendón.


Y es importante saber que estas técnicas pueden ser útiles, pero no lo serán si no las aplicamos con un razonamiento previo, y conociendo a nuestro paciente, sus preferencias y preocupaciones.

A veces, es mejor «no hacer nada»

Puede sonar paradógico, pero a veces la mejor intervención es no hacer «nada». Esto es, no aplicar tantas técnicas, y hablar más con nuestros pacientes.


De este modo, podremos descubrir cuáles son sus hábitos, sus preocupaciones, sus rutinas y sus expectativas del tratamiento. También podremos saber cómo influye el dolor en su día a día, y el grado de discapacidad que le produce.


Este conocimiento no es, literalmente, «no hacer nada», ya que implica un esfuerzo y una dedicación (de tiempo, principalmente) para conocer mejor a tu paciente, y saber qué es lo que mejor puede venirle a la hora de tratarle.


Así, habrá pacientes que, con solo escucharles y hablarles de su problema, se tranquilizarán y mejorarán sus síntomas. Otros te harán ver la necesidad de aplicar una técnica específica («Pues con las agujas me fue muy bien» o «No me gusta que me crujan»).

Con toda esa información, podrás crear una mejor alianza terapeútica y tener algo más de seguridad en que tu tratamiento será efectivo.

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Muchas veces conocer a una persona será más importante que aplicarle miles de técnicas

La importancia de ser buena persona

Y aquí es donde, por fin, damos respuesta a la pregunta inicial:
¿Podemos ser buenos fisioterapeutas si no somos buenas personas?


Bueno, creo que el éxito de muchos tratamientos se puede explicar por el curso natural de la enfermedad, y un paciente mejora en muchos casos aunque no intervengamos (como vengo exponiendo).

En ese sentido, si tu éxito se mide en pacientes «curados», puedes tener claro que no importa el tipo de persona que seas, pues simplemente aplicando técnicas y «reparando» tejidos podrás tener éxito.


En mi opinión, totalmente personal, creo indispensable ser una buena persona para conseguir aliviar el dolor, y mejorar la vida de las personas.

No creo que sirva de mucho quitar el dolor si, después de ir a tu clínica, el paciente sigue haciendo lo mismo que le trajo a ti la primera vez.


Cambiar la mentalidad, los hábitos, y la vida de las personas, con el objetivo de tener una mejor salud, me parece un éxito mucho mayor que el simple alivio del dolor.

Es por esto que creo muy necesario seguir formándome en el manejo de las personas, y no solo en el abordaje de las patologías.

Y es por ello también que me gusta tanto escribir artículos como este, y seguir investigando sobre la psicología que hay detrás de todas las lesiones.


Espero que se entienda bien mi punto, y que podamos ir cambiando nuestro abordaje terapéutico, sin dejar de lado los tejidos y los abordajes más «médicos» cuando sea necesario (al fin y al cabo, muchas lesiones necesitan curación «real«, ya que implican daños en los tejidos).


Podría tirarme horas hablando sobre esto, pero de momento lo dejaré aquí. Espero que te haya gustado, y que me compartas tu opinión sobre este tema.


Te mando un abrazo fuerte, y te recuerdo: #MueveteMucho


Referencias:


Efecto placebo de la terapia manual: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3172952/


Buen pronóstico sin intervención médica: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/7747232/


Importancia de conocer las expectativas del paciente para el éxito del tratamiento: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3132352/#:~:text=Some%20of%20the%20general%20expectations,show%20care%2Fconcern%2Fcompassion%20and


Alianza terapeútica: https://www.physiopedia.com/Therapeutic_Alliance

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Dolor, Ejercicio, Fisiolosofia, Podcast, Salud

En el último episodio de #Fisiolosofia , tuve el placer de entrevistar a Miguel Lopez (https://nutreconciencia.com/).


Miguel es diestista – nutricionista, y desarrolla su trabajo tanto en clínica (de forma presencial y online), como en investigación.

Es una persona apasionada de la ciencia, y que divulga en redes (especialmente en Instagram, como @nutreconciencia ) contenido de alta calidad sobre temas relacionados con la nutrición, y con la salud en general.


Durante nuestra charla, debatimos varios temas, aunque los principales fueron la necesidad de simplificar el trabajo en el campo de la salud, y la importancia de hacer esto de acuerdo con el trabajo investigador que compañeros como él realizan diariamente.


Esta labor investigadora no está muy extendida en España, y a veces se nos olvida que detrás de nuestros tratamientos está el estudio y la práctica, y no solo debe primar el que una técnica nos guste más o menos.


Por otro lado, sacamos a relucir ciertas bases que deberíamos tener presentes en todos nuestros abordajes, y que son tres pilares fundamentales en el mantenimiento de la salud en general: El sueño, la alimentación y el ejercicio.


Teniendo claros estos tres pilares, la salud se hace más sencilla, aunque esto no implica que sea fácil de aplicar.


Y es que siempre será más fácil recurrir a una dieta / técnica milagro, que plantearte cambiar un estilo de vida con el que llevas arrastrando problemas de salud desde hace años.


Esto, plantearte la necesidad de adquirir nuevos hábitos y formas de vivir, es algo que mucha gente no se plantea, y es labor de los sanitarios reforzar conductas que conduzcan a una mejor salud en general, y no solo evitar la enfermedad o el dolor de manera puntual.

Así, mejorar la calidad de vida ha de ser un principio fundamental de todo abordaje, cueste el tiempo que cueste. Y deberíamos dejar de plantear soluciones mágicas de ningún tipo (ayunos, suplementos, manipulaciones) y dejar muy claro que la clave de la salud reside en los tres pilares antes comentados.


En mi opinión, y esto es algo que queda fuera del contenido del episodio, la labor investigadora es esencial. Pero también lo es que esa labor llegue a la población «común», esto es, a todas aquellas personas que puedan estar preocupadas por su salud y no tengan tiempo ni energía para estudiar las últimas novedades científicas.


En ese sentido, el papel de Miguel en redes me parece espectacular. Se trata de una persona que tiene un gran alcance, y lo tiene siendo honesto y fiel a su mensaje: Mejorar la salud desde la ciencia.


Y, por otro lado, no deja de lado la importancia de la difusión del mensaje. Ya que es importante lo que dices, pero también cómo lo dices.

Y es claro que, en una red como instagram, la imagen prima muchas veces al contenido (es así, aunque no nos parezca lo correcto o lo más acertado).


Sin más, os dejo con la entrevista y espero que la disfrutéis tanto como yo lo hice haciéndola. La segunda parte la subiré en los próximos días.

Fue un rato estupendo, y pronto repetiremos.


Te mando un fuerte abrazo, y te recuerdo: #MueveteMucho


Web de Miguel: https://nutreconciencia.com/

Instagram: @nutreconciencia

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Ejercicio, Fisioterapia, Movimiento, Salud

En los últimos meses he escuchado en varias fuentes el término de «activación mitocondrial». Tras varias lecturas acerca del tema, quería hablaros sobre la importancia real que puede tener en la salud, y como podemos «activar» nuestras mitocondrias.

El término «activación mitocondrial» hace referencia a la activación de la función de las mitocondrias en la célula.

Las mitocondrias son orgánulos encargados de la transformación de nutrientes en energía en forma de ATP.
Ésta, aunque es la principal, no es la única función de las mitocondrias, ya que también participan en la síntesis de hormonas esteroideas (testosterona y estradiol), regulación del calcio celular, desintoxicación de amoniaco en el hígado y apoptosis (muerte celular programada).


Este último punto es esencial, ya que las células que no mueren de forma programada pueden derivar en células de cáncer, con una alteración mitocondrial y metabólica, que pueden dar lugar a complicaciones graves.


Una mitocondria que funcione de forma defectuosa va a ser menos eficaz en la generación de energía y genera mayor cantidad de radicales libres, además de no realizar correctamente el resto de sus funciones.

En este sentido, una mitocondria «defectuosa» se comporta como una central energética poco eficiente, que gasta mucha energía y además «contamina» el ambiente.


En personas obesas la La obesidad y la disfunción mitocondrial también van de la mano. No está claro cuál es el factor primario, pero ambas se retroalimentan . La resistencia a la insulina perjudica la producción de energía, dificultando la oxidación de la grasa corporal y empeorando a su vez la resistencia a la insulina. Un círculo vicioso muy peligroso.


Además, la disfunción mitocondrial se asocia a trastornos como la fatiga crónica, la diabetes, la enfermedad cardiovascular y el antes mencionado cáncer, entre otras.

Todos estos estados tienen en común la falta de actividad física y una mala alimentación. Estos dos son factores esenciales para mantener la salud mitocondrial.

Cuida tus mitocondrias: #MueveteMucho

Las mitocondrias son unos orgánulos particulares, ya que son los únicos que poseen ADN propio.
Debido a esto, no pueden generarse a través de otros orgánulos, sino que es necesario utilizar las mitocondrias existentes para generar la denominada biogénesis mitocondrial.

¿Y cuál es el principal estímulo para favorecer esa biogénesis mitocondrial? Pues es sencillo: La contracción muscular.


El proceso de formación de mitocondrias es complejo, pero se puede resumir teniendo algo claro: El ejercicio físico lo estimula.


Esto se debe a que, cuando nos ejercitamos, las mitocondrias empiezan a trabajar para generar energía en forma de ATP, extrayéndola de los nutrientes (descomponiendo Carbohidratos, grasas y proteínas).

Si la demanda de ATP aumenta, el cuerpo se fuerza a producir más «generadores de ATP», estas son las mitocondrias.


Además, si el ejercicio físico es intenso, esta producción será más efectiva (es por ello que el ejercicio de fuerza produce mayor cantidad de mitocondrias que el clásico ejercicio aeróbico).


Por otro lado, las sustancias que se generan y liberan durante la contracción muscular, como Calcio, proteína kinasa C y las fosfatasas, van a estimular la formación de nuevas mitocondrias.


De este modo, a los beneficios ya conocidos del ejercicio, podemos añadir el de la activación mitocondrial, y la estimulación de la biogénesis de estos orgánulos.


Por ello, si quieres mantener sanas tus mitocondrias, ten claro que el movimiento es la forma más eficaz de conseguirlo.

Sueño y alimentación, factores importantes para la salud mitocondrial


Cuida el ritmo circadiano:

Las mitocondrias disponen de un reloj biológico que sigue los ritmos circadianos, las horas de comida, el sueño, los picos horarios de mayor actividad y lucidez, y los valles de descanso y calma.

La luz es el principal director que dirige toda la orquesta del reloj biológico; y la melatonina, la hormona que regula el ritmo mitocondrial, es clave para conseguir la estabilidad mental y una adecuada competencia cognitiva. Seguir los ritmos horarios del sol ayuda a fabricar buenas dosis de melatonina.


Alimenta a tus mitocondrias:

Una alimentación equilibrada y con suficientes nutrientes nos va a ayudar a mantener una salud mitocondrial óptima.

Entre estos nutrientes, podemos destacar algunos que pueden ser importantes para el desarrollo mitocondrial en especial: Coenzima Q10, ácido fólico, magnesio y vitaminas B, creatina y carnitina.


Estos nutrientes están presentes, como digo, en los alimentos de una dieta equilibrada. No obstante, si crees que careces de alguno de ellos, consulta con un profesional de la nutrición para que te ayude, ya que yo carezco de los conocimientos necesarios para hacerlo.


Con todo lo dicho anteriormente, te animo a poner a tus mitocondrias a trabajar ejercitándote a alta intensidad y con bastante frecuencia.


Una forma sencilla de estimular la biogénesis mitocondrial es empezar el día dando un pequeño paseo, mientras disfrutas de la salida del sol (que a su vez estimula la generación de vitamina D), y entrenar fuerza 2-3 veces por semana, de manera complementaria.


Mantenerte en movimiento y estimular la contracción muscular pondrá a tus mitocondrias a funcionar, y ayudará a la renovación y generación de una función mitocondrial óptima.


Eso es todo por hoy. Gracias como siempre por llegar hasta aquí,. Te mando un abrazo y, como siempre, te recuerdo: #MueveteMucho.

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Dolor, Fisiolosofia, Fisioterapia, Lesión, Mentalidad, Miedo, Podcast, Salud

Hoy os traigo la relación que puede tener el concepto filosófico de «noche oscura del alma» (Creado por San Juan de la Cruz en su poema homónimo), con el dolor crónico.
Quédate si quieres saber la relación que existe entre estos dos términos…

Entra dócilmente en esa noche quieta
No te resistas, no luches, ten fe
Acepta lo inevitable, y aprovecha que aún vives
No te detengas a esperar lo que no pasará
Y no renuncies al ahora por lo que no va a llegar


San Juan de la Cruz escribió el poema “La noche oscura del alma”, donde hacía referencia a la sensación de vacío y soledad que una persona experimenta antes de un encuentro místico (en su caso, se refería al encuentro con Dios, pero podría entenderse en otros contextos).


Su poema narra el viaje del alma desde su casa corporal hasta su unión con Dios. El viaje ocurre durante la noche, que representa el periodo en el cual la persona se encuentra desorientada y perdida entre la oscuridad, en busca de una luz del creador, que no parece llegar.


La idea principal del poema se puede ver como la experiencia dolorosa que la gente soporta cuando procura crecer en madurez espiritual y unión con Dios, y el miedo que se siente antes de esa unión, cuando todo es negro, y nada parece aflorar de las tinieblas.


Pero… ¿qué relación puede haber entre este estado espiritual, y la recuperación física en personas con dolor (especialmente dolor crónico)?


Como ya sabéis los que me seguís hace tiempo, soy un enamorado de la filosofía (De ahí el nombre de mi programa de podcast, Fisiolosofia), y creo que ésta esconde muchas más respuestas de las que nos han enseñado a ver en el colegio.


Hoy, en mi afán por acercar estas dos ramas, os quería hablar sobre qué entiendo yo por esa noche oscura, y la relación que puede haber con los pacientes con dolor.


La noche oscura del alma es un concepto que acudió a mi hace poco, después de leerme el libro “Reinventarse”, de MA Puig. Al leerlo, recordé la conversación que mantuve con Marina hace poco en este podcast, en la que hablamos sobre la importancia de mantener nuestra identidad, y lo esencial que es, psicológicamente, definirnos de una manera determinada.


La noche oscura del alma, en un sentido más profano, sería el momento en el que nuestra identidad actual empieza a desvanecerse, para ir convirtiéndose poco a poco en una nueva, en muchos casos mejor de la
que teníamos.


En las personas que llevan arrastrando procesos de dolor de larga duración, el dolor se ha convertido en parte de su identidad, hasta el punto que muchas personas se reconocen a sí mismas por su dolor, y no se imaginan su vida sin ese problema.


Es por eso que, aunque cueste admitirlo, muchos no se atreven a abandonar esa identidad donde aún sufriendo, se sienten seguros, porque es la que conocen.


Es en esos casos, donde el miedo a perder lo que somos nos acecha, cuando debemos tener presentes esta “noche oscura”.

Es normal que, en esos momentos donde todo lo que creemos ser se tambalea, la incertidumbre y el miedo se apodera de nosotros, y nos aferramos a nuestro antiguo yo, porque nos aterra lo que puede esperar al otro lado.


Y es que explorar es algo aterrador, no te asegura el éxito, y puede llevarte a una posición peor de la que tienes ahora mismo.


Cuando sufrimos incertidumbre, los sistemas de alarma se disparan, empujándonos a buscar lugares donde nos sintamos seguros y en calma, esto es, a buscar anclas de seguridad.


Es importante que los pacientes, y nosotros mismos, tengamos claras esas anclas a las que acudir en casos de duda o miedo.


A la hora de determinar esas anclas de seguridad, debemos asegurar que no sean patrones de conducta que nos devuelvan a nuestro “antiguo” yo.


En el caso de los pacientes, esto implica desterrar patrones que puedan estar relacionados con su dolor (mala alimentación, falta de sueño, pensamientos catastrofistas, actitudes sedentarias).


Debemos determinar algunas actitudes que nos hagan sentirnos seguros, y éstas deben ser lo más sanas posibles (salir a pasear, tomar una bebida caliente, meditar).


Con todo esto, quiero decir: Desterrar malos hábitos negativos es un paso muy importante, y no podemos tomarlo a la ligera, o nos entrará vértigo y querremos aferrarnos a ese yo que ya conocemos, aunque no sea bueno para nosotros.


Es por ello por lo que he creído necesario hablar de este tema aquí.


Las personas con patología que empiezan a salir de sus procesos de dolor, necesitan tener claro que la incertidumbre acompaña a ese proceso, y que será inevitable entrar en “La noche oscura del alma” una vez empiecen a ver la luz que asoma detrás de su dolor.


Para ellos, también será esencial encontrar “anclas de seguridad” a las que aferrarse en momentos de inseguridad, teniendo claro qué anclas serán estas, e intentando que éstas estén alejadas de los patrones de conducta que producen el dolor.


He querido relacionar esta noche oscura a mi contexto, la fisioterapia, pero es algo que todos, en algún momento, hemos enfrentado, o a lo que nos vamos a enfrentar.


Piensa en aquellos momentos de tu vida que implicaron un gran cambio. Puede ser el día que montaste en bicicleta por primera vez, el día que te graduaste y saliste al mundo laboral, o tu primera vez con una pareja en la cama.


Recuerda las sensaciones que invadieron tu mente en estos momentos, y recuerdo cómo saliste de aquello: Lanzándote al vacío, dejando al miedo fluir y entrar en ti, siendo uno con él.


Y cómo saliste de aquello siendo una persona renovada, y diferente a la que se adentró en la noche.


Es inevitable, y necesario, entrar en esa noche oscura. Abrazar el miedo y la incertidumbre. Es la única manera de descubrir qué hay más allá de nuestros límites, de nuestro yo actual.


No te dire: NO TEMAS. Porque el temor es inevitable.

Solo te recordaré: La magia está al otro lado del miedo.

«A veces el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la Muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta tormenta, en definitiva eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí solo hay una arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo. Imagínate una tormenta como ésta.»

«Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No! Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta de arena.»

Kafka en la orilla, Haruki Murakami
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Fisiolosofia, Fisioterapia, Mentalidad, Miedo, Podcast, Salud

Te dejo a continuación algunas ideas que he sacado en claro de la lectura del libro «Todo está jodido», de Mark Manson.
Personalmente ha sido una lectura muy ilustrativa, y espero ser capaz de transmitir, al menos en parte, las ideas que ha despertado en mi.
Espero que lo disfrutes.

Hace unas semanas me acabé el último libro de Mark Manson: Todo está j*dido.

Este autor me ha marcado en los últimos tiempos por su forma de ver la vida, y su franqueza a la hora de expresar sus ideas acerca de la existencia y el valor de la vida humana.


Su libro «El sutil arte de que todo te importe una mierda» fue uno de mis primeros contactos con la filosofía estoica y la autoayuda (Aunque este libro no tenga ni lo uno ni lo otro).


Sin embargo, considero que su forma de afrontar la vida está muy acorde a lo que yo creo y pienso a menudo, y es por eso que hoy querría habar un poco más en profundidad sobre estas ideas y sobre las enseñanzas que he sacado de la lectura de su libro.


En las más de 200 páginas de «Todo está jodido», Mark Manson reflexiona sobre numerosas ideas, entre las que destacan el desapego por la esperanza, y el «amor fati«.


Estas dos ideas están muy relacionadas entre sí, ya que ambas incluyen eliminar de nuestra vida el deseo de tener una vida mejor, y cambiar éste por el objetivo de ser mejores, sin esperar nada a cambio.


El desapego a la esperanza se desarrolla considerando a la esperanza como una «trampa» que nos tendemos a nosotros mismos, haciéndonos caer, en muchas ocasiones, en actitudes irracionales e imprudentes.


Para Mark Manson, la esperanza nos hace soñar con un futuro mejor, nos ayuda a desarrollar nuestros sueños. Pero, a su vez, nos obliga a luchar para conseguir algo diferente a lo que ya tenemos, nos aleja de nuestro presente y nos impide valorar lo que ya tenemos.


Debido a esto, y en relación a la segunda idea del libro, nos alejamos de lo que estamos ya viviendo, para alojarnos en lo que podría ser.


Al alejarnos del presente, desechamos lo único certero que tenemos: El ahora. Y lo hacemos esperanzados de que lo que vendrá será mejor.

No obstante, y sobre esto se desarrolla bastante en el libro, ese futuro que vendrá no cumplirá seguro con nuestras expectativas.

Llegado a este punto, tenemos que hablar un poco de la teoría del punto azul.

La teoría del punto azul:

Esta teoría surge de un experimento que se llevó a cabo para ver cómo nuestra percepción de la realidad puede variar dependiendo del contexto y las experiencias previas.

En el experimento, varios participantes debían identificar si unos puntos eran azules o púrpuras.
Al principio, los participantes no tuvieron demasiados problemas en distinguirlos.

Sin embargo, conforme los puntos azules iban apareciendo menos, los participantes empezaban a confundir más los puntos púrpura como azules, guiados por la expectativa de que los puntos azules «debían aparecer», como estaban haciendo previamente.


El experimentó se repitió con rostros amenazantes o amables, produciendo resultados similares: Conforme los rostros amenazantes desaparecían, las personas tendían a asociar rostros amables con amenazantes debido a sus expectativas de que los rostros amenazantes siguieran apareciendo en frecuencias similares.


Teniendo estos resultados presentes, podemos ver cómo nuestro cerebro recalibra constantemente nuestras percepciones basándose en nuestras experiencias anteriores.

De esta manera, ¿cómo podemos estar seguros de que vemos las cosas tal como son?


Estos resultados experimentales son extrapolables a la percepción que el ser humano hace de los problemas que le abordan. Cuando estos problemas empiezan a escasear, el ser humano «se los inventa», y los hace aparecer allá donde no los hay realmente: Cuanto más problemas resolvemos, más situaciones seguras percibimos como problemáticas.

De esta manera, la insatisfacción es constante, nunca tenemos suficiente seguridad ni nos sentimos suficientemente cómodos.

Es por ello que debemos desterrar la esperanza en un futuro mejor, y centrarnos en ser mejores personas por encima de todo. El mejor futuro no llegará, ya que cuando estemos en él, nos habremos adaptado y encontrado algún otro problema que debamos solucionar.


El autor, con todo esto, nos invita a abandonar la esperanza. No como una oda al nihilismo, sino como una aceptación de que la vida es lo que es, y no debemos esperar mucho más de ella.
Al fin y al cabo, solo hay una verdad (incómoda): Nos imaginamos nuestra propia importancia. Nos inventamos un propósito, pero no somos nada.


Tú, yo, y todos los que conocemos vamos a morir, y casi nada de lo que hagamos tendrá eco en la eternidad.

¿Qué sentido tiene la vida?

El significado que aportamos a nuestras vidas no es más que un producto de nuestra imaginación, y realmente no tiene un sentido lógico, más allá de que creemos necesitar ese sentido para seguir viviendo.


Aquí se abre un debate interesante y complejo, pero considero que «el sentido de la vida» que muchas religiones y creencias han buscado a lo largo de la historia no es más que una «excusa» que inventamos para seguir vivos, y levantarnos por la mañana.


Para algunos, serán sus hijos, para otros será Dios, para otros gritarle a los futbolistas tras una pantalla. Cada uno elige su religión, y todas son igual de válidas (aunque no todas serán igual de respetables).


Las creencias y religiones no son más que construcciones humanas que hemos producido para darle sentido y significado a nuestras vidas. Sobre el papel, no tienen nada de malo.


El problema radica en cuando esas religiones niegan a una parte la capacidad de encontrar su propio significado, o vulneran la validez de la vida de algún modo.


Estas creencias y esperanzas han sido causa de todos los conflictos a lo largo de la historia, y es que no somos capaces de aceptar que otras personas puedan ver el mundo de forma diferente a nosotros y, lo que es peor, intentamos imponer esa visión a los demás mediante la fuerza (El origen de las guerras y conflictos políticos y económicos).


Pero todas estas creencias esconden algo que no queremos aceptar:

La vida es… la vida. Y no tiene otro sentido.

Derek Sivers habló de esto en esta charla , donde nos invita a reflexionar sobre la importancia que damos a esos siginificados vitales, a esa necesidad de darnos una importancia que probablemente no tengamos.


Una vez aceptas la verdad incómoda, y te dedicas a vivir sin esperar nada, solo por el mero placer de vivir, el sentimiento que te acompaña no es el vacío, sino la calma.

La existencia, el universo físico es básicamente lúdico. No hay necesidad de algo más en absoluto. No va a ningún lado. Es decir, no tiene un destino al que llegar.

Esto se entiende mejor por analogía con la música. Porque la música, como forma de arte, es esencialmente lúdica.

La música, digamos, es diferente del viajar. Cuando viajas estás tratando de llegar a algún lado. Con la música, sin embargo, uno no se esfuerza por llegar al final de la canción. El objetivo es la canción.

Si consideramos la vida según la analogía del viaje, como una peregrinación que tiene un propósito serio en el final, y la cuestión era llegar hasta esa cosa en el extremo; hasta el éxito, o lo que sea, o tal vez el cielo después de la muerte; nos habremos perdido toda la diversión en el camino.

La vida es una canción, y se supone que debes cantar o bailar mientras suena la música.

Alan Watts


Hay que hacer un pequeño apunte aquí, y es que el no buscarle sentido a la vida, o no esperar nada, no implica renunciar a vivir, sino todo lo contrario.

Implica situar la vida en el centro, valorar el estar vivo por encima de todo. Y tener claro que la vida es la causa de todo, y que nada tendría sentido sin ella.

El dolor es la constante universal

«El dolor siempre está ahí, lo que cambia es tu percepción del dolor. Esto se debe a que el dolor es la experiencia de la vida misma. Las emociones positivas son una desaparición temporal del dolor, y las negativas un aumento de la percepción del dolor.»


Bajo esta premisa, Mark Manson nos invita a aceptar el dolor como eterna constante y renunciar con ello a buscar la felicidad, ya que aceptas que ésta no existe por sí misma, sino que es el estado de ausencia de dolor.

Por otro lado, debes aceptar que el dolor debe estar ahí para darle sentido al no- dolor, y así aprender a valorar los momentos que no nos haces sufrir.


Piénsalo un poco. ¿Te imaginas una vida sin muerte? ¿Cómo valorarías lo que ya tienes, si no pudieras perderlo? Es necesario tener presente esa potencial pérdida, para valorar realmente lo que tenemos.


La vida, al final, se convierte en una sucesión de momentos más o menos dolorosos, y de algún modo aceptar esto hará que el dolor se vuelva manejable.

Crecer implica aceptar que hay que sufrir por las razones adecuadas, y estar dispuesto a zambullirse en el dolor y recorrer sus profundidades.


La búsqueda constante de felicidad es una actitud inmadura, que nos lleva a intentar llenar un hueco que nunca se llena (teoría del punto azul). Es la esencia de la corrupción y la autodestrucción.


El dolor es la fuente de todo valor. Cuando nos negamos a sentir dolor, nos negamos la habilidad de sentir ningún propósito en la vida.

La vida es.

Llegados a este punto, resulta complejo aclarar qué sentido tiene una vida sin esperanza, donde no se espera un mundo mejor ni se lucha por ello.


No obstante, esto no es del todo cierto. Negar la importancia de la esperanza para el progreso, no implica renunciar a ella.

Negar la esperanza es, por el contrario, aceptar que la vida es lo más valioso, y por sí sola es lo suficientemente importante para ser el sentido de todo, incluso de la propia vida.


Así, Amor fati implicaría que aceptamos que LA VIDA ES, y con ello basta para que todo lo demás valga la pena. Porque, sin la vida, no habría bien ni habría mal, no habría sentido ni habría esperanza. No habría nada.


Por ello, amar la vida con todo lo que ello implica, de bueno y de malo, es para mi lo que da sentido a todo, y es por ello que llevo tatuados en mi las frases Memento Mori (Recuerda que vas a morir) y Amor Fati (Ama tu destino).


Y es que, sin la muerte, la vida no tendría tanta importancia. Y sin la vida, nada importaría.


La verdad que este libro da para mucho más, y te recomiendo que lo leas y saques tus propias conclusiones.


Espero que se haya entendido mi visión, y que te haya gustado este contenido. No dudes en hacérmelo saber si es así. Te mando un fuerte abrazo y, como siempre digo, #MueveteMucho

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Dolor, Fisiolosofia, Fisioterapia, Mentalidad, Miedo, Movimiento, Podcast, Salud

En el post de hoy os traigo un pequeño resumen de la charla que mantuve con Marina Díaz (@marinadiazpsicóloga ).
En ella, abordamos diferentes temas, pero nos centramos en el manejo de pacientes con dolor crónico, y cómo la esfera psicológica es vital en este tipo de paciente.

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Dolor, Fisioterapia, Lesión, Mentalidad, Movimiento, Salud

A veces, como terapeutas o pacientes, no entendemos la importancia de las creencias hasta que alguien intenta derribarlas.
Es por ello que es muy importante revisarlas de vez en cuando, y ponerlas a prueba, de modo que podamos entender mejor cómo funciona nuestra mente, y de qué manera podemos evolucionar hacia una forma de pensar más adecuada a nuestro día a día.

En fisioterapia, como en todo en la vida, las creencias ocupan un eje central de los tratamientos, y son de hecho un objeto de estudio cada vez más interesante.
En este sentido, muchos autores están dedicando sus líneas de investigación a este punto, el de las creencias, y es algo que considero esencial en nuestra práctica clínica.

Una creencia es el estado de la mente en el que un individuo supone verdadero el conocimiento o la experiencia que tiene acerca de un suceso o cosa;​ cuando se objetiva, el contenido de la creencia presenta una proposición lógica, y puede expresarse mediante un enunciado lingüístico como afirmación.


Las creencias pueden ir desde la religión, a la política, pasando por la forma en que vemos el mundo o cómo nos sentimos con determinadas circunstancias.

Cuando hablamos de «creencia», hablamos de un «mapa» mental que da significado a lo que sucede en nuestro mundo, y se trata de un punto crucial de nuestra existencia.
Por ello, cuando sentimos que nuestras creencias están amenazadas, todo nuestro mundo, la imagen que tenemos de él, se ve amenazado con ello, y no podemos evitar defendernos ante esto.


En esta defensa, desarrollamos actitudes de miedo – evitación, y esto puede explicar en muchos casos los fallos a la hora de abordar a los pacientes por parte de los fisioterapeutas.


En estos casos, muchos pacientes se presentan ante nosotros con dolor, y con unas creencias previas acerca de su experiencia con ese dolor («Tengo la espalda contracturada», «Si me doblo se me saldrá el disco», «Tengo una pierna corta y por eso me duele la columna»).

Y seguro que algunas de éstas nos pueden parecer absurdas y poco plausibles, pero tenemos que evitar caer en el prejuicio, y valorar a la persona en todo su contexto.

Es más, muchas de éstas son creencias instauradas previamente por compañeros de profesión, que caen en el error de expresarles a los pacientes ideas sobre el movimiento que pueden no estar del todo actualizadas.


Debido a nuestros propios prejuicios, muchas veces no podemos evitar evaluar sus actitudes, tratando de dar una explicación sencilla a un problema complejo como lo es el dolor: «Es que es muy pesimista», «Es que se mueve poco», «Es que es un/a vago/a».


Todos hemos pecado alguna vez de hacer estos juicios de valor, yo el primero.
Y es que, como decía, los prejuicios son inevitables porque van intrínsecos a nuestro mapa mental y a nuestras creencias.


Los pacientes no son menos, y sus creencias respecto al dolor muchas veces van a estar en contraposición a las nuestras.
Nosotros, profesionales que hemos estudiado y aprendido cómo funciona el dolor, nos creemos a veces en posición de juzgar las creencias de los pacientes sobre su dolor, atreviéndonos en ocasiones a juzgar que esa persona no está haciendo lo suficiente por su recuperación.


Esta es la forma más sencilla de perder la confianza del paciente, y de reforzar esas actitudes que consideramos «negativas», ya que la persona se tomará este intento de cambio como un ataque, y se verá amenazada por nosotros.

Es por ello que chocar con las creencias no es una buena estrategia para lidiar con los pacientes, y debemos intentar aumentar y mejorar la confianza que este nos tiene, entendiendo sus circunstancias particulares, antes de intentar entrar a cambiar su forma de pensar.


En esta línea, quisiera también hacer referencia a profesionales que se juzgan entre sí, sin conocer los contextos que cada uno de ellos tiene, y dando por hecho realidades que, en la mayoría de casos, no se ajustan a la verdad.


Esto es muy común verlo en redes, donde el cruce de acusaciones está a la orden del día.


Como ya escribí en su momento, la infoxicación es una realidad que está ahí, y constantemente nos encontramos con gente a la que nuestra visión del mundo les choca, e incluso les ofende.
No quiero convertir este post en una disertación sobre el odio y la envidia en redes, pero creo que es importante valorar el contexto en el que nosotros, como clínicos, nos desarrollamos.

Para ello, si aún no lo has hecho, te invito a leer el artículo sobre la infoxicación, y a revisar si tus creencias son las que están haciendo que sientas esa frustración, al ver a otros donde a ti te gustaría estar.


Y esto lo digo porque, si vamos a entrar a valorar e incluso cambiar las creencias de nuestros pacientes, quizá deberíamos empezar por aclarar cuáles son las nuestras, y determinar si están acorde con lo que queremos transmitir a nuestros pacientes.


Creo sinceramente que un fisioterapeuta envidioso, con miedos y frustraciones incontroladas, no será nunca un buen clínico, porque será incapaz de reconocer esos patrones aberrantes en sus pacientes. Y, si llega a hacerlo, no sabrá cómo hacerles frente, pues en su interior estará dominado por los mismos sentimientos que llevan a su paciente a estados dolorosos.


Es por ello que creo que el desarrollo personal, mediante la lectura de filosofía, y la revisión constante de nuestras creencias, es un paso imprescindible antes de entrar a tratar a nadie con dolor o cualquier otra patología compleja.

Conocer a la persona es más importante que conocer la patología.

Fisiodelpino

Te invito, a ti que me lees, a revisar si en tu interior hay aún tienes creencias erróneas sobre el dolor, o sobre el comportamiento humano. Si aún te es natural juzgar lo que otros hacen o piensan, y si te sientes frustrado por cómo otras personas manejan su vida.

Si es así, te animo a intentar eliminar esas actitudes, ya que no te van a ayudar a ser mejor en tu trabajo, y probablemente causen graves conflictos a largo plazo.


Obviamente, revisar estas creencias no será sencillo, y no podrás eliminarlo definitivamente, ya que están instauradas en ti desde hace muchos años. Esto hará que tu sistema de defensa se active, y te sientas amenazado por ti mismo, ya que estarás removiendo y analizando a tu propia conciencia.


Pero el hecho de que seas capaz de identificarlas, y utilices estrategias para aliviarlas, será suficiente para no dejarte dominar por ellas.


Espero no haberte aburrido mucho con este tema, y que te haya sido de utilidad. Nos vemos en el siguiente post, y no lo olvides: ¡#MueveteMucho !

Referencia:

Este artículo lo escribo teniendo presente este otro del grupo de investigación de Peter O´Sullivan (https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S141335552030407X), donde hablan de la importancia de las creencias en el afrontamiento del dolor en fisioterapia.


Además, tengo en cuenta los conocimientos adquiridos de mis lecturas de Mark Manson y Jordan Peterson, que han inspirado en los últimos meses muchos de mis razonamientos.

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