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Fisioterapia, Fisiolosofia, Mentalidad, Podcast, Salud

¿Conoces el término infoxicación? ¿Y la paradoja de la elección? ¿Sabes cómo lidiar con estos términos?

Si alguna vez te has sentido agobiado por todo lo que ves en redes sociales, o por tu incapacidad para decidir qué sabor de helado prefieres, sigue leyendo, porque en el post de hoy te explicaré qué puede estar pasando y cómo puedes solucionarlo.


Por naturaleza, soy una persona curiosa, y eso me lleva a estar en constante búsqueda de nuevos estímulos. Esta búsqueda a veces se vuelve en mi contra, porque me produce cierta ansiedad observar cuánto me queda aún por aprender, y me asusta no ser nunca capaz de ser tan hábil como algunos de mis compañeros o amigos. 


Me pasa, por ejemplo, cuando empiezo a interesarme por un tema, y abro 10 o 15 paginas con artículos de diferente índole, haciendo que muchas veces se queden en el limbo y nunca llegue a leerlos.
Me saturo e incluso asusto por todo lo que me queda por aprender e intentar.


También me pasa al ver a algunos compañeros  que tienen éxito, aparentemente, y esto me hace por momentos sentirme inferior


Creo que esto es algo que a muchos nos puede pasar, y querría hacer ver a la gente que ese sentimiento es normal, pero que debemos evitar que nos domine.


Muchas veces es nuestra inseguridad la que habla, y culpamos a otros de algo que podemos intentar controlar por nosotros mismos.


Así, nadie tiene la culpa de que le vaya bien, en todo caso tú debes intentar evitar que eso provoque sentimientos negativos en ti.


Es un tema muy personal, y entiendo que cada uno lo gestionará como pueda. Yo hoy traigo mi vivencia personal, y si te sirve, házmelo saber.
Me encanta saber que lo que digo / escribo sirve a alguien más que a mi mismo. 


Por ello, y antes de continuar, quería agradecer a todos los que me leen y escuchan en mi podcast, porque me dan fuerza para seguir haciéndolo. Sin vosotros no tendría sentido nada de esto.


Infoxicación y la paradoja de la elección: una relación tóxica. 


Como cualquier otro sentimiento, sentirse inferior al compararse con alguien es a veces inevitable


Si tenemos en cuenta el contexto donde se desarrolla nuestra vida, donde las redes sociales nos bombardean con información constantemente, donde nadie muestra su lado débil, y todos son felices y fuertes ante la cámara, es normal que perdamos la perspectiva, y nos cueste a veces centrar el foco entre tantos estímulos, como si condujéramos entre tinieblas. 


Esta niebla que se produce por exceso de información, es lo que se conoce como “Infoxicación”, y no es otra cosa que el sentimiento de estar saturado por recibir información que no creemos capaces de manejar. 


Es uno de los sentimientos que, analizando mi vida, más han marcado mi forma de actuar, y es por tanto uno de los que trato de controlar en mi día a día. Hoy me aplico un principio que escuché hace tiempo a Marcos Vázquez (recurrente en mis oídos y lecturas):

”Si tras pasar 20´en redes te sientes peor, revisa a quien sigues y empieza a cambiarlo”

Marcos Vázquez, Fitness Revolucionario.


Y es que no podemos olvidarlo: Las redes son una herramienta útil, pero pueden tener un lado peligroso si no sabemos usarlas.


No obstante, y dentro de lo que podemos controlar, revisar el tiempo que pasamos conectados, así como el contenido que aparece en nuestra feed, y cómo nos hace sentir, puede ser un primer paso para evitar la infoxicación.


Este último punto es importante, porque nadie tiene la culpa de cómo te sientes por lo que ves en tu móvil.


Esto es, la gente tiene derecho a mostrar sus logros, a presumir incluso. Y no por ello tú tienes derecho a envidiarles o tener sentimientos negativos hacia ellos. Por otro lado, quería relacionar dos conceptos que, en mi opinión, están muy ligados el uno al otro: estos son la propia  “infoxicación”, y la paradoja de la elección. 


La paradoja de la elección nos habla de la dificultad de elección que se presenta al encontrarnos con muchas opciones entre las que escoger, en comparación a escoger entre menos posibilidades. 


Y es que hay estudios en los que se observó la reacción de las personas al ser sometidas a una elección determinada, con un número mayor o menor de opciones.


Así, aquellos que tenían un número menor de posibilidades, elegían con más seguridad y con menos culpa, mientras que los que tenían muchas opciones  eligieron sin estar muy seguros, e incluso algunos no pudieron decidirse o lo hicieron con sentimiento de culpa. 


En estos últimos, se produjeron cuatro procesos que hoy se estudian en  psicología:


1.Parálisis por análisis: El hecho de tener que elegir entre tantas opciones puede llegar a paralizarnos ante el esfuerzo que supone elegir una única opción entre muchas.


2.Coste de oportunidad: Aún cuando ya hemos elegido, nos podemos torturar pensando que habría pasado si escogiéramos alguna de las opciones descartadas. De este modo, no estamos conformes con nuestra elección final. 


3. Aumento de las expectativas: Cuando hemos elegido algo, nos parece poco y buscamos más opciones fuera de lo que ya hemos conseguido. 


4. Autoculpa: Con todo lo anterior, en ocasiones tenemos miedo y acabamos desechando las opciones. Debido a esto, nos culpamos por no ser capaces de elegir y no resolver los problemas por nosotros mismos.

Debido a todo lo anterior, la infoxicación y la paradoja de la elección se complementan, haciéndose una a otra cada vez más poderosas: Vivimos en un mundo lleno de estimulos, de opciones, donde el exceso de información nos lleva a bloquearnos a la hora de tomar una determinada decisión. 


¿Cómo lidias con la infoxicación? 


Vale, una vez explicado todo lo anterior, sería interesante que explicara qué hago yo para lidiar con la infoxicación, si es que lo hago. Como he dicho anteriormente, aún hay momentos en los que me siento ansioso por lo que veo en redes sociales, y me bloqueo ante la cantidad de personas que veo y todo lo que son capaces de exponer sin aparente esfuerzo.Pero cuando esto pasa, y antes de evitar compararme o sentirme inferior, paso por varias fases:

Valora el trabajo de los demás, no lo envidies

La admiración sincera por aquellos que están donde a ti te gustaría, tomándolos como ejemplo de cómo llevar tu vida, es un sentimiento mucho más positivo que la envidia. 


Además, te llevará más lejos, e incluso puede acercarte a aquellas personas a las que tanto admiras. 


Ten en cuenta que estas personas son humanos, como tu y como yo, y sus vidas no difieren en tanto de la tuya. 


Seguramente, y eso no lo podemos negar, ellos dedican muchas mas horas que tu a hacer aquello por lo que son conocidos, y en lo que son tan buenos.


Quizá deberías empezar a aplicarte más, imitar su forma de trabajo, y dejar de envidiar todo el éxito que tienen. Recuerda, nada que merezca la pena se consigue sin esfuerzo. Por otro lado no seas tonto, y aprovecha su esfuerzo. Seguro que puedes aprender mucho de lo que otros han construido, y usarlo para crear tu propio camino. 


No dudes en seguir a los referentes de tu campo, en comprar libros o formaciones impartidas por aquellos que son expertos en una materia.


Y no te sientas mal por lo que otros han conseguido, simplemente sigue construyendo sobre la base que ellos ya han creado.

Compárate con quien eras ayer, no con quien alguien más es hoy 

En línea con lo anterior, este principio, desarrollado por Jordan Peterson en su libro 12 reglas para la vida, me parece indispensable para ser capaz de valorarte a ti mismo y todo lo que estas consiguiendo. 


Las comparaciones debilitan y, como he dicho antes, no aportan nada positivo. 

Un truco para llevar a cabo esto, es llevar un diario. En él, puedes anotar qué progresos has hecho durante el día, qué cosas no hiciste bien, y qué cosas vas a mejorar para mañana. De este modo, podrás leer lo que tu yo de hace unos meses hacía, y serás capaz de observar con perspectiva todos los progresos que estás llevando a cabo. 


Por otro lado, no te castigues si no has conseguido lo que pretendías con tu diario, si no has cumplido una meta o vas retrasado con algún punto. Nada en la vida es fijo, y todo fluye. También los horarios, los planes, y no nos queda más que adaptarnos a ello. El cambio es inevitable, y las caídas no son más que otro peldaño en la escalera hacia el éxito.Sigue construyendo y luchando por lo que quieres conseguir, y no te pares a lamentarte. Nada se consigue quejándose. 

«La única constante de la vida es el cambio».

Heráclito

Sé humilde, pero no te castigues

Por último, y dejándome muchas cosas en el camino, creo que es importante remarcar la necesidad de ser humilde en todo lo que hagamos.


No tengas miedo de pedir ayuda cuando lo necesites, y admitir que no sabes algo.
Admitir que no sabes por dónde ir, es el primer paso para avanzar.


Las mejores personas que puedes encontrar en tu camino serán aquellas que te ayuden a encontrar tu propio camino, sin pedirte nada a cambio.


Y solo las encontrarás si eres capaz de preguntar, sin miedo, por la ruta adecuada. Aunque para eso es importante que sepas, aunque sea levemente, a dónde quieres llegar, como le dijo el gato a Alicia* (aunque eso es un tema para otro post)  


Por otro lado, ten en cuenta tu papel en todo este mundo de información, e intenta siempre aportar en positivo a los que te rodean.


Algo que procuro siempre, es demostrar al mundo que me puedo caer, que puedo fallar, y que no pasa nada.
Si bien en mis redes muchas veces me puedes ver, por ejemplo, haciendo trucos de calistenia como el pino, no pretendo con ello demostrar que soy mejor que nadie.


Muy al contrario, y desde aquí reafirmo este mensaje, quiero demostrar que una persona como yo, que nunca ha sido especialmente atlética, puede conseguir cosas con sus ganas y con un propósito claro.


Y, por otro lado, dejo muy claro que no soy el mejor haciendo nada, ni lo pretendo. Solo soy un humano que intenta cada día ser un 1% mejor que el día anterior en lo que pueda (ya sea entrenando, escuchando a otras personas, siendo más paciente…).


Hay muchas cosas que puedes aprender cada día, no dejes de explorar todos los campos.


Probablemente puedas pensar que lo que haces es poca cosa, o que lo que he conseguido puede no parecer un gran logro.


Pero no me importa. Voy a seguir haciéndolo hasta que las fuerzas me aguanten. Porque sé que solo así me sentiré a gusto conmigo mismo, y porque sé que no me tengo que comparar con nadie, salvo conmigo mismo.

“¿Te importaría decirme, por favor, qué camino debo tomar desde aquí?
-Eso depende en gran medida de adónde quieres ir, -dijo el Gato.
-¡No me importa mucho adónde…! –dijo Alicia.
-Entonces, da igual la dirección –dijo el Gato. Añadiendo: 
Ten la seguridad de que llegarás, sobre todo si caminas bastante,  ¡Nadie camina la vida sin haber pisado en falso muchas veces!»

Fragmento de Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll

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Fisioterapia, Fisiolosofia, Mentalidad, Movimiento, Podcast, Salud

La primera ley de Newton, o ley de la inercia, establece que todo cuerpo persevera su estado de reposo o movimiento uniforme y en la misma dirección y velocidad, a no ser que sea obligado a cambiar su estado por fuerzas impresas sobre él.

Podemos tomar como base esta ley de la inercia para entender por qué muchas veces el esfuerzo más duro y más importante que podemos realizar es dar el primer paso, pues el resto vendrán como resultado de la inercia.

Esto no implica que dar un paso sea sencillo, pues hay muchas fuerzas que debemos vencer para ir más allá, aunque quizá sí sea importante entender la necesidad de dar ese primer paso para, posteriormente, dejarnos llevar y avanzar de forma más sencilla.

Hoy quería trasladar esto al entrenamiento, e intentar explicar por qué nos cuesta tanto hacer ejercicio cuando aún no hemos empezado a ponernos en forma, y por qué en cambio acabamos siendo casi dependientes de él cuando ya llevamos tiempo entrenando y estamos más en forma.

Esto parece lógico, pero es importante entenderlo para vencer el miedo a la incomodidad y la tentación a quedarnos parados.

«No entrenes para ponerte fuerte, entrena para ser fuerte»

 

Beneficios del ejercicio:

 

Antes de empezar, es importante conocer que el ejercicio físico tiene innumerables beneficios en todas las esferas, biológica, psicológica, y social.

Hacer ejercicio va más allá de ponerse fuerte, ya que es un estímulo para que nuestro cuerpo se adapte a la carga, se haga más fuerte y obtenga una mejor salud general.

Entre los muchos beneficios del ejercicio, se encuentran:

  1. Menor riesgo de muerte en todas las causas

  2. Menor fragilidad (especialmente importante en ancianos)

  3. Mejor salud cardiorespiratoria y pulmonar

  4. Pérdida de peso

  5. Mejor salud muscular y ósea

  6. Mejora de la salud mental (menor incidencia de depresión y estrés)

  7. Retrasa la oxidación de tejidos y el envejecimiento

     

Como vemos, hay muchos y variados beneficios que podemos obtener del ejercicio, y creo que es algo que debemos tener muy presente como sanitarios. 

Hacer ejercicio 30 min/ día y mantenerse activos (andar, subir escaleras, sacar al perro) es la mejor pastilla para tener una vida larga y saludable.

 

Dar un paso es el primer paso:

Al principio de mi post, he venido a referenciar la ley de la inercia de Newton, y lo quería relacionar con el ejercicio desde la perspectiva de que, una vez comencemos una dinámica con el ejercicio, será muy difícil salir de ella (aunque no imposible).

Del mismo modo que nos cuesta salir del sofá y ponernos a hacer sentadillas, nos va a ser difícil abandonar un hábito de ejercicio y estar más de dos días sin entrenar o movernos.

Para mucha gente esto suena muy loco, pues asocian el entrenamiento a pesos y gimnasios, y la actividad física a ir 3 horas al gimnasio.

Debemos entender que el ejercicio va más allá del levantamiento de pesas, y que entrenar fuerza no requiere equipamientos ni altas inversiones de tiempo y dinero.

Lo mejor que puedes hacer si quieres empezar a ejercitarte, o a entrenar a alguien si eres sanitario, es recomendarle ejercicios de unos 15-20´, que además estén relacionados con sus actividades de la vida diaria y que sean fáciles de implementar.

Ten en cuenta que la carga de un ejercicio no viene determinada (solo) por el peso externo añadido, sino por otros muchos factores como la dificultad y lo novedoso del ejercicio.

Una vez comiencen a adherirse a ese entrenamiento, por propia inercia, comenzarán a activarse más a menudo, y acabarán demandando trabajos menos «funcionales» y con mayor carga para sentir que están trabajando a los mismos niveles que cuando empezaron.

Empezar es más fácil de lo que piensas

Con respecto a este último punto, me quiero centrar en ejercicios que podemos hacer en nuestro día a día, y que no requieren una gran inversión de tiempo ni espacio para realizarlos.

Los ejercicios con peso corporal son una buena manera de empezar, ya que no requieren equipamiento y con ellos movilizamos bastantes zonas de nuestro cuerpo.

Los más básicos son las sentadillas, las flexiones, y las dominadas (Estas últimas sí requieren equipamiento). 

No obstante, también podemos incluir en nuestra rutina estiramientos, posiciones clásicas de yoga, o el mero hecho de salir a dar un paseo 20´.

Y es que, muchas veces, nuestros pacientes encuentran la dificultad no tanto en hacer ejercicios, sino en entender qué ejercicios deben hacer.

De este modo seremos nosotros, los profesionales, quienes debemos guiarles hacia una rutina sencilla que puedan ir incorporando progresivamente.

Un ejemplo que suelo usar en los pacientes más sedentarios es:

  1. Sentadillas. Hacer sereis de 20 repeticiones cada hora que estén sentados. Si pueden, que se pongan una alarma.

  2. Flexiones. Realizarlas 3 veces al día, tantas como puedan.

  3. Andar mínimo 20´al día. No me gusta que se midan los pasos, pero esto serían unos 6000. Queda lejos de la recomendación clásica de 10.000, pero como digo es para pacientes que aún no han empezado a entrenar.

  4. Estiramientos / Yoga al menos una vez en semana.

Dentro de estas pautas de entrenamiento, podemos incluir todo tipo de actividades que al paciente le motiven a moverse, desde jugar al fútbol, ir al parque con sus hijos, o tomar una cerveza en el bar.

Al final, es cuestión de adaptar el ejercicio a la persona, e ir introduciendo poco a poco esas píldoras de movimiento en su rutina diaria.

Entrenar la incomodidad

 

Algo que tenemos que aclarar es que el primer paso del que hablábamos antes no es fácil de dar, y esto muchos pacientes lo van a notar.

Es en esto en lo que muchos abordajes activos fallan, no siendo capaces de encontrar actividades que generen adherencia al ejercicio y que hagan ver al paciente que realmente es efectivo moverse.

Y es que, a muchas personas la incomodidad les asusta. No se sienten seguros de lo que están haciendo, y prefieren no hacerlo antes de afrontar esa incomodidad que viene asociada a realizar una actividad nueva y extenuante, como puede ser el ejercicio.

Pero esta sensación, siendo normal, es también algo absurda, si lo piensas bien.

La incomodidad es tu amiga, y es necesaria para el progreso humano. Si no sintiéramos incomodidad, si constantemente nos quedáramos en lo que nos gusta y nos da placer, no iríamos más allá de nuestros propios límites, no avanzaríamos y nos estancaríamos.

Esto es lo que tienes que tener claro cuando empieces a ejercitarte: No va a ser fácil, tu cuerpo va a luchar contra ello, pero es una necesidad básica si quieres sentir que estás avanzando en la dirección adecuada.

La disciplina será clave en este proceso, ya que te exigirás a ti mismo completar el entrenamiento a pesar de tu pereza. Como dice Marcos Vazquez, de fitness revolucionario:

«Si no tienes ganas de entrenar, entrena sin ganas»

 

Y, una vez que empieces a entrenar, y hayas vencido la fuerza que te atrapaba en tu sofá, será muy difícil sacarte del entrenamiento, pues la inercia actuará en tu favor y estarás más dispuesto a ejercitarte.

El ejercicio te salvará la vida

 

Una vez has superado esa fase de pereza y miedo a la incomodidad, y una vez empieces a sentir las buenas sensaciones que produce el ejercicio, será cuando te des cuenta de que para ti ejercitarte ya no es solo una cuestión de salud o estética, sino una parte indispensable de tu vida.

Aquí voy a hablar de mi experiencia personal, pero creo que aquellos que ya se ejercitan pensarán similar, y me gustaría motivar a los que no lo hacéis a empezar a moveros con el objetivo de alcanzar estas sensaciones de las que voy a hablar.

Para mí, ejercitarse es liberar la mente de malos pensamientos, centrándome durante la hora que dura mi entrenamiento en contraer y desplazar las cargas, sean estas mi cuerpo en calistenia, o un peso en el gimnasio.

Durante esa hora, no siento incomodidad, sino liberación. Nada hay más allá de mi, del peso que tengo que levantar, y de la música que suena en mis cascos mientras me ejercito.

Y, después del ejercicio, la cosa mejora aún más, porque me siento totalmente despejado para afrontar las tareas que he dejado de lado durante esa hora, me siento bien conmigo mismo y mi cuerpo se llena de energía, endorfinas y dopamina.

Y obviamente hay vida más allá del ejercicio, como es estar con la familia, disfrutar de un almuerzo con buena compañía, o salir a tomar una cerveza con un amigo.

Pero tienes que ver, y sentir, que el ejercicio es un complemento a todo esto, pues hace posible que realices todas esas actividades con una mejor salud, mental  y física. Hace que disfrutes aún más de esos momentos, e incluso hace posible que puedas hacerlos con más frecuencia en el futuro, ya que vivirás más años y con mejor calidad.

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