Dolor, Fisioterapia, Lesión, Salud

Ser buena persona, ser buen fisioterapeuta

¿Puede alguien que no es buena persona ser un buen fisioterapeuta? ¿Hasta qué punto influye nuestra empatía y nuestras maneras en el tratamiento?

Hace tiempo que vengo preguntándome: ¿Qué es el éxito en fisioterapia? ¿Cómo podríamos medir la capacidad que un terapeuta tiene de «triunfar» en sus tratamientos? ¿Puede un fisioterapeuta triunfar si no es una buena persona?


En muchas ocasiones he conocido a gente que fue a un fisio que le arregló todos sus problemas de manera casi milagrosa. Un crujido y ¡pum!, curado.


En estos casos siempre intento ser crítico, aunque sin cuestionar demasiado los abordajes (considero que, si al paciente le funcionó, no debo interferir ni confrontar directamente esa creencia).


No obstante, siempre me entra la duda… ¿por qué con unos pacientes ciertas técnicas funcionan tan bien, y en otros parecen no tener efectos?


Y esta duda que yo tengo, la han planteado en muchos estudios diferentes, donde se habla de los efectos del masaje como placebo.


¿Quiere esto decir que el masaje, u otras técnicas que han sido comparadas con placebo, con resultados similares, no sirven de nada?

Ni mucho menos.


No podemos descartar el poder de ese efecto placebo. Pero debemos ir más allá.


Esto quiere decir que sí, la terapia manual, la punción, los estiramientos, pueden tener efectos medibles en la percepción del dolor, pero debemos valorar otros elementos que influyen en la mejoría de muchos de nuestros pacientes.


Antes de continuar, quisiera aclarar que este artículo hace referencia a casos leves, donde el dolor se presenta de forma aguda o no está asociado a patologías graves. Debemos descartar las llamadas banderas rojas (cáncer, fracturas, enfermedades infecciosas, y otras) antes de hablar de aplicar o no terapia.


Dicho esto, comencemos.

Iatrogenia, un mal endémico

Iatrogénico es un daño a la salud de una persona, causado o provocado por un acto médico involuntario. Se deriva de la palabra iatrogénesis que tiene por significado literal ‘provocado por el médico o sanador’ (en griego iatros significa ‘médico’ y génesis: ‘crear’).


La intervención excesiva en procesos patológicos es un mal endémico que se da en el campo de la salud, y afecta a todos los profesionales, desde médicos y enfermeros, a fisioterapeutas.


En este sentido, hay varias intervenciones que destacan sobre las demás, como pueden ser:

– Realizar pruebas de imagen ante casi cualquier lesión (¿radiografía en un esguince?)

– Prescribir antiinflamatorios al mínimo signo de dolor

Inmovilizar. Ya hablé de los peligros y de lo absurdo de las inmovilizaciones en este post.

– Se busca eliminar el dolor mediante intervenciones centradas en el tejido, y alejadas de la educación y el ejercicio.

– Se suele fragilizar a los pacientes con mensajes como: Este tejido está fatal, no te dobles porque tienes el disco salido, no tengas malas posturas o te dolerá la espalda.


Por otro lado, muchos mensajes e intervenciones en fisioterapia tienen también efectos negativos en la recuperación del paciente, y si no somos capaces de reconocerlos, estaremos dejando a un lado la salud general del paciente para colocar nuestro ego por delante.

El ego es el problema

Cuando hago referencia «al ego» en fisioterapia, lo hago pensando en compañeros que, ante cualquier lesión, intentan aplicar la última técnica o el último estudio que han leído, y dejan de lado a la persona que tienen delante, convirtiéndola en un «sujeto» sobre el que realizar una determinada intervención.

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A veces se nos olvida que el paciente no es un coche. Lo colocamos en la camilla y le aplicamos técnicas sin mucho conocimiento de cuál es su efecto ni si serán útiles para él.


Y se nos olvida que, detrás del dolor de la persona, hay muchos condicionantes que van más allá del tejido, y que muchas veces el paciente va a mejorar hagas lo que hagas (recuerdo que esto no se aplica a todos los casos, pero sí a los más comunes).


De este modo, muchas técnicas rimbombantes no van a tener efectos superiores a técnicas y abordajes más sencillos, más «clásicos».


Y es que, a veces, el paciente prefiere que le des un masaje mientras hablas con él, que le realices 5 punciones dolorosas que puedan alterar la fisiología de su tendón.


Y es importante saber que estas técnicas pueden ser útiles, pero no lo serán si no las aplicamos con un razonamiento previo, y conociendo a nuestro paciente, sus preferencias y preocupaciones.

A veces, es mejor «no hacer nada»

Puede sonar paradógico, pero a veces la mejor intervención es no hacer «nada». Esto es, no aplicar tantas técnicas, y hablar más con nuestros pacientes.


De este modo, podremos descubrir cuáles son sus hábitos, sus preocupaciones, sus rutinas y sus expectativas del tratamiento. También podremos saber cómo influye el dolor en su día a día, y el grado de discapacidad que le produce.


Este conocimiento no es, literalmente, «no hacer nada», ya que implica un esfuerzo y una dedicación (de tiempo, principalmente) para conocer mejor a tu paciente, y saber qué es lo que mejor puede venirle a la hora de tratarle.


Así, habrá pacientes que, con solo escucharles y hablarles de su problema, se tranquilizarán y mejorarán sus síntomas. Otros te harán ver la necesidad de aplicar una técnica específica («Pues con las agujas me fue muy bien» o «No me gusta que me crujan»).

Con toda esa información, podrás crear una mejor alianza terapeútica y tener algo más de seguridad en que tu tratamiento será efectivo.

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Muchas veces conocer a una persona será más importante que aplicarle miles de técnicas

La importancia de ser buena persona

Y aquí es donde, por fin, damos respuesta a la pregunta inicial:
¿Podemos ser buenos fisioterapeutas si no somos buenas personas?


Bueno, creo que el éxito de muchos tratamientos se puede explicar por el curso natural de la enfermedad, y un paciente mejora en muchos casos aunque no intervengamos (como vengo exponiendo).

En ese sentido, si tu éxito se mide en pacientes «curados», puedes tener claro que no importa el tipo de persona que seas, pues simplemente aplicando técnicas y «reparando» tejidos podrás tener éxito.


En mi opinión, totalmente personal, creo indispensable ser una buena persona para conseguir aliviar el dolor, y mejorar la vida de las personas.

No creo que sirva de mucho quitar el dolor si, después de ir a tu clínica, el paciente sigue haciendo lo mismo que le trajo a ti la primera vez.


Cambiar la mentalidad, los hábitos, y la vida de las personas, con el objetivo de tener una mejor salud, me parece un éxito mucho mayor que el simple alivio del dolor.

Es por esto que creo muy necesario seguir formándome en el manejo de las personas, y no solo en el abordaje de las patologías.

Y es por ello también que me gusta tanto escribir artículos como este, y seguir investigando sobre la psicología que hay detrás de todas las lesiones.


Espero que se entienda bien mi punto, y que podamos ir cambiando nuestro abordaje terapéutico, sin dejar de lado los tejidos y los abordajes más «médicos» cuando sea necesario (al fin y al cabo, muchas lesiones necesitan curación «real«, ya que implican daños en los tejidos).


Podría tirarme horas hablando sobre esto, pero de momento lo dejaré aquí. Espero que te haya gustado, y que me compartas tu opinión sobre este tema.


Te mando un abrazo fuerte, y te recuerdo: #MueveteMucho


Referencias:


Efecto placebo de la terapia manual: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3172952/


Buen pronóstico sin intervención médica: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/7747232/


Importancia de conocer las expectativas del paciente para el éxito del tratamiento: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3132352/#:~:text=Some%20of%20the%20general%20expectations,show%20care%2Fconcern%2Fcompassion%20and


Alianza terapeútica: https://www.physiopedia.com/Therapeutic_Alliance

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