Fisioterapia

Quédate en casa. Una estrategia cobarde frente al Covid.

El Covid19 apareció en China en diciembre de 2019, y desde entonces ha copado todas las informaciones y estrategias políticas en el mundo. 
Como ya sabréis, es un virus muy contagioso, desconocido en gran parte, y que ha dado lugar a un periodo de gran inseguridad y de miedo, llegando a paralizar las economías mundiales y encerrándonos en casa como medida preventiva para evitar su expansión. 

Su transmisión se da a través de partículas en suspensión  que se transmiten por el aire. Debido a esto, las estrategias de distancia social, uso de mascarilla y ventilación son esenciales para su contención. 
Esto ha hecho que durante los últimos meses se hayan cancelado eventos masivos, como conciertos y partidos de fútbol, así como bodas, comuniones y otros eventos familiares.

Con todo, es importante recordar que, aunque parece que al mundo ya no le importa, existen enfermedades que siguen causando muerte por todo el mundo, y que el Covid no debería alejar estas enfermedades del foco público. 

No obstante, debido al interés de políticos y poderosos, el COVID ha pasado a primer plano, y parece que seguirá en el foco durante al menos el próximo año. 

Es por ello que, desde aquí, me gustaría hablar un poco sobre cómo el miedo nos maneja, y cómo estos poderosos utilizan nuestro miedo para tenernos controlados. 

Antes de comenzar el post, querría recalcar que  las medidas preventivas son indispensables, y es nuestra responsabilidad actuar con decencia, utilizando mascarilla en espacios cerrados y evitar aglomeraciones. 
Es algo importante, ya que ante una enfermedad desconocida y con tantas aristas, toda prevención es bienvenida. 

Por otro lado, no quiero alentar a que la gente salga sin mascarilla, ni a la celebración de eventos masivos, así como tampoco niego la gravedad de la situación y lo complicado  de su manejo por parte de todos, ciudadanos y políticos.
Tengo claro que la situación en hospitales y residencias (donde trabajé entre marzo y agosto), ha sido crítica y está complicándose por momentos.
No voy a negar la mayor, porque sería absurdo y no es el objetivo de este post. Así que, si piensas en algún momento que niego la gravedad del tema, o lo duro de la situación, te recomiendo que cierres el post y no leas más, porque no nos vamos a entender.

Si sigues aquí, te diré mi opinión sincera.

La situación es grave, pero no podemos dejarnos dominar por el miedo a lo desconocido, y ni mucho menos renunciar a nuestra vida y libertad presente por ese miedo. 

Hay que tener en cuenta que la estrategia de encerrarnos, de no salir más que para comprar lo básico (como en marzo), es algo que puede tener sentido en épocas de crisis agudas, como la que se vivió en los hospitales durante los peores meses de la pandemia. 

Sin embargo, a día de hoy poco sentido tiene seguir utilizando las estrategias que, si bien ayudaron a mitigar la presión en los hospitales, hoy nos han vuelto a situar entre los países que peor han gestionado la crisis y la vuelta a la “nueva normalidad”. 

El miedo solo es una buena estrategia para el que tiene el poder de provocártelo. 

Y es que encerrarse no sirve de nada si, por otro lado, no se promueven actividades saludables que ayuden a evitar secuelas graves del coronavirus (esto es, mejorar el sistema inmune, mejorar la capacidad cardiopulmonar, evitar el sobrepeso y la inflamación de bajo grado). 
Actividades que, por otro lado, son baratas y seguras, como lo es hacer ejercicio tanto al aire libre, como en espacios interiores y bien ventilados (los contagios en gimnasios de España son solo el 0,28%, según FNEID). 

Y es que aquí está la clave. Porque puedes encerrarte, puedes vivir asustado y preocupado por lo que se vive en los hospitales, pero necesitas proponer alternativas reales al encierro, ir más allá del corto plazo que supone encerrarse y no vivir hasta que bajen las hospitalizaciones y los infectados.

En lugar de esto, se fomenta el terror a la situación, se alimenta la incertidumbre, y se culpabiliza a colectivos (“los jóvenes”, “los núcleos familiares”, “los empresarios”) para depurar responsabilidades y seguir con esta estrategia que tan mal resultado está trayendo. 

Y es que hay que dejarlo claro: encerrarte no sirve si, una vez sales, lo haces con un sistema inmune pobre  y una forma física deteriorada. 

Algunos me dirán que quién soy yo para hablar, que no trabajo en un hospital y no sé lo que está pasando. También que, si todos los países lo hacen mal, por algo será. 
A este respecto, solo decir que yo voy a seguir protestando mientras veo que las estrategias adoptadas son una huida hacia adelante, y no una apuesta valiente por la responsabilidad y la salud publica. 

Mi objetivo con este post es que la gente que me lea deje de tener miedo, o al menos lo reduzca, y sea valiente para salir a la calle a pasear y ejercitarse, así como seguir manteniendo relaciones interpersonales dentro de los limites permitidos por el propio virus (esto es, con mascarilla y distancia social siempre que se pueda). 
Y no me malinterpretéis, con mis palabras no quiero fomentar los botellones, ni las fiestas, sino recalcar la necesidad de mantener una vida activa y socializar para evitar problemas de salud pública a largo plazo.
Creo que hay que fomentar más mensajes de responsabilidad, y menos mensajes de culpa. Hay que ser más valientes y tener menos miedo.

Por otro lado, pedir responsabilidades es una obligación cuando los que están cobrando por solucionar este problema eluden sus obligaciones y se escudan en el “no sabemos lo que hay”. 

Mas cuando ya han pasado varios meses, y se ha visto que hay estrategias más sensatas y valientes que el encierro colectivo. 

En ese sentido, creo que es importante seguir alzando la voz contra la mala praxis de medios y políticos, teniendo siempre en cuenta que tu capacidad de cambiar su forma de hacer es mínima

Y es que, me temo, esto que digo de poco servirá, y volveremos a encerrar a los ancianos en sus habitaciones, a dejar a los niños sin escuelas ni parques, y a la población sin gimnasios. 
Bajaremos las cifras de COVID, mientras la depresión, la diabetes, y las enfermedades cardiovasculares se dispararán.
 


No obstante, si estas palabras sirven para que una sola persona deje de tener miedo de salir a la calle, y de ver a un amigo y moverse un poco, me daré por satisfecho. 


”Aquel que vive con miedo, muere un poco cada día.”


En unos años habrá que evaluar las secuelas que el confinamiento, y no el Covid, han dejado en la sociedad y en la salud pública. 
Y espero que cuando llegue ese día caigan los responsables de la gestión de esta situación.

Mientras, solo agradecerte que hayas llegado hasta aquí, y te animo a que sigas moviéndote y relacionándote, con responsabilidad y sin culpa. No dejes que el miedo domine tu vida. 

¡muévete mucho!