Fisioterapia, Mentalidad, Movimiento, Salud

Lo que no te mata, te hace más fuerte

¿Has pensado alguna vez por qué no te gusta hacer ejercicio?

Si lo piensas, el ejercicio es, a corto plazo, nocivo para el organismo, pues genera estrés, destruye músculo, degenera el hueso.

Es por ello que nuestro organismo lo rechaza, y nos pide quedarnos en la cama todo el día (especialmente en días de lluvia como los que nos tocan ahora).

No obstante, a largo plazo las adaptaciones que genera el entrenamiento (aumento de masa muscular y densidad ósea, mejora de la condición cardiovascular, mejor humor por liberación de endorfinas, y en general una mayor y mejor calidad de vida) superan con creces a estas alteraciones puntuales.

Esto se debe a un concepto que, en medicina, se denomina Hormesis, y que hace referencia a la habilidad que tiene un organismo de sobrecompensar un estímulo negativo.

Entrenamiento, volumen mínimo efectivo (VME) y sobreentrenamiento.

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En el entrenamiento, el VME es el estímulo a partir del cual se generan adaptaciones en el organismo, como la ganancia de masa muscular, mejora de la composición ósea y mejora de la fuerza.

Un entrenamiento podría considerarse, desde la perspectiva de la hormesis, como un «veneno«, ya que es un estresor del organismo que va a producir modificaciones en el mismo, y le va a exigir trabajar para compensar dichas modificaciones.
(Esta es la razón por la que no nos suele gustar hacer ejercicio, al menos de primeras, ya que el organismo considera éste un estímulo nocivo).

No obstante, y superado un determinado umbral, las adaptaciones que se producen son superiores a los efectos del estrés en el organismo, generando mejoras a largo plazo derivadas de esa ganancia de masa muscular y fuerza, así como la liberación de antioxidantes y endorfinas que mejoran la salud general.

Éste sería el punto superior de la gráfica, con un Volumen Máximo adaptativo, y es cerca del cual deberíamos mantenernos a la hora de entrenar.

Este volumen nos hará más resistentes a las cargas futuras, mejorando nuestra capacidad de soportar cada vez más estímulos.

Hay que tener en cuenta que movernos cerca de este volumen máximo generará las mayores adaptaciones, pero también nos pondrá más en riesgo a la hora de lesionarnos y provocar un sobreentrenamiento.

Éste se refiere a la pérdida de funciones que deriva de un exceso de estrés durante el entrenamiento, que nos va a llevar a un punto inicial o incluso peor del que partimos al inicio del entrenamiento.

La importancia de la hormesis y el equilibrio Carga – Tolerancia

Con todo lo descrito anteriormente, y aplicándolo a la práctica clínica, podemos tener claro que la hormesis es un concepto muy importante y a tener en cuenta a la hora de tratar a nuestros pacientes.

En este sentido, la carga a la que sometamos a los tejidos va a determinar las adaptaciones que se produzcan en éstos, y va a mejorar (o no), la tolerancia a largo plazo de las estructuras entrenadas.

A la hora de prescribir cualquier ejercicio, debemos tener claro conceptos como el VME y el VMA, de modo que podamos adaptar un programa de ejercicio que permita mejorar a nuestros pacientes.

La hormesis en psicología. Antifragilidad

Esta hormesis, como vemos, puede aplicarse al entrenamiento, pero también a otras esferas de la vida.

En relación a esto, el matemático Nassim Taleb escribió un libro llamado“Antifrágil”, en el que desarrolló este concepto que, en muchos sentidos, es similar al de hormesis.

El concepto “antifragil” hace referencia a la capacidad que tiene un organismo de, ante un estimulo determinado, no romperse y, además, ser capaz de volverse aún más fuerte.

En su libro, Taleb lo desarrolla como un concepto que va más allá de la robustez, ya que algo robusto aguanta bien los golpes pero no varía.

Un sistema antifrágil aprende de los golpes, y se hace más resistente a medida que estos golpes van llegando.
Además, tiene en cuenta que la incertidumbre es algo imposible de evitar en la vida, y que debemos adaptarnos a ella y ser capaces de superarla.

Es un concepto interesante a aplicar en todos los ámbitos de la vida, y algo que debemos tener claro que sucede en la gran mayoría de los casos.

Al final, el ser humano no avanza en línea recta, sino que sigue un camino por el que va aprendiendo a base de caerse y levantarse.

Lo importante de caerte es que, cuando lo haces, aprendes por qué pasó, y evitas cometer de nuevo esos errores. Y si, por un casual, lo vuelves a cometer, ya conoces esa sensación, y no la evitas.

No tener ese miedo es una gran ventaja, porque te llevará a explorar de nuevo esa zona en la que no te sentías agusto, y te verás más suelto en situaciones que antes no dominabas.

Y así, sin darte cuenta, habrás aprendido algo nuevo y serás mejor de lo que fuiste cuando empezaste, y tus miedos no te dejaron actuar.

Y así es como funciona la hormesis: Te deja grogui, pero no te mata. Y, si eres capaz de superar el golpe, sales más fuerte y resistente a futuros golpes.

Así, debemos intentar mejorar nuestra tolerancia a la adversidad, volviéndonos antifrágiles y aceptando que las cosas malas pueden convertirse en un estímulo óptimo con el que mejorar en muchas facetas de la vida.

Lo importante no es salir de la zona de comfort, sino ampliarla.

Como conclusión, solo recordarte que hay que intentar que, en todos los aspectos de tu vida, la antifragilidad sea un eje central, y no te rindas ante los problemas.
Recuerda: Lo que no te mata, te hace más fuerte.

Si un problema tiene solución, ¿por qué te preocupas?
Y si no la tiene, ¿por qué te preocupas?

Gracias por leer hasta aquí, nos vemos en el próximo post.

Un abrazo y, como siempre, ¡muévete mucho!