Fisioterapia

Definir es limitar. La importancia del lenguaje en la experiencia dolorosa.

El ser humano siempre ha buscado comprender cómo funciona el mundo, y darle un sentido a todo lo que sucede en él.

El lenguaje es la forma que tenemos de construir nuestro mundo, y nuestra realidad. Con él, damos forma a lo que vemos y sentimos, y conocemos el mundo a través de su estructura.

Con su uso, encapsulamos las interpretaciones que hacemos de la realidad, confundiendo esa interpretación con la realidad misma.

Buscamos ordenar el mundo, la realidad que vemos, a través del lenguaje, limitando nuestra percepción a lo que es expresable con palabras.

Esto limita nuestra percepción, pues hay cosas que no se pueden describir con palabras, y si nos limitamos al lenguaje, estas sensaciones quedarán fuera de nuestra realidad, no las consideraremos como algo real.


Es por eso que me gusta tanto leer, y ampliar así mi vocabulario y mi forma de definir e interpretar el mundo.

Algo similar sucede cuando aprendes una lengua nueva: No solo aprendes a comunicarte con otras personas que la hablan, sino que amplías tu campo de conocimiento y acción, dando lugar a un entendimiento más amplio de la realidad.

El lenguaje determina la realidad

El lenguaje determina nuestra percepción del mundo, y un ejemplo claro de esto es la muerte.

La muerte es un evento absoluto, el fin de la vida.

Pero la palabra «Muerte» puede tener un significado diferente en función del contexto donde se pronuncie.

Hay culturas para las que la muerte no es más que el principio del camino, y es donde todo empieza. Para otros, la muerte es el final de la vida, la meta final.


Cuando hablamos del dolor, sucede algo similar. Porque hay muchos tipos de dolor, y cada ser lo vive de una manera diferente.


Limitar el dolor a la propia palabra, deja fuera muchos ámbitos que envuelven al dolor, y limitan la experiencia dolorosa del ser.

Pongamos un ejemplo: ¿Acaso los animales no tienen dolor? El no poder expresarlo con palabras, tampoco es sinónimo de que no puedas sentirlo, de que no sea real.


El problema viene cuando los seres humanos, en nuestro afán de racionalizarlo todo, buscamos una definición para cada cosa que nos ronda la mente, incluído el sentimiento doloroso.

Y es un problema porque este «dolor» (como palabra) será diferente para cada persona, y su definición no se puede limitar a la que da el lenguaje.

Al final, definir es limitar. Y debemos ser justos en este sentido, e individualizar la experiencia dolorosa de cada uno.


Por eso las etiquetas diagnósticas son tan peligrosas: Limitan la experiencia dolorosa al síntoma, a la patología, dejando de lado todo el contexto que envuelve al paciente, que deja de ser paciente para convertirse en su problema (Rafael, María o Laura pasan a ser tendinopatia, dolor crónico y fibromialgia).


Así, queriendo utilizar el lenguaje para describir a nuestro paciente, lo acabamos limitando e identificando con su patología, y esto puede tener consecuencias muy negativas para la persona.

La filosofía como herramienta para entender el dolor

Llegados a este punto, me gustaría que tuviéramos en cuenta el papel de la filosofía, como ciencia que estudia la causa y el origen de todas las cosas desde la razón, en el estudio del dolor.


Para mi la filosofía y la fisioterapia, como ciencia de la salud, están muy relacionadas: Estudiamos el dolor, el bienestar, y no lo limitamos a una sola esfera (física, mental o social), sino que buscamos la globalidad y la totalidad- siendo conscientes de la imposibilidad de hacerlo, poniendo coto a nuestros propios límites mentales (dentro de estos límites también se incluyen los límites del lenguaje).


Nunca podremos conocer el dolor de una persona, no podremos alcanzar ese nivel de verdad, porque el dolor es una experiencia que está dentro de su ser, y que es difícil describir con palabras.

Podemos intentarlo, encerrar esa experiencia en las palabras, pero aún así la auténtica verdad queda dentro de la conciencia y la realidad individual de la persona que sufre dolor.

Esta cuestión fue desarrollada por Nietzsche en su crítica al lenguaje, al que consideraba una herramienta limitante, en tanto que nos obligaba a pensar dentro de las paredes de las propias palabras nos ofrecían y, por tanto, nos impedían conocer la realidad pura, sin artificios ni adornos.


Nietzsche nos invitaba a pensar fuera de los límites del lenguaje, algo imposible si tenemos en cuenta que lo que queda fuera del lenguaje realmente no es interpretable, puesto que no se puede conocer lo que no se puede definir (O al menos, así lo considera Wittgestein, otro filósofo alemán que desarrolló numerosas teorías sobre los límites del lenguaje).

Por su parte, Wittgenstein hace referencia a la necesidad de entender el lenguaje dentro de su contexto. De este modo, «dolor» puede ser algo diferente en función de quién y cómo sea pronunciado.


He aquí la importancia de intentar comprender a la persona con dolor, y no al dolor por sí solo. Es imposible aislar el uno del otro, y será necesario integrar a ambos dentro de nuestra mente para poder llegar a comprender mejor el dolor de la persona, o más bien, a la persona con dolor.

El dolor siempre será un gran desconocido

En línea con lo expresado por los filósofos alemanes, pretender conocer el dolor, saber cómo se desarrolla y qué facetas tiene, es pretencioso, y nos conducirá a error continuo, por lo expresado anteriormente.


Esta imposibilidad de conocer, de saber al 100%, desarrollada por Nietzsche, y que es característica del Nihilismo, podría llevarnos al desánimo y a la rendición.
¿Por qué buscar respuesta a aquello que no lo tiene?.


No obstante, Nietzsche no niega la verdad, sino que cuestiona la capacidad humana de alcanzarla.

Así, nos invita a no dejar de buscarla e intentar alcanzarla , aunque en sí misma no se pueda poseer (sea por la limitación del lenguaje, o por la inexistencia de esa verdad).

En esa búsqueda continua encontraremos la motivación para avanzar, para seguir buscando respuesta, en un ciclo virtuoso que nos llevará más allá, y hará nuestra realidad mucho más amplia.


Continúa aprendiendo y leyendo sobre el dolor, entiende cómo funciona en otros contextos y otras lenguas, cómo hay culturas donde dolor puede no implicar sufrimiento, sino crecimiento. Y con todo ello, intenta conocer mejor cómo se comporta y cómo puede vivirlo la persona que se presenta ante ti con su propia experiencia dolorosa.


Por otro lado, no limitemos el dolor al lenguaje, no le dibujemos barreras y lo encerremos con términos, pues hay cosas que no se pueden decir con palabras.


Al final, nuestro lenguaje delimita los límites de la realidad. Vamos a sentir, percibir, interpretar la realidad de manera diferente en función de cuál sea nuestro lenguaje.


Como veis, el dilema sobre el lenguaje ha estado muy presente en estos dos autores, y es algo que aún hoy genera reticencias y que se intenta estudiar desde la filosofía.


Como digo, es una cuestión intrincada, a la que no pretendo dar solución, sino más bien intentar comprender su complejidad y trasladarla al mundo.

Es más. creo que dar solución a este dilema no es posible, pues sigue quedando dentro de los límites del propio lenguaje.

Las cosas son sin la necesidad de señalarlas. Apartarse del lenguaje, sabiendo que las cosas son aunque no las nombremos, nos va hacer presente que el lenguaje nos limita y nos determina la forma en que vemos el mundo.


Espero no haber complicado mucho mi reflexión sobre este tema, ya complejo de por sí.

Espero que te haya gustado tanto como a mi escribirlo. Te espero en el siguiente post, y te recuerdo: #MueveteMucho

Referencias del artículo:

Lenguaje y comunicación en Wittgenstein

De Wittgestein a Nietzsche

Definir es limitar

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